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domingo, 2 de junio de 2019

Cuánto dolor calmaste, José




Levitaba. Tenía duende. Y una sonrisa que desbarataba. Era uno de los nuestros. De la Carretera de Utrera. De dónde si no. Era miembro de los Biris Norte. Amaba al Sevilla FC por encima de todo. Como tú. Como yo. Se fue para hacernos grandes, y regresó para alcanzar el cielo juntos. Era diferente al resto. Paradigma de la escuela sevillana. Reyes y diez más. Nada que ver. Un abuso. Impávido, impertérrito, recibía la pelota y buscaba una y otra vez el pase. Ese pase. El de Varsovia. Rehuía de los cánones. Fue lo que quiso ser. Ni más, ni menos. Llenó corazones ansiosos de esperanza con su fútbol e impregnó de alegría Nervión cada vez que acariciaba la pelota. Rozaba el alma. Ya era leyenda antes de irse prematuramente al tercer anillo. Nada volverá a ser como antes, pero todo seguirá igual. Su recuerdo será eterno. 

Cuánto dolor, José. Cuánto dolor calmaste. En los peores días. Tu sola presencia en un terreno de juego alimentaba el ánimo. Ahuyentaba fantasmas. Y concedía treguas. Mis seres queridos más cercanos, quienes padecen mi sevillismo exacerbado, bien saben de lo que hablo. Fuiste medicina a sorbitos. Un respiro en la batalla. Verte fantasear suponía tanto. Me daba tanto. Sin saberlo, o quizá sí, sembrabas ilusión en los tuyos para encarar esta puta vida con fuerza. Tu fútbol era verdad. Tu verdad. Y la de muchos que nos plegamos a tu forma de entender este bendito juego. Cambiaste la historia de la pasión que nos une, pero también la existencia de muchas personas. Y eso vale mucho más que toda la plata que nos diste. Recuérdalo. Allá donde estés. Ilumínanos como cuando acariciabas el balón. 

Me cuesta horrores despedirte por segunda vez. Yo que pensaba que ese trago ya lo saldé hace años. Que todo fuera como aquella vez. Cuánto dolor, José. Cuánto honor en tu legado. Cuántas sonrisas contagiadas. Cuánto fútbol en tus pies. Gracias por tanto. Por hacernos tan felices. Tan dichosos. Por hacernos reventar de orgullo. Pero, sobre todo, gracias por hacernos soñar cada domingo. Por hacernos creer que siempre hay un pasillo más, un camino más, para conseguir tu propósito. Eras magia. Esa media sonrisa te delataba. Lo sabías. Y así te recordaremos. Como el genio que interiorizó su papel y voló libre ignorando los manuales del fútbol. Fuiste el remedio natural a los preceptos impuestos. El sueño de cualquier niño. El deseo por lo desconocido. La irreverencia. El arte y el salero. Fuiste... el Rey de Reyes, José. 

Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt



domingo, 9 de diciembre de 2018

Que no tengamos que perderla...

sevillafc.es

Ando últimamente con la reconfortante sensación de que a este Sevilla FC de Pablo Machín cuesta dios y ayuda tumbarlo. Que si el guion de Mestalla hubiese sido el opuesto -haber llegado al minuto noventa perdiendo por uno a cero-, también les hubiésemos empatado. En el peor de los casos. Pero ando también receloso, porque el exceso de confianza a veces puede llevar a lugares arrasados por la codicia; a rincones donde el olvido es capaz de engullir con extrema virulencia a los más apuestos caballeros. Tengo la convicción absoluta de que este Sevilla FC es ya un equipo con mayúsculas, en su sentido más amplio, desde el primero de los futbolistas hasta el último de los integrantes del cuerpo técnico, pero reconozco abiertamente que me aterra la idea de que nos arrebaten los jueves de primavera a las primeras de cambio. Sin estar preparados. 

Más cuando, si eso ocurre, será por demérito nuestro, por sestear sin escrúpulos lejos de Nervión bajo el manto de nuestra presunta superioridad en las recientes visitas al Viejo Continente. Así de sencillo; así de doloroso. Por suerte, nos queda un último intento para enmendar un error que sería mayúsculo. Cualquier pretexto, hasta el escaso número de guerreros en liza de los que disponemos, sería injustificable. Haber probado las mieles de las élites europeas nunca debería ser razón ni excusa para olvidarnos de lo nuestro. De nuestro gran amor. De la Europa League. Nos apartamos de ella durante un breve espacio de tiempo para dar rienda suelta a nuestra ambición, pero volver a ella, a por ella, nunca debería ser un paso atrás, sino la prolongación de una historia a la que le quedan muchas páginas por escribir. Y la del jueves debe tener final feliz. Sí o sí. Por ella. Por nosotros. 

Tengo pánico de ser apartados del camino de forma despiadada. Inesperada. Es tanto el deseo de llegar lejos con ella, que la incertidumbre se hace insoportable. Nunca debimos llegar a esta situación, pero ya nada se puede hacer. Sólo queda mirar hacia adelante y afrontar el partido del jueves como si del último trago se tratara. Se presenta ante ti, ante mí, ante nosotros, un nuevo llamamiento para demostrarle a Europa que las heridas de nuestro cuerpo están grabadas con el fuego del infierno. Que en el Sánchez-Pizjuán se anima aunque vayamos perdiendo. Porque por más que el Sevilla FC sea un equipo fiable y sólido, es en estas noches cuando se requiere de los Guardianes de Nervión. Porque sin ellos, Sevilla FC, no serías nada. Porque no hay equipo grande sin hinchada a la altura. Cerrad los puños y alentad a los de 'colorao' para que el frío ruso no nos congele el corazón. Que no tengamos que perderla para darle el valor que tiene...

Carlos Sánchez 
Twitter: @cmsanchezt

domingo, 14 de octubre de 2018

Lo nuestro

sevillafc.es

Toca defender lo nuestro. Lo que nos hemos ganado a pulso. Por derecho propio. Tras coquetear durante una semana con las nubes, y después de erguirnos de orgullo al mirar hacia abajo, estamos ante una oportunidad única de hacernos sentir en un escenario practicamente infranqueable. El líder de La Liga visitará el Camp Nou. No, no se preocupen. No han perdido la cabeza. Así es. Se trata de un hecho objetivo, y, por tanto, incuestionable. Suena bien, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad. Nadie en su sano juicio cree a estas alturas que el Sevilla FC pueda o vaya a ganar la Liga, pero nunca dejemos que nos arrebaten lo nuestro. Nada es fruto de la casualidad. Si cuando el Sevilla cayó estrepitosamente contra el Getafe en el Sánchez-Pizjuán se decía que estábamos en el lugar que nos correspondía por juego y sensaciones, ¿por qué ahora no? 

La única posesión que importa en el fútbol -como en la vida- es la de la verdad. La realidad al final aplasta al que intenta desvirtuarla con ilusiones ópticas o globos sonda. El Sevilla FC es el líder de Primera División, con todos sus goles a favor y en contra computados. Ni uno más ni uno menos. Alejémonos de aquellos que viven constantemente buscando coartadas para tapar sus carencias y olvidémonos de los que nos quieren convertir en invisibles. Que son muchos. Sigamos nuestro camino y luchemos. Sí, por lo nuestro. Nadie nos ha regalado nada. Ganar cuatro partidos consecutivos en un campeonato tan igualado tiene un valor incalculable. El liderato puede ser temporal, quien sabe, pero nunca accidental o circunstancial, porque asumirlo sería restarle mérito a la excelente labor de la plantilla y cuerpo técnico y dar alas a los interesados. 

Sí, somos líderes. Díganlo con la boca grande, sin titubeos, aunque les recuerden a menudo que lo somos con la peor puntuación desde hace décadas o porque otros no están al nivel que se les presupone. ¿Y qué? ¿Es que acaso debemos pedir perdón por serlo en ese contexto? Miremos al frente y continuemos nuestro camino. Lo contrario sería contraproducente. Bien lo sabemos: molestamos. Pues molestemos. Salgamos al Camp Nou a plantar nuestra bandera, esa que enarbolamos un 14 de octubre. Hace muchos años que el sevillismo reclama competir en estos escenarios. Es el momento. Tenemos el deber de defender hasta el último segundo nuestra condición. Siempre con humildad, pero sin olvidar que este Sevilla FC campeón se ha hecho a sí mismo desde la osadía. No somos más que nadie, pero tampoco menos. Luchemos por lo nuestro. 

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt





miércoles, 19 de septiembre de 2018

¿Nos hacemos a la idea?

sevillafc.es

Sin paños calientes. Fue un desastre. Todo. El Sevilla FC se desnudó en cuanto llegó a Nervión un equipo que sabe a lo que juega. Y muy bien. El Getafe tiene un modelo. Un estilo de juego definido. Una idea. Y la ejecuta a la perfección. En este apunte reside la disimilitud. El factor diferencial. ¿Tiene una idea de juego el Sevilla FC? Sí. Ahí radica el cambio respecto a los proyectos inmediatamente anteriores. El problema es que virar al estilo futbolístico que promulga Pablo Machín requiere de tiempo. Y de mucha paciencia. ¿Hay futbolistas para ejecutarlo? Sí, porque esta plantilla está sobrada de futbolistas con experiencia y calidad a los que les debe resultar relativamente fácil asimilar conceptos nuevos. Quizá estemos ante una plantilla inconclusa, pero es aventurado pensar que sea débil o escasa para afrontar tres competiciones. Montella dijo una verdad meridiana: no se interioriza un sistema con defensa de tres de la noche a la mañana. 

A partir de esta premisa deberíamos partir. Pero esto es Sevilla. Y esto es el Sevilla FC del siglo XXI. La paciencia es un término desterrado en el olvido del sevillismo. En gran parte, dicho sea de paso, fruto del nivel de exigencia que se ha marcado el Club. Mérito del Sevilla FC. La cuestión es si tenemos idea y si nos hacemos a ella. De juego es evidente, pero aún está en fase de construcción. Hay muchas piezas por encajar, algunas de compleja adaptación en gran parte porque se trata de un sistema de juego con novedosas variantes, pero que, de lograr su excelencia, da frutos. Y maduros. El sistema de Machín, bien ejecutado, dotaría de mucha solidez al equipo. ¿Estamos dispuestos a esperar? El Sevilla FC empieza a ser reconocible. Sí. Salga bien o mal, como contra el Getafe, se vislumbran automatismos y elementos tácticos que, si bien dependerán de los fríos resultados, marcarán el camino. El duro y arduo trayecto a lo que está por llegar: una nueva participación en la UEFA Europa League.  

¿Tenemos idea de lo que eso significa? Regresamos al lugar donde somos temidos por todos. Donde nadie quiere cruzarse con el Sevilla FC. Donde hemos grabado nuestro nombre a fuego lento y para la posteridad. El Pentacampeón está de vuelta, y su regreso a la Fase de Grupos está envuelto en demasiadas dudas. Ensombrecido por un pesimismo exacerbado. Nadie triunfa sin tropezar en el camino. Nadie. Que se lo digan a Juande Ramos o a Unai Emery, quienes estuvieron a punto de ser apeados en la cuneta al comienzo de sus respectivas andaduras. El Sevilla FC necesita hacer autocrítica y alejarse de polémicas infructuosas que descentran, porque el VAR tapó las debilidades del equipo tras el Villamarín y lo sepultó contra el Getafe. Sería impensable esperar que todo fluya a la perfección cuando apenas llevamos un mes de competición. El proyecto de Pablo Machín está en ciernes. En fase de pruebas. Recuérdenlo: los objetivos no se conquistan en septiembre. Antes hay que implantar una idea... y desarrollarla. 


Carlos Sánchez 
twitter: @cmsanchezt

lunes, 23 de abril de 2018

Heridos en nuestro orgullo

sport.es

Nunca había sentido tanta vergüenza. Ni siquiera en aquel último descenso a Segunda en el año 2000, cuando el Sevilla FC se arrastró a lo largo y ancho de España. A fin de cuentas, aquel equipo estaba a años luz de tratarse de la mayor inversión presupuestaria del Club. Un curso después de aquel borrón, nació el germen del actual Sevilla FC. La semilla de un proyecto que ningún sevillista hubiera imaginado jamás. Desde cero. Pero con la genética plasmada en el posterior himno de El Arrebato. Fueron tiempos difíciles, de zozobra, pero necesarios para adquirir perspectiva y ahuyentar las malas hierbas. Ahora, dieciocho años después, hemos tirado a la basura el legado construido desde aquella regeneración. No se trata de realizar comparaciones odiosas entre ambas épocas, sino de poner en entredicho la gestión institucional y deportiva actual que, si bien no supondrá un descenso a los infiernos, ha logrado algo todavía peor: herir nuestro orgullo.  

El bochorno en la final de la Copa del Rey es solo la guinda a una temporada inadmisible, por más que el Club intente edulcorarla con los éxitos conseguidos en el transcurrir de las competiciones cortas y la coartada de poder concluir todavía en puestos europeos. Nadie parece ser consciente -o esa es la impresión-, de puertas hacia adentro, de que la verdadera preocupación del sevillismo, a día de hoy, no es ya la indigesta asimilación de un ridículo puntual (que tampoco han sido contados esta temporada ni mucho menos), sino el temor a mirar al futuro y ver las mismas caras que han permitido la degradación de un proyecto sólido y asentado; que han demostrado ser el problema y no la solución con las decisiones más que cuestionables que han tomado cada una de ellas en su ámbito de acción. Entre sueldos autoimpuestos, confecciones de plantillas deficientes sin retorno económico y declaraciones desafortunadas en rueda de prensa, José Castro, Óscar Arias y Vincenzo Montella han dilapidado, en un abrir y cerrar de ojos, la ilusión del sevillismo en la temporada con mayor gasto presupuestario en la historia del Sevilla FC en la conformación de la plantilla. 

De qué serviría pedir perdón a todos los que sintieron vergüenza el sábado si nada cambia. Hay miedo a que todo siga igual. A que el Sevilla FC siga gobernado por quienes guardaron en un cajón la llave de la ambición el día que Monchi salió por la puerta. La única solución pasa por el cese de los máximos responsables de la parcela deportiva y la dimisión del Presidente cuando concluya la temporada. Si no antes. Que solo uno de estos tres actores continúe un minuto más allá sería una irresponsabilidad supina. Es necesario empezar de nuevo. Regenerar el esqueleto de la entidad. Apostar por personas de Club, que impregnen de sevillismo cada rincón de la Ciudad Deportiva y sepan explicar a los que se ponen las botas que este sentimiento centenario ni se mancha ni se usurpa. Volverá el Sevilla FC. Por supuesto. Porque hasta en el peor de los escenarios cuenta con una legión de locos de la cabeza incondicionales. Tocados y heridos, pero nunca hundidos. Ellos son el Sevilla FC. Y a ellos se les debe reparar el daño causado. Estará interesante la presentación de la campaña de abonados para la 18/19. Esperemos que ya en un Ramón Sánchez Pizjuán limpio y libre de cargas.


Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt 

miércoles, 14 de marzo de 2018

Aquí no se para

sevillafc.es


Tenía que ser en Old Trafford. En el lugar donde los sueños se cumplen. Ni en Estambul, ni en Moscú ni en Leicester. Tenía que ser en Old Trafforfd. Abrid los ojos, sevillistas. Sin miedo a despertar. El sueño se ha consumado. Se ha hecho realidad. El Sevilla FC está en cuartos de final de la Champions League sesenta años después. Era cuestión de persistir. De insistir. Tarde o temprano, Sevilla, uno de los lugares más maravillosos del planeta, tenía que estar entre las ocho ciudades más importantes del panorama futbolístico. Anoche se hizo justicia. Por méritos propios. El mayor orgullo del sevillismo es poder gritar a los cuatro vientos que dominó los poco más de ciento ochenta minutos que duró la eliminatoria contra el Manchester United. Tanto en el césped como en las gradas. 

Ahí, precisamente, empezó a imponerse el Sevilla FC. Desde el empuje incesante de una hinchada que allá donde va planta su bandera y silencia templos del fútbol europeo. Esta histórica hazaña es por y para ellos. Honor a todos los desplazados a Manchester. Todas las gargantas acabaron quebradas al final del partido. Una vez más. Nada es fruto de la casualidad. Ante la falta de gol, mayor aliento en la grada. Solo así se compensan los defectos y se potencian las virtudes de un equipo renacido desde que cogió las riendas Montella. No tanto en los resultados, sí en la autoestima de una plantilla que ha asimilado por fin el valor del escudo que porta en el pecho. Estos futbolistas han escrito una de las páginas más brillantes de la historia del Club. Honor también a ellos.  

El nombre del Sevilla FC quedará grabado por siempre en Old Trafford; el paso de su hinchada, también. Una proeza que a buen seguro hará olvidar las decepciones de ediciones anteriores. Y la mayor grandeza del sevillismo es que lo que está por llegar no se tomará como un regalo, sino como un nuevo reto. Seguirá habiendo mucho que perder en cuartos, aunque el objetivo principal esté más que logrado. En una temporada atípica, con altibajos y actuaciones bochornosas, el Sevilla FC ha vuelto a demostrar que darle por muerto es un pecado castigado con la más absoluta oscuridad. Superar la ronda de cuartos será el siguiente objetivo. Este año o cuando sea que regrese a la máxima competición continental. Este Sevilla FC, al contrario de lo que digan, no tiene techo. Sí por presupuesto, nunca por ambición. Un intangible capaz de superar la realidad. El sevillismo siempre quiere más. Es la bendita condena de este Club. Porque Sevilla FC, escucha, esta es tu grada, y aquí no se para. 

Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt






miércoles, 24 de enero de 2018

Un corazón que vuelve a latir

sevillafc.es

'Nunca te rindas', rezaba el tifo que el Sevilla FC instauró en Fondo con el objetivo de alentar a los once guerreros ávidos de revancha que saltaron al césped del Ramón Sánchez-Pizjuán contra el Atlético. Se trataba de ponerse en pie otra vez (sí, otra vez) después de hincar la mano en el suelo siete días atrás para tomar impulso con la casta y el coraje perdidos progresivamente, de manera incomprensible, en los últimos tiempos. El Sevilla FC agonizaba hace una semana. Su corazón llevaba meses maltrecho. Apenas latía, si acaso para respirar un justo y necesario hilo de vida. Se hallaba desorientado, o eso creímos... Porque, una vez más, ha vuelto a levantarse a las puertas del cementerio. Y ya son unas cuantas. Tantas o más en este siglo como vidas tiene un gato. Qué manera de resurgir de sus cenizas. Ni el más optimista del lugar imaginó un giro de guión de tal magnitud, solo comprendido en alguna extravagante cinta de autor, cuando todo el sevillismo solo rogaba, entre plegarias, que el dolor acabase lo antes posible. 

Y todo gracias a un cirujano, bien hallado en Italia, de nombre y apellido Vincenzo Montella. Tardó dos semanas en detectar la disfunción que debilitaba el corazón del Sevilla FC, pero, una vez halló la herida, la cerró con la destreza quirúrgica de un doctor e inyectó litros de sangre renovada. Nada parece quedar de aquel ente pálido que deambulaba esperando su final. Y es que, más allá de consumar el enésimo éxito deportivo que implica jugar una nueva semifinal de Copa del Rey dos años después, su gran aportación hasta la fecha es, sin duda, haber devuelto al Sevilla FC su gen competitivo. Ese que afrenta al rival sin complejos y vende muy cara su piel. Ha restaurado el ánimo de una plantilla desangelada y desorientada en un tiempo récord. Esta es la principal clave del resurgir del Sevilla FC. Ahora, cada uno sabe cuál es su función en el terreno de juego, y, a su vez, cada pieza individual forma parte de un engranaje perfecto bajo la batuta de Éver Banega y Pablo Sarabia, a quien el tiempo siempre pone en su sitio. Bendito fichaje el suyo. 

El Sevilla FC ha recuperado el alma. Y un estilo de juego que encarna sus valores. Más bien se ha reencontrado con sus raíces. Ha regresado a un fútbol eléctrico, de película de suspense. Cierra filas, defiende junto, pero cuando sale en transición ofensiva... asusta. Un maremoto descontrolado. Cuánto echaba en falta el público de Nervión un equipo vertical y directo. Esto también es obra de Montella, al que habría que mirar de frente y agachar la cabeza. Y la mayor paradoja de esta historia es que quien lo eligió ha recibido críticas a diestro y siniestro desde que se sentó por primera vez en el despacho de alguien insustituible. Para Óscar Arias, lo fácil, tras la destitución de Berizzo, hubiese sido contratar un parche y esperar a formar un nuevo proyecto el próximo verano (un servidor también lo creía así), pero, fiel a su forma de pensar, fue con todo a por su primera opción a sabiendas de que, probablemente, se jugaba su última bala. Supo regatear la presión, antes de tomar una decisión precipitada, cuando todo el mundo pedía un entrenador inminentemente, a pesar, insisto, del ensordecedor ruido mediático. En tan solo una semana ha resultado que esta plantilla tiene un potencial interesante (evidentemente mejorable, siempre es así en cualquier caso). Ayer sí hubo rendición. La de una afición que ha recuperado el sentimiento de pertenencia hacia su escudo, y que bien entenderá con el paso del tiempo que Arias, hasta la fecha, ha acertado, al menos, igual que ha errado. No den nunca por muerto al Sevilla FC.  


Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt

   

sábado, 16 de diciembre de 2017

Desalmado

laverdad.es

Cuesta digerir el momento que vive el Sevilla FC. Quizá pueda resultar un tanto osada tal afirmación si echamos la vista atrás un par de décadas, pero la triste realidad es que el sevillismo se ha desilusionado de forma precoz. En un abrir y cerrar de ojos. Más allá de los desafortunados planteamientos de los partidos, de las pésimas lecturas durante su transcurso, de los esperpentos tácticos perpetrados y del escalofriante rendimiento individual de todos y cada uno de los futbolistas de la primera plantilla, duele, y mucho, ver a un equipo desalmado. Sin corazón. Abatido. Superado de principio a fin por su propia sombra. Irreconocible. Los tres últimos compromisos (Maribor, Real Madrid y Levante) han terminado por arrasar la maltrecha paciencia del sevillismo, hasta el punto de que ya muy pocos, ni siquiera los más optimistas como quien escribe estas líneas, ven factible una reacción si todo continúa igual: a la deriva. 

Nunca he sido partidario de despedir a un cuerpo técnico a mitad de una temporada. Me parece que, salvo contadas excepciones, es pan para hoy y hambre para mañana, pero es indudable que hay que dar un golpe en la mesa. Y un par de gritos en el vestuario. La idea de juego es inexistente. Sustentada en la inercia, carente de fundamento. Como la gestión de esta situación desde la planta noble, marcada por el silencio, solo roto en momentos puntuales para tapar las goteras con discursos prefabricados. Y en el fondo de la cuestión, en la raíz del problema, la profanación de lo innegociable. ¿Qué han hecho con el alma de este equipo? Su razón de ser. Su evangelio. ¿Quién ha desterrado la casta y el coraje? ¿Cómo es posible que nadie haya tomado medidas en este asunto? Puedes perder, pero nunca tus valores. Y la triste sensación del sevillismo, tan solo cuatro meses después de que arrancara la 'era Berizzo', es que, al menos en lo que resta de temporada, salvo que se tomen de una vez decisiones drásticas, vagará por los campos con el único deseo de mantener la dignidad. 

Y es que cuando uno sube el precio de los abonos hasta estrangular el bolsillo de muchos sevillistas, se le debe pedir, al menos, tomar decisiones directamente proporcionales a la exigencia impuesta, porque la subida injustificada del pasado verano también debería llevar implícita una cuota de responsabilidad, aún mayor si cabe, por parte del Consejo de Administración del Sevilla FC. Y más cuando se atente contra cuestiones inalienables al escudo. Ojalá solo se tratase de una carencia de patrón de juego. Que también. Pero, por desgracia, va mucho más allá. Es el estado de indolencia permanente en el que flota el equipo el que irrita al sevillismo. La cruda e indescriptible sensación de no sentirse representado por quienes defienden el escudo en el terreno de juego. El peor de los diagnósticos. Por suerte, la estructura es tan sólida que solo la fuerza de la corriente ha llevado al Sevilla FC a estar presente en todas las batallas que esperan con la llegada del nuevo año. En el horizonte se atisba fuerte oleaje, y solo la irrupción de líderes en todos los niveles del Club podría revertir esta bochornosa dinámica. Hay tiempo. Es la única esperanza. 


Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt