domingo, 2 de junio de 2019

Cuánto dolor calmaste, José




Levitaba. Tenía duende. Y una sonrisa que desbarataba. Era uno de los nuestros. De la Carretera de Utrera. De dónde si no. Era miembro de los Biris Norte. Amaba al Sevilla FC por encima de todo. Como tú. Como yo. Se fue para hacernos grandes, y regresó para alcanzar el cielo juntos. Era diferente al resto. Paradigma de la escuela sevillana. Reyes y diez más. Nada que ver. Un abuso. Impávido, impertérrito, recibía la pelota y buscaba una y otra vez el pase. Ese pase. El de Varsovia. Rehuía de los cánones. Fue lo que quiso ser. Ni más, ni menos. Llenó corazones ansiosos de esperanza con su fútbol e impregnó de alegría Nervión cada vez que acariciaba la pelota. Rozaba el alma. Ya era leyenda antes de irse prematuramente al tercer anillo. Nada volverá a ser como antes, pero todo seguirá igual. Su recuerdo será eterno. 

Cuánto dolor, José. Cuánto dolor calmaste. En los peores días. Tu sola presencia en un terreno de juego alimentaba el ánimo. Ahuyentaba fantasmas. Y concedía treguas. Mis seres queridos más cercanos, quienes padecen mi sevillismo exacerbado, bien saben de lo que hablo. Fuiste medicina a sorbitos. Un respiro en la batalla. Verte fantasear suponía tanto. Me daba tanto. Sin saberlo, o quizá sí, sembrabas ilusión en los tuyos para encarar esta puta vida con fuerza. Tu fútbol era verdad. Tu verdad. Y la de muchos que nos plegamos a tu forma de entender este bendito juego. Cambiaste la historia de la pasión que nos une, pero también la existencia de muchas personas. Y eso vale mucho más que toda la plata que nos diste. Recuérdalo. Allá donde estés. Ilumínanos como cuando acariciabas el balón. 

Me cuesta horrores despedirte por segunda vez. Yo que pensaba que ese trago ya lo saldé hace años. Que todo fuera como aquella vez. Cuánto dolor, José. Cuánto honor en tu legado. Cuántas sonrisas contagiadas. Cuánto fútbol en tus pies. Gracias por tanto. Por hacernos tan felices. Tan dichosos. Por hacernos reventar de orgullo. Pero, sobre todo, gracias por hacernos soñar cada domingo. Por hacernos creer que siempre hay un pasillo más, un camino más, para conseguir tu propósito. Eras magia. Esa media sonrisa te delataba. Lo sabías. Y así te recordaremos. Como el genio que interiorizó su papel y voló libre ignorando los manuales del fútbol. Fuiste el remedio natural a los preceptos impuestos. El sueño de cualquier niño. El deseo por lo desconocido. La irreverencia. El arte y el salero. Fuiste... el Rey de Reyes, José. 

Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt



domingo, 26 de mayo de 2019

Por muchos fracasos más

sevillafc.es


Escuché decir a Woody Allen en una ocasión que "si no fallas de vez en cuando, es que no estás haciendo algo verdaderamente innovador". ¿Somos conscientes del crecimiento sostenido del Sevilla FC en los últimos quince años? ¿De lo difícil que resulta mantenerse entre los más grandes año tras año? Deberíamos acometer una profunda reflexión al respecto. Hemos normalizado la palabra fracaso hasta rozar la frivolidad. Son muchos los que han empleado este término para calificar la recién finalizada temporada del Sevilla FC. La decimoquinta de las últimas dieciséis en la que estaremos en Europa. Empieza a faltarnos espacio en ese mural del Viejo Continente donde marcamos con chinchetas todas las ciudades que hemos visitado. Quizá frustración por la oportunidad perdida. Entiendo, incluso, el sentimiento de decepción después de haber alcanzado la cima y, poco más tarde, caer cuesta abajo y sin frenos. Pero, ¿fracaso? ¿Acaso hemos olvidado el dolor de las lágrimas derramadas cuando descendimos a los infiernos? Quien ha vivido un descenso sabe que nada tiene que ver. Nunca perdamos el norte. Desde luego, si fracasar era esto, que me hagan hueco en este lugar hasta la muerte. 

Se ha convertido ya en un tópico, pero ha sido otro año complicado, en el que se han concatenado un buen puñado circunstancias: tres rondas previas en verano, un cambio de entrenador, lesiones de larga duración... y ahí seguimos. A pesar de las dificultades, con el rumbo enderezado. A velocidad de crucero. Con el capitán de San Fernando de nuevo al mando del barco. En las mejores manos. Y ni siquiera esto garantiza el éxito, mucho menos tocar plata, aunque para algunos ambas cuestiones estén ligadas. Eso es una locura. Se prevé revolución en una plantilla que ha mostrado evidentes carencias, pero que nos ha renovado el pasaporte para viajar por Europa un año más. Podrá saber a poco, pero el tiempo valorará en su justa medida la trayectoria del Sevilla FC. La cuestión es que, muy a menudo, confundimos la exigencia con la realidad, la ambición con la razón y la pretensión con la cordura. Hace veinte años vivir así era impensable. Y eso que el techo de este Club, probablemente, quede más alto aún. Ni en nuestros mejores sueños alcanzamos cotas como las que hemos logrado. Carecemos de perspectiva. ¿Qué es eso en el fútbol, verdad? Convendría recordar que olvidar de dónde venimos, podría suponer repetir, algún día, errores del pasado. Y entonces, sólo entonces, entenderemos la verdadera dimensión de la palabra fracaso. 

Se puede ser crítico con la involución en pocos meses de un equipo con 200 millones de presupuesto -el bajón en el rendimiento del equipo en la segunda vuelta copará horas de análisis y reflexión a los profesionales-, pero otorguemos el valor que corresponde a cada cosa y dictemos sentencia desde un punto de vista más amplio. Ya no se celebran las clasificaciones para Europa en la Puerta de Jerez, y hemos asumido como habitual llegar a una final cada breve espacio de tiempo. No nos engañemos: el gusanillo en el estómago ya no es igual. Es otra sensación. Diferente. Y eso significa mucho. Se ha esfumado ese hormigueo a cambio de sonrisas cómplices con los nuestros. De miradas henchidas de orgullo. De llamadas entre colegas como el que recuerda que el lunes toca volver a la rutina. Como Eindhoven, nada, pero hasta Turín llegamos a creer que los tiempos de plata ya nunca regresarían. Esa fue la clave: insistir. Persistir. Nunca desistir. A veces se necesita tiempo para reencontrarnos, para hacernos fuertes, para armarnos y presentarnos en el momento oportuno con los argumentos necesarios. Pero antes, se debe disfrutar del camino siempre que se pueda y aprender cuando se tuerza. Nadie puede asegurarnos que volvamos a disputar una final, o ni siquiera que estemos cerca de llegar, pero para poder ser hay que estar. Y el Sevilla FC estará. Como siempre últimamente. Mientras apila fracasos, claro...

Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt

martes, 5 de marzo de 2019

Machín, el cielo antes de tiempo

sevillafc.es

Con Pablo Machín parece ocurrir lo siguiente: en las últimas fechas, la frustración y el desánimo se han convertido en el denominador común de los sevillistas cada vez que el Sevilla FC claudica. Vayan por delante tardes como Vigo, Villarreal y, sobre todo, Huesca, punto de inflexión. Días después, con el ritmo cardiaco regulado y el poso de las horas, volvemos a ver el panorama con perspectiva y a poner los pies sobre tierra firme. La realidad deportiva del Club, conforme a números y parámetros globales, mal que nos pese, está más cerca de este momento que vivimos que del espectacular -casi inmaculado- primer tramo de temporada donde el Sevilla FC se instaló en lugares ciertamente impensables. ¿Hay que conformarse con este llamativo declive del equipo? No, pero mucho menos perder la perspectiva. Machín cayó de pie en Nervión. Sensato y escrupuloso en su verbo, moldeó con premura, sorprendente facilidad y conforme a su ideario a la plantilla (con carencias, como todas, por cierto) que le entregaron en sus manos. Apenas le costó implantar su filosofía en el vestuario. Antes ya había convencido a Caparrós. Por qué sería. El nuevo proyecto pedía a gritos un entrenador conocedor de La Liga, alejado de la extravagancia y que recondujera la maltrecha imagen de equipo vulnerable que se había adjudicado por méritos propios la temporada anterior después de perpetrar varios ridículos indescriptibles. 


Quiero decir: Machín es el entrenador ideal para levantar un nuevo proyecto a medio-largo plazo. El argumento es sencillo: ya ha demostrado en diferentes tramos de la temporada que puede maximizar el rendimiento que se le presupone a esta plantilla, se ha ganado al vestuario hasta en las duras y, por encima de todo, tiene la capacidad de sacar el máximo rendimiento de sus futbolistas. Véase Ben Yedder. ¿O quién si no se cercioró de que poniéndolo junto a un delantero referencia como André Silva se convertiría en uno de los mejores atacantes del mercado europeo? Más allá de los resultados, que al final dejan en papel mojado hasta el más irrefutable de los argumentos, la trayectoria de Machín invita a pensar que se levantará de esta. Lleva más de media temporada afrontando con naturalidad una ingente plaga de lesiones que ha asolado al equipo. Y, siendo fieles a la verdad, la injustificable imagen del Sevilla FC lejos de Nervión ha de tratarse como un problema endémico, asociado incluso a cuestiones extradeportivas. Con mirar los resultados fuera de casa en la última década es suficiente. Pero que cada uno aguante su vela. El fútbol ya se ha encargado de demostrar en multitud de ocasiones que cambiar un entrenador a mitad de temporada pocas veces surte el efecto deseado. En la otra parte de la baraja, técnicos como Marcelino (Valencia) o Ávaro Cervera (Cádiz) resistieron hasta dar la razón a los rectores de sus clubes a pesar del clamor popular.

Es evidente que Machín debe dar un giro de tuerca a la situación. Que no tiene un buen porcentaje de responsabilidad en esta crisis sería negar la mayor. Pero estoy convencido de que está capacitado para hacerlo, aunque, en ocasiones, se empecine en proyectar una imagen de irritante inmovilidad. De profundo temor al cambio. Hay indicadores concluyentes de que es un entrenador con altura de miras, preparado y metódico para encabezar este proyecto. Y más si llegase a contar con una plantilla hecha a su medida. Ya demostró en la primera parte contra el Barcelona que, aunque parezca mantenerse inflexible en su idea de colocar tres centrales, guarda soluciones en la chistera. Le falta perderle el respeto al error. Ya lo hizo en septiembre cuando pasó a jugar con dos puntas. Lo volverá a hacer. Porque, insisto, ya lo ha hecho. Personalmente, no creo que le haya llegado pronto la oportunidad, sino que tocó el cielo tan rápido que la tierra ya nos parece poco. Hay que tener paciencia, aunque esto sea como pedirle peras al olmo. Como siempre, y una vez más, una temporada para el Sevilla FC son cinco para el resto de clubes. Siempre se hacen largas. Ocurre de todo. Arriba y abajo, en el césped. Hasta que llega la bendita primavera. Ya advirtió Machín en días de bonanza que llegarían tiempos peores. Pues aquí estamos. Vencidos, pero no vendidos. Sigo pensando que Machín es lo mejor que nos ha pasado desde Emery. Sólo el tiempo dirá. El cielo le queda cerca para regresar. A siete paradas.   


Carlos Sánchez 
Twitter: @cmsanchezt

domingo, 9 de diciembre de 2018

Que no tengamos que perderla...

sevillafc.es

Ando últimamente con la reconfortante sensación de que a este Sevilla FC de Pablo Machín cuesta dios y ayuda tumbarlo. Que si el guion de Mestalla hubiese sido el opuesto -haber llegado al minuto noventa perdiendo por uno a cero-, también les hubiésemos empatado. En el peor de los casos. Pero ando también receloso, porque el exceso de confianza a veces puede llevar a lugares arrasados por la codicia; a rincones donde el olvido es capaz de engullir con extrema virulencia a los más apuestos caballeros. Tengo la convicción absoluta de que este Sevilla FC es ya un equipo con mayúsculas, en su sentido más amplio, desde el primero de los futbolistas hasta el último de los integrantes del cuerpo técnico, pero reconozco abiertamente que me aterra la idea de que nos arrebaten los jueves de primavera a las primeras de cambio. Sin estar preparados. 

Más cuando, si eso ocurre, será por demérito nuestro, por sestear sin escrúpulos lejos de Nervión bajo el manto de nuestra presunta superioridad en las recientes visitas al Viejo Continente. Así de sencillo; así de doloroso. Por suerte, nos queda un último intento para enmendar un error que sería mayúsculo. Cualquier pretexto, hasta el escaso número de guerreros en liza de los que disponemos, sería injustificable. Haber probado las mieles de las élites europeas nunca debería ser razón ni excusa para olvidarnos de lo nuestro. De nuestro gran amor. De la Europa League. Nos apartamos de ella durante un breve espacio de tiempo para dar rienda suelta a nuestra ambición, pero volver a ella, a por ella, nunca debería ser un paso atrás, sino la prolongación de una historia a la que le quedan muchas páginas por escribir. Y la del jueves debe tener final feliz. Sí o sí. Por ella. Por nosotros. 

Tengo pánico de ser apartados del camino de forma despiadada. Inesperada. Es tanto el deseo de llegar lejos con ella, que la incertidumbre se hace insoportable. Nunca debimos llegar a esta situación, pero ya nada se puede hacer. Sólo queda mirar hacia adelante y afrontar el partido del jueves como si del último trago se tratara. Se presenta ante ti, ante mí, ante nosotros, un nuevo llamamiento para demostrarle a Europa que las heridas de nuestro cuerpo están grabadas con el fuego del infierno. Que en el Sánchez-Pizjuán se anima aunque vayamos perdiendo. Porque por más que el Sevilla FC sea un equipo fiable y sólido, es en estas noches cuando se requiere de los Guardianes de Nervión. Porque sin ellos, Sevilla FC, no serías nada. Porque no hay equipo grande sin hinchada a la altura. Cerrad los puños y alentad a los de 'colorao' para que el frío ruso no nos congele el corazón. Que no tengamos que perderla para darle el valor que tiene...

Carlos Sánchez 
Twitter: @cmsanchezt

domingo, 14 de octubre de 2018

Lo nuestro

sevillafc.es

Toca defender lo nuestro. Lo que nos hemos ganado a pulso. Por derecho propio. Tras coquetear durante una semana con las nubes, y después de erguirnos de orgullo al mirar hacia abajo, estamos ante una oportunidad única de hacernos sentir en un escenario practicamente infranqueable. El líder de La Liga visitará el Camp Nou. No, no se preocupen. No han perdido la cabeza. Así es. Se trata de un hecho objetivo, y, por tanto, incuestionable. Suena bien, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad. Nadie en su sano juicio cree a estas alturas que el Sevilla FC pueda o vaya a ganar la Liga, pero nunca dejemos que nos arrebaten lo nuestro. Nada es fruto de la casualidad. Si cuando el Sevilla cayó estrepitosamente contra el Getafe en el Sánchez-Pizjuán se decía que estábamos en el lugar que nos correspondía por juego y sensaciones, ¿por qué ahora no? 

La única posesión que importa en el fútbol -como en la vida- es la de la verdad. La realidad al final aplasta al que intenta desvirtuarla con ilusiones ópticas o globos sonda. El Sevilla FC es el líder de Primera División, con todos sus goles a favor y en contra computados. Ni uno más ni uno menos. Alejémonos de aquellos que viven constantemente buscando coartadas para tapar sus carencias y olvidémonos de los que nos quieren convertir en invisibles. Que son muchos. Sigamos nuestro camino y luchemos. Sí, por lo nuestro. Nadie nos ha regalado nada. Ganar cuatro partidos consecutivos en un campeonato tan igualado tiene un valor incalculable. El liderato puede ser temporal, quien sabe, pero nunca accidental o circunstancial, porque asumirlo sería restarle mérito a la excelente labor de la plantilla y cuerpo técnico y dar alas a los interesados. 

Sí, somos líderes. Díganlo con la boca grande, sin titubeos, aunque les recuerden a menudo que lo somos con la peor puntuación desde hace décadas o porque otros no están al nivel que se les presupone. ¿Y qué? ¿Es que acaso debemos pedir perdón por serlo en ese contexto? Miremos al frente y continuemos nuestro camino. Lo contrario sería contraproducente. Bien lo sabemos: molestamos. Pues molestemos. Salgamos al Camp Nou a plantar nuestra bandera, esa que enarbolamos un 14 de octubre. Hace muchos años que el sevillismo reclama competir en estos escenarios. Es el momento. Tenemos el deber de defender hasta el último segundo nuestra condición. Siempre con humildad, pero sin olvidar que este Sevilla FC campeón se ha hecho a sí mismo desde la osadía. No somos más que nadie, pero tampoco menos. Luchemos por lo nuestro. 

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt





miércoles, 19 de septiembre de 2018

¿Nos hacemos a la idea?

sevillafc.es

Sin paños calientes. Fue un desastre. Todo. El Sevilla FC se desnudó en cuanto llegó a Nervión un equipo que sabe a lo que juega. Y muy bien. El Getafe tiene un modelo. Un estilo de juego definido. Una idea. Y la ejecuta a la perfección. En este apunte reside la disimilitud. El factor diferencial. ¿Tiene una idea de juego el Sevilla FC? Sí. Ahí radica el cambio respecto a los proyectos inmediatamente anteriores. El problema es que virar al estilo futbolístico que promulga Pablo Machín requiere de tiempo. Y de mucha paciencia. ¿Hay futbolistas para ejecutarlo? Sí, porque esta plantilla está sobrada de futbolistas con experiencia y calidad a los que les debe resultar relativamente fácil asimilar conceptos nuevos. Quizá estemos ante una plantilla inconclusa, pero es aventurado pensar que sea débil o escasa para afrontar tres competiciones. Montella dijo una verdad meridiana: no se interioriza un sistema con defensa de tres de la noche a la mañana. 

A partir de esta premisa deberíamos partir. Pero esto es Sevilla. Y esto es el Sevilla FC del siglo XXI. La paciencia es un término desterrado en el olvido del sevillismo. En gran parte, dicho sea de paso, fruto del nivel de exigencia que se ha marcado el Club. Mérito del Sevilla FC. La cuestión es si tenemos idea y si nos hacemos a ella. De juego es evidente, pero aún está en fase de construcción. Hay muchas piezas por encajar, algunas de compleja adaptación en gran parte porque se trata de un sistema de juego con novedosas variantes, pero que, de lograr su excelencia, da frutos. Y maduros. El sistema de Machín, bien ejecutado, dotaría de mucha solidez al equipo. ¿Estamos dispuestos a esperar? El Sevilla FC empieza a ser reconocible. Sí. Salga bien o mal, como contra el Getafe, se vislumbran automatismos y elementos tácticos que, si bien dependerán de los fríos resultados, marcarán el camino. El duro y arduo trayecto a lo que está por llegar: una nueva participación en la UEFA Europa League.  

¿Tenemos idea de lo que eso significa? Regresamos al lugar donde somos temidos por todos. Donde nadie quiere cruzarse con el Sevilla FC. Donde hemos grabado nuestro nombre a fuego lento y para la posteridad. El Pentacampeón está de vuelta, y su regreso a la Fase de Grupos está envuelto en demasiadas dudas. Ensombrecido por un pesimismo exacerbado. Nadie triunfa sin tropezar en el camino. Nadie. Que se lo digan a Juande Ramos o a Unai Emery, quienes estuvieron a punto de ser apeados en la cuneta al comienzo de sus respectivas andaduras. El Sevilla FC necesita hacer autocrítica y alejarse de polémicas infructuosas que descentran, porque el VAR tapó las debilidades del equipo tras el Villamarín y lo sepultó contra el Getafe. Sería impensable esperar que todo fluya a la perfección cuando apenas llevamos un mes de competición. El proyecto de Pablo Machín está en ciernes. En fase de pruebas. Recuérdenlo: los objetivos no se conquistan en septiembre. Antes hay que implantar una idea... y desarrollarla. 


Carlos Sánchez 
twitter: @cmsanchezt

domingo, 22 de julio de 2018

El patrón Dragutinovic

sevilla.abc.es



Recuerdo aquel 31 de agosto de 2005 como si fuera ayer. Todas las emisoras de radio nacionales conjugaron sus esfuerzos en generar un microrrelato que tendría un final inminente por decreto. El mercado de fichajes echaba el cierre a medianoche. Y, a las 23:30, sin apenas tiempo de reacción, saltó la noticia que todo sevillista se resistía a escuchar. El Real Madrid, mediante un comunicado, anunció que había depositado el importe de la cláusula de rescisión de Sergio Ramos. Sin duda, uno de los mayores exponentes de la Carretera de Utrera en el Siglo XXI, junto a Jesús Navas y Antonio Puerta. Fue una sensación extraña y desagradable. Entre la pesadumbre y el orgullo. Entre el vacío desolador que provoca que te arrebaten un trocito de la sangre de tu sangre y la fortaleza de saber que por encima del escudo del Sevilla FC solo están los miles y miles de locos de la cabeza que sustentan este maldito negocio. Todo lo demás es accesorio.

Y entonces, en la mayor de las amarguras, y tras sentirnos incompletos, salió a la luz el nombre de Ivica Dragutinovic. Ni más ni menos que con el reto de hacer olvidar a Sergio Ramos. La solución de urgencia de Monchi a escasos minutos de la medianoche. ¿Recuerdan qué sintieron entonces? Estoy convencido de que, como un servidor, pocos de ustedes lo conocían. Ni siquiera sabrían que jugaba en el Standard de Lieja y que era serbio. Y pensarían, como un servidor, que demasiado que el Sevilla FC pudo rehacerse sin margen de maniobra. Era un parche. Una ínfima tirita para cerrar una herida que ni con bisturí. Y resultó que, en pocos días, entre acusaciones de unos y otros actores, de páginas repletas de periódicos, de horas y horas de radio y televisión copadas por la abrupta marcha de Sergio Ramos, descubrimos que habíamos encontrado un central con las agallas de un comandante y el pundonor de uno de los nuestros. Así. De la nada. Del más absoluto desconocimiento. Y a última hora. Tirando por la borda todos los falsos mitos que se ciernen sobre una planificación eficiente. 

Desde aquel día me resisto a pensar que una buena planificación se mide por el tiempo en el que un Director Deportivo es capaz de conformar el esqueleto de una plantilla, sino que más bien todo forma parte de un proceso. Las planificaciones deportivas, como las notas en el colegio, deben evaluarse al final de temporada. Buena parte del sevillismo se halla inquieto, intranquilo, en esta fase de la presente pretemporada. Apenas han llegado fichajes y el equipo comienza a competir oficialmente el jueves 26 de julio. Recuerdo una frase recurrente de Monchi. Siempre decía algo así como que una planificación no podía depender de un título que se disputase en verano, pero sí que se supeditaba a si había o no clasificación europea. ¿Recuerdan qué ocurrió tras caer con el Sporting de Braga en 2010? El panorama cambió. De esperar a que llegaran fichajes de renombre a convertirse en punto de inflexión y comenzar una restructuración progresiva de la plantilla. Quizá, aunque no se anuncie a los cuatro vientos, estemos ante un ejemplo similar, salvando las distancias y las instancias. 

Me resulta muy complicado pensar que el actual bloque Sevilla FC, que superó por fin los cuartos de final de la Champions League ante el todopoderoso Manchester United, que le plantó cara al Bayern de Munich, y llegó a una final de la Copa del Rey no esté objetivamente capacitado para superar la eliminatoria contra el Újpest. Bien sabe la dirección deportiva que el equipo necesita ahora mismo cuatro o cinco fichajes, al menos, para cubrir carencias por todos conocidas. Nadie lo discute. Pero hay tiempo. Mucho tiempo. En el fútbol algo más de un mes es un mundo, y el objetivo es claro: apuntar bien para no precipitarse. Ese sí sería un contratiempo difícil de subsanar. Paso a paso. Menos mal que los profesionales viven aislados en gran medida del clamor popular. Menos mal. ¿Alguien, de verdad, tiene dudas de que Caparrós no va a conformar un equipo competitivo? Llevo años escuchando cómo se pone como ejemplo de planificación al Villarreal. Con todos mis respetos, simplemente con comparar las trayectorias de ambos clubes en la última década la comparación se diluye.

Entiendo que un sector importante del sevillismo esté deseoso de conocer nuevas incorporaciones, al fin y al cabo las novedades en materia de fichajes son los goles del verano. Pero tengan paciencia. Y recuerden el patrón de Dragutinovic, o de Drago -como prefieran-, quien, por cierto, luce victorioso por la piel del Ramón Sánchez-Pizjuán en detrimento de aquellos que un día abandonaron este barco con más pena que gloria: nada, absolutamente nada, garantiza que una planificación sea mejor o peor por cerrarse antes o después. La única herramienta de medición es el acierto. Esa es la clave. Y si aún creen que el 31 de agosto puede ser tarde, echen un vistazo a los últimos cuatro partidos de la pasada temporada, donde quedó patente que, con un cierto criterio, hay un grupo de trece-catorce futbolistas que tienen la calidad suficiente para afrontar los retos venideros. Los partidos amistosos, para coger rodaje y fijar automatismos; los fichajes, que mejoren lo que había. De toda la vida. Y llegarán, por supuesto que llegarán, y probablemente en cascada cuando se abra el grifo, pero es sumamente necesario mantener la cautela en un verano marcado por el Mundial y la inflación de precios. Más vale tarde... que equivocarse. 


Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt