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domingo, 26 de enero de 2020

Sólo un genio se despide así



Un genio se marcha como y cuando quiere. Sin más pábulo que la estela que deja al pasar allá por donde pisa. Dejando atrás corazones quebrados. Incompletos. Éver Banega ha decidido poner fin a un amor recíproco. Sin alardes. Como el que sabe que la despedida será insoportable. Ya se fue una vez, pero en esta ocasión no habrá vuelta atrás. Se acabó. Se acabó disfrutar de un futbolista superlativo. Inalcanzable en condiciones normales para el Sevilla FC. Su cabeza le privó de llegar más alto. O mejor dicho, su bendita bisoñez. Si no de qué. Si no de qué iba a estar en el Sevilla FC un tipo que comparte con Messi muchas más cosas que una amistad fraternal. Su vacío será irremplazable. Hay que aceptarlo así. Sin dramas. Con la certeza de poder contar a los sevillistas que vendrán que disfrutamos de un futbolista único. Diferente. Con esa pizca de locura irreductible. 

Cada partido será una pequeña despedida. Un sorbo menos del licor más exclusivo que jamás probamos. Ese amargo regusto. La cruda sensación de que todo lo bueno se acaba, pero que fuimos afortunados al convivir en el tiempo con un mago singular. Callado. Su aportación a la historia más gloriosa del Sevilla FC es incuestionable. Como su implicación y amor por este escudo. Sólo eclipsado por el amor eterno que profesa por Newell's. Que nadie dude de que de aquí al final de temporada veremos al mejor Banega. Nadie más que él deseará marcharse como llegó y se marchó al Inter de Milán: tocando plata. Probablemente, sin mediar palabra. Simplemente, entregando su chistera al respetable como cada vez que se pone esta camiseta. Su manto sagrado, que dirían en su querida Argentina. Qué larga se hará su sombra. Y el sevillismo, hasta el más escéptico, sonreirá un poquito menos cuando pise Nervión. Será mejor no engañarse. Vayan asumiéndolo. 

Atrás quedarán sus abusivas lecciones de fútbol. Un clínic cada noventa minutos. Sus giros entre varios contrarios, sus pases impensables para cualquier mortal o esa capacidad de entender qué necesitan en cada momento los diez que merodean a su alrededor. Éver es arte. Un lienzo de trazo fino admirado por propios y rivales. El faro en el que todos se amparan en un terreno de juego. Hasta Messi. Como ocurre en estas circunstancias, pondremos realmente en valor su figura cuando pasen décadas. Entonces quedará ese poso que sólo el tiempo concede. Y se nos vendrá a la mente esa sonrisa pícara que Éver sacaba cuando sabía que iba a hacer de las suyas. Su alma nunca llegó a emigrar de alguna vetusta plazoleta de Rosario. Jamás dejó de ser el niño que juega descalzo. Y de eso nos enamoramos. De su insensatez. De su inmadurez. De su necesidad casi obsesiva de combatir contra un fútbol cada vez más encorsetado. Nos enteramos de su marcha el día que el Sevilla FC cumplía 130 años. Esperemos superar su ausencia en menos tiempo. 


 Carlos Sánchez 
Twitter: @cmsanchezt

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Salud, amor y Sevilla FC

sevillafc.es

Dicen que estas fechas alimentan los sueños. Mi postura al respecto es escéptica. Nostálgica. También es habitual pensar que lo malo quedará atrás y que lo mejor está por llegar. Quizá nada cambie. O sí. Quién sabe. Nada está escrito. Por más que nos empeñemos en alcanzar venerables propósitos con el nuevo año. Pero el futuro siempre genera menos incertidumbre cuando tienes cerca a los tuyos -sirva esta entradilla para recordar a todos los sevillistas que empujan al Sevilla FC desde el tercer anillo del Ramón Sánchez-Pizjuán-. Es tiempo de hacer balance. De analizar. Pero también de mirar hacia adelante. ¿Adónde queremos ir? Porque el sevillismo siempre quiere más. Es insaciable. Y por esa ambición desmedida -a veces malentendida- regresó Monchi a su casa. Como si de un alumbramiento prematuro se tratara. Ni el más optimista lo esperaba tan pronto de vuelta. El mejor regalo. 

La ilusión se desbordó. Volvimos a respirar tranquilos. Estábamos en buenas manos. Monchi puso orden en el (relativo) caos. Empezó la casa por los cimientos y encendió la mecha de un nuevo Sevilla FC con señas identitarias propias de nuestra idiosincrasia. Un equipo que ha llegado a Navidad siendo el mejor de los mortales. Es un dato objetivo. Sin alardes, pero con una estructura férrea y sólida que aventura un halagüeño porvenir. Al menos, estable. Tanto que se produjo la tan ansiada paz social en la entidad. Qué casualidad, ¿verdad? Monchi, señoras y señores, es mucho más que un Director Deportivo. Mucho más. La pregunta, llegados a este punto, es: ¿está capacitado el Sevilla FC para luchar por esta Liga? Cuesta creer que sí. Existen precedentes recientes donde la realidad puso fin a nuestra imaginación con la entrada del nuevo año, pero, a la vez, es inevitable fantasear con qué sería de este equipo si tuviera un poquito más de gol. 

Recuerden: nada está escrito. Cuanto mayor sea la ambición, más doloroso será el golpe en caso de caer, pero sólo así seremos capaces de crecer. No hay otra manera. Quedan cinco meses por delante para consolidar un nuevo proyecto. Probablemente, este curso servirá para asentar las bases de un Sevilla FC más ambicioso. Hablar de paciencia es perder el tiempo, pero sería prudente contextualizar el proceso en el que nos hallamos. Se ha dado la vuelta casi completa a la plantilla, incluido entrenador (por cierto, que la "cabezonería" de Julen siga reinando). Dejamos atrás un año donde hemos perdido, entre otros, a Don Roberto Alés, figura indispensable para entender lo que somos hoy, y a José Antonio Reyes, embajador eterno del arte y el salero. Bandera de nuestra identidad. Capitán póstumo. Por ellos, por los que no están pero siguen presentes, por quienes os metieron este bendito veneno en las venas... Por todos ellos, brindemos y soñemos despiertos. ¿Y si lo mejor aún está por llegar? Salud, amor y Sevilla FC. 


Carlos Sánchez.
Twitter: @cmsanchezt

domingo, 2 de junio de 2019

Cuánto dolor calmaste, José




Levitaba. Tenía duende. Y una sonrisa que desbarataba. Era uno de los nuestros. De la Carretera de Utrera. De dónde si no. Era miembro de los Biris Norte. Amaba al Sevilla FC por encima de todo. Como tú. Como yo. Se fue para hacernos grandes, y regresó para alcanzar el cielo juntos. Era diferente al resto. Paradigma de la escuela sevillana. Reyes y diez más. Nada que ver. Un abuso. Impávido, impertérrito, recibía la pelota y buscaba una y otra vez el pase. Ese pase. El de Varsovia. Rehuía de los cánones. Fue lo que quiso ser. Ni más, ni menos. Llenó corazones ansiosos de esperanza con su fútbol e impregnó de alegría Nervión cada vez que acariciaba la pelota. Rozaba el alma. Ya era leyenda antes de irse prematuramente al tercer anillo. Nada volverá a ser como antes, pero todo seguirá igual. Su recuerdo será eterno. 

Cuánto dolor, José. Cuánto dolor calmaste. En los peores días. Tu sola presencia en un terreno de juego alimentaba el ánimo. Ahuyentaba fantasmas. Y concedía treguas. Mis seres queridos más cercanos, quienes padecen mi sevillismo exacerbado, bien saben de lo que hablo. Fuiste medicina a sorbitos. Un respiro en la batalla. Verte fantasear suponía tanto. Me daba tanto. Sin saberlo, o quizá sí, sembrabas ilusión en los tuyos para encarar esta puta vida con fuerza. Tu fútbol era verdad. Tu verdad. Y la de muchos que nos plegamos a tu forma de entender este bendito juego. Cambiaste la historia de la pasión que nos une, pero también la existencia de muchas personas. Y eso vale mucho más que toda la plata que nos diste. Recuérdalo. Allá donde estés. Ilumínanos como cuando acariciabas el balón. 

Me cuesta horrores despedirte por segunda vez. Yo que pensaba que ese trago ya lo saldé hace años. Que todo fuera como aquella vez. Cuánto dolor, José. Cuánto honor en tu legado. Cuántas sonrisas contagiadas. Cuánto fútbol en tus pies. Gracias por tanto. Por hacernos tan felices. Tan dichosos. Por hacernos reventar de orgullo. Pero, sobre todo, gracias por hacernos soñar cada domingo. Por hacernos creer que siempre hay un pasillo más, un camino más, para conseguir tu propósito. Eras magia. Esa media sonrisa te delataba. Lo sabías. Y así te recordaremos. Como el genio que interiorizó su papel y voló libre ignorando los manuales del fútbol. Fuiste el remedio natural a los preceptos impuestos. El sueño de cualquier niño. El deseo por lo desconocido. La irreverencia. El arte y el salero. Fuiste... el Rey de Reyes, José. 

Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt



domingo, 26 de mayo de 2019

Por muchos fracasos más

sevillafc.es


Escuché decir a Woody Allen en una ocasión que "si no fallas de vez en cuando, es que no estás haciendo algo verdaderamente innovador". ¿Somos conscientes del crecimiento sostenido del Sevilla FC en los últimos quince años? ¿De lo difícil que resulta mantenerse entre los más grandes año tras año? Deberíamos acometer una profunda reflexión al respecto. Hemos normalizado la palabra fracaso hasta rozar la frivolidad. Son muchos los que han empleado este término para calificar la recién finalizada temporada del Sevilla FC. La decimoquinta de las últimas dieciséis en la que estaremos en Europa. Empieza a faltarnos espacio en ese mural del Viejo Continente donde marcamos con chinchetas todas las ciudades que hemos visitado. Quizá frustración por la oportunidad perdida. Entiendo, incluso, el sentimiento de decepción después de haber alcanzado la cima y, poco más tarde, caer cuesta abajo y sin frenos. Pero, ¿fracaso? ¿Acaso hemos olvidado el dolor de las lágrimas derramadas cuando descendimos a los infiernos? Quien ha vivido un descenso sabe que nada tiene que ver. Nunca perdamos el norte. Desde luego, si fracasar era esto, que me hagan hueco en este lugar hasta la muerte. 

Se ha convertido ya en un tópico, pero ha sido otro año complicado, en el que se han concatenado un buen puñado circunstancias: tres rondas previas en verano, un cambio de entrenador, lesiones de larga duración... y ahí seguimos. A pesar de las dificultades, con el rumbo enderezado. A velocidad de crucero. Con el capitán de San Fernando de nuevo al mando del barco. En las mejores manos. Y ni siquiera esto garantiza el éxito, mucho menos tocar plata, aunque para algunos ambas cuestiones estén ligadas. Eso es una locura. Se prevé revolución en una plantilla que ha mostrado evidentes carencias, pero que nos ha renovado el pasaporte para viajar por Europa un año más. Podrá saber a poco, pero el tiempo valorará en su justa medida la trayectoria del Sevilla FC. La cuestión es que, muy a menudo, confundimos la exigencia con la realidad, la ambición con la razón y la pretensión con la cordura. Hace veinte años vivir así era impensable. Y eso que el techo de este Club, probablemente, quede más alto aún. Ni en nuestros mejores sueños alcanzamos cotas como las que hemos logrado. Carecemos de perspectiva. ¿Qué es eso en el fútbol, verdad? Convendría recordar que olvidar de dónde venimos, podría suponer repetir, algún día, errores del pasado. Y entonces, sólo entonces, entenderemos la verdadera dimensión de la palabra fracaso. 

Se puede ser crítico con la involución en pocos meses de un equipo con 200 millones de presupuesto -el bajón en el rendimiento del equipo en la segunda vuelta copará horas de análisis y reflexión a los profesionales-, pero otorguemos el valor que corresponde a cada cosa y dictemos sentencia desde un punto de vista más amplio. Ya no se celebran las clasificaciones para Europa en la Puerta de Jerez, y hemos asumido como habitual llegar a una final cada breve espacio de tiempo. No nos engañemos: el gusanillo en el estómago ya no es igual. Es otra sensación. Diferente. Y eso significa mucho. Se ha esfumado ese hormigueo a cambio de sonrisas cómplices con los nuestros. De miradas henchidas de orgullo. De llamadas entre colegas como el que recuerda que el lunes toca volver a la rutina. Como Eindhoven, nada, pero hasta Turín llegamos a creer que los tiempos de plata ya nunca regresarían. Esa fue la clave: insistir. Persistir. Nunca desistir. A veces se necesita tiempo para reencontrarnos, para hacernos fuertes, para armarnos y presentarnos en el momento oportuno con los argumentos necesarios. Pero antes, se debe disfrutar del camino siempre que se pueda y aprender cuando se tuerza. Nadie puede asegurarnos que volvamos a disputar una final, o ni siquiera que estemos cerca de llegar, pero para poder ser hay que estar. Y el Sevilla FC estará. Como siempre últimamente. Mientras apila fracasos, claro...

Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt

martes, 5 de marzo de 2019

Machín, el cielo antes de tiempo

sevillafc.es

Con Pablo Machín parece ocurrir lo siguiente: en las últimas fechas, la frustración y el desánimo se han convertido en el denominador común de los sevillistas cada vez que el Sevilla FC claudica. Vayan por delante tardes como Vigo, Villarreal y, sobre todo, Huesca, punto de inflexión. Días después, con el ritmo cardiaco regulado y el poso de las horas, volvemos a ver el panorama con perspectiva y a poner los pies sobre tierra firme. La realidad deportiva del Club, conforme a números y parámetros globales, mal que nos pese, está más cerca de este momento que vivimos que del espectacular -casi inmaculado- primer tramo de temporada donde el Sevilla FC se instaló en lugares ciertamente impensables. ¿Hay que conformarse con este llamativo declive del equipo? No, pero mucho menos perder la perspectiva. Machín cayó de pie en Nervión. Sensato y escrupuloso en su verbo, moldeó con premura, sorprendente facilidad y conforme a su ideario a la plantilla (con carencias, como todas, por cierto) que le entregaron en sus manos. Apenas le costó implantar su filosofía en el vestuario. Antes ya había convencido a Caparrós. Por qué sería. El nuevo proyecto pedía a gritos un entrenador conocedor de La Liga, alejado de la extravagancia y que recondujera la maltrecha imagen de equipo vulnerable que se había adjudicado por méritos propios la temporada anterior después de perpetrar varios ridículos indescriptibles. 


Quiero decir: Machín es el entrenador ideal para levantar un nuevo proyecto a medio-largo plazo. El argumento es sencillo: ya ha demostrado en diferentes tramos de la temporada que puede maximizar el rendimiento que se le presupone a esta plantilla, se ha ganado al vestuario hasta en las duras y, por encima de todo, tiene la capacidad de sacar el máximo rendimiento de sus futbolistas. Véase Ben Yedder. ¿O quién si no se cercioró de que poniéndolo junto a un delantero referencia como André Silva se convertiría en uno de los mejores atacantes del mercado europeo? Más allá de los resultados, que al final dejan en papel mojado hasta el más irrefutable de los argumentos, la trayectoria de Machín invita a pensar que se levantará de esta. Lleva más de media temporada afrontando con naturalidad una ingente plaga de lesiones que ha asolado al equipo. Y, siendo fieles a la verdad, la injustificable imagen del Sevilla FC lejos de Nervión ha de tratarse como un problema endémico, asociado incluso a cuestiones extradeportivas. Con mirar los resultados fuera de casa en la última década es suficiente. Pero que cada uno aguante su vela. El fútbol ya se ha encargado de demostrar en multitud de ocasiones que cambiar un entrenador a mitad de temporada pocas veces surte el efecto deseado. En la otra parte de la baraja, técnicos como Marcelino (Valencia) o Ávaro Cervera (Cádiz) resistieron hasta dar la razón a los rectores de sus clubes a pesar del clamor popular.

Es evidente que Machín debe dar un giro de tuerca a la situación. Que no tiene un buen porcentaje de responsabilidad en esta crisis sería negar la mayor. Pero estoy convencido de que está capacitado para hacerlo, aunque, en ocasiones, se empecine en proyectar una imagen de irritante inmovilidad. De profundo temor al cambio. Hay indicadores concluyentes de que es un entrenador con altura de miras, preparado y metódico para encabezar este proyecto. Y más si llegase a contar con una plantilla hecha a su medida. Ya demostró en la primera parte contra el Barcelona que, aunque parezca mantenerse inflexible en su idea de colocar tres centrales, guarda soluciones en la chistera. Le falta perderle el respeto al error. Ya lo hizo en septiembre cuando pasó a jugar con dos puntas. Lo volverá a hacer. Porque, insisto, ya lo ha hecho. Personalmente, no creo que le haya llegado pronto la oportunidad, sino que tocó el cielo tan rápido que la tierra ya nos parece poco. Hay que tener paciencia, aunque esto sea como pedirle peras al olmo. Como siempre, y una vez más, una temporada para el Sevilla FC son cinco para el resto de clubes. Siempre se hacen largas. Ocurre de todo. Arriba y abajo, en el césped. Hasta que llega la bendita primavera. Ya advirtió Machín en días de bonanza que llegarían tiempos peores. Pues aquí estamos. Vencidos, pero no vendidos. Sigo pensando que Machín es lo mejor que nos ha pasado desde Emery. Sólo el tiempo dirá. El cielo le queda cerca para regresar. A siete paradas.   


Carlos Sánchez 
Twitter: @cmsanchezt

domingo, 9 de diciembre de 2018

Que no tengamos que perderla...

sevillafc.es

Ando últimamente con la reconfortante sensación de que a este Sevilla FC de Pablo Machín cuesta dios y ayuda tumbarlo. Que si el guion de Mestalla hubiese sido el opuesto -haber llegado al minuto noventa perdiendo por uno a cero-, también les hubiésemos empatado. En el peor de los casos. Pero ando también receloso, porque el exceso de confianza a veces puede llevar a lugares arrasados por la codicia; a rincones donde el olvido es capaz de engullir con extrema virulencia a los más apuestos caballeros. Tengo la convicción absoluta de que este Sevilla FC es ya un equipo con mayúsculas, en su sentido más amplio, desde el primero de los futbolistas hasta el último de los integrantes del cuerpo técnico, pero reconozco abiertamente que me aterra la idea de que nos arrebaten los jueves de primavera a las primeras de cambio. Sin estar preparados. 

Más cuando, si eso ocurre, será por demérito nuestro, por sestear sin escrúpulos lejos de Nervión bajo el manto de nuestra presunta superioridad en las recientes visitas al Viejo Continente. Así de sencillo; así de doloroso. Por suerte, nos queda un último intento para enmendar un error que sería mayúsculo. Cualquier pretexto, hasta el escaso número de guerreros en liza de los que disponemos, sería injustificable. Haber probado las mieles de las élites europeas nunca debería ser razón ni excusa para olvidarnos de lo nuestro. De nuestro gran amor. De la Europa League. Nos apartamos de ella durante un breve espacio de tiempo para dar rienda suelta a nuestra ambición, pero volver a ella, a por ella, nunca debería ser un paso atrás, sino la prolongación de una historia a la que le quedan muchas páginas por escribir. Y la del jueves debe tener final feliz. Sí o sí. Por ella. Por nosotros. 

Tengo pánico de ser apartados del camino de forma despiadada. Inesperada. Es tanto el deseo de llegar lejos con ella, que la incertidumbre se hace insoportable. Nunca debimos llegar a esta situación, pero ya nada se puede hacer. Sólo queda mirar hacia adelante y afrontar el partido del jueves como si del último trago se tratara. Se presenta ante ti, ante mí, ante nosotros, un nuevo llamamiento para demostrarle a Europa que las heridas de nuestro cuerpo están grabadas con el fuego del infierno. Que en el Sánchez-Pizjuán se anima aunque vayamos perdiendo. Porque por más que el Sevilla FC sea un equipo fiable y sólido, es en estas noches cuando se requiere de los Guardianes de Nervión. Porque sin ellos, Sevilla FC, no serías nada. Porque no hay equipo grande sin hinchada a la altura. Cerrad los puños y alentad a los de 'colorao' para que el frío ruso no nos congele el corazón. Que no tengamos que perderla para darle el valor que tiene...

Carlos Sánchez 
Twitter: @cmsanchezt

domingo, 14 de octubre de 2018

Lo nuestro

sevillafc.es

Toca defender lo nuestro. Lo que nos hemos ganado a pulso. Por derecho propio. Tras coquetear durante una semana con las nubes, y después de erguirnos de orgullo al mirar hacia abajo, estamos ante una oportunidad única de hacernos sentir en un escenario practicamente infranqueable. El líder de La Liga visitará el Camp Nou. No, no se preocupen. No han perdido la cabeza. Así es. Se trata de un hecho objetivo, y, por tanto, incuestionable. Suena bien, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad. Nadie en su sano juicio cree a estas alturas que el Sevilla FC pueda o vaya a ganar la Liga, pero nunca dejemos que nos arrebaten lo nuestro. Nada es fruto de la casualidad. Si cuando el Sevilla cayó estrepitosamente contra el Getafe en el Sánchez-Pizjuán se decía que estábamos en el lugar que nos correspondía por juego y sensaciones, ¿por qué ahora no? 

La única posesión que importa en el fútbol -como en la vida- es la de la verdad. La realidad al final aplasta al que intenta desvirtuarla con ilusiones ópticas o globos sonda. El Sevilla FC es el líder de Primera División, con todos sus goles a favor y en contra computados. Ni uno más ni uno menos. Alejémonos de aquellos que viven constantemente buscando coartadas para tapar sus carencias y olvidémonos de los que nos quieren convertir en invisibles. Que son muchos. Sigamos nuestro camino y luchemos. Sí, por lo nuestro. Nadie nos ha regalado nada. Ganar cuatro partidos consecutivos en un campeonato tan igualado tiene un valor incalculable. El liderato puede ser temporal, quien sabe, pero nunca accidental o circunstancial, porque asumirlo sería restarle mérito a la excelente labor de la plantilla y cuerpo técnico y dar alas a los interesados. 

Sí, somos líderes. Díganlo con la boca grande, sin titubeos, aunque les recuerden a menudo que lo somos con la peor puntuación desde hace décadas o porque otros no están al nivel que se les presupone. ¿Y qué? ¿Es que acaso debemos pedir perdón por serlo en ese contexto? Miremos al frente y continuemos nuestro camino. Lo contrario sería contraproducente. Bien lo sabemos: molestamos. Pues molestemos. Salgamos al Camp Nou a plantar nuestra bandera, esa que enarbolamos un 14 de octubre. Hace muchos años que el sevillismo reclama competir en estos escenarios. Es el momento. Tenemos el deber de defender hasta el último segundo nuestra condición. Siempre con humildad, pero sin olvidar que este Sevilla FC campeón se ha hecho a sí mismo desde la osadía. No somos más que nadie, pero tampoco menos. Luchemos por lo nuestro. 

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt





miércoles, 19 de septiembre de 2018

¿Nos hacemos a la idea?

sevillafc.es

Sin paños calientes. Fue un desastre. Todo. El Sevilla FC se desnudó en cuanto llegó a Nervión un equipo que sabe a lo que juega. Y muy bien. El Getafe tiene un modelo. Un estilo de juego definido. Una idea. Y la ejecuta a la perfección. En este apunte reside la disimilitud. El factor diferencial. ¿Tiene una idea de juego el Sevilla FC? Sí. Ahí radica el cambio respecto a los proyectos inmediatamente anteriores. El problema es que virar al estilo futbolístico que promulga Pablo Machín requiere de tiempo. Y de mucha paciencia. ¿Hay futbolistas para ejecutarlo? Sí, porque esta plantilla está sobrada de futbolistas con experiencia y calidad a los que les debe resultar relativamente fácil asimilar conceptos nuevos. Quizá estemos ante una plantilla inconclusa, pero es aventurado pensar que sea débil o escasa para afrontar tres competiciones. Montella dijo una verdad meridiana: no se interioriza un sistema con defensa de tres de la noche a la mañana. 

A partir de esta premisa deberíamos partir. Pero esto es Sevilla. Y esto es el Sevilla FC del siglo XXI. La paciencia es un término desterrado en el olvido del sevillismo. En gran parte, dicho sea de paso, fruto del nivel de exigencia que se ha marcado el Club. Mérito del Sevilla FC. La cuestión es si tenemos idea y si nos hacemos a ella. De juego es evidente, pero aún está en fase de construcción. Hay muchas piezas por encajar, algunas de compleja adaptación en gran parte porque se trata de un sistema de juego con novedosas variantes, pero que, de lograr su excelencia, da frutos. Y maduros. El sistema de Machín, bien ejecutado, dotaría de mucha solidez al equipo. ¿Estamos dispuestos a esperar? El Sevilla FC empieza a ser reconocible. Sí. Salga bien o mal, como contra el Getafe, se vislumbran automatismos y elementos tácticos que, si bien dependerán de los fríos resultados, marcarán el camino. El duro y arduo trayecto a lo que está por llegar: una nueva participación en la UEFA Europa League.  

¿Tenemos idea de lo que eso significa? Regresamos al lugar donde somos temidos por todos. Donde nadie quiere cruzarse con el Sevilla FC. Donde hemos grabado nuestro nombre a fuego lento y para la posteridad. El Pentacampeón está de vuelta, y su regreso a la Fase de Grupos está envuelto en demasiadas dudas. Ensombrecido por un pesimismo exacerbado. Nadie triunfa sin tropezar en el camino. Nadie. Que se lo digan a Juande Ramos o a Unai Emery, quienes estuvieron a punto de ser apeados en la cuneta al comienzo de sus respectivas andaduras. El Sevilla FC necesita hacer autocrítica y alejarse de polémicas infructuosas que descentran, porque el VAR tapó las debilidades del equipo tras el Villamarín y lo sepultó contra el Getafe. Sería impensable esperar que todo fluya a la perfección cuando apenas llevamos un mes de competición. El proyecto de Pablo Machín está en ciernes. En fase de pruebas. Recuérdenlo: los objetivos no se conquistan en septiembre. Antes hay que implantar una idea... y desarrollarla. 


Carlos Sánchez 
twitter: @cmsanchezt

domingo, 22 de julio de 2018

El patrón Dragutinovic

sevilla.abc.es



Recuerdo aquel 31 de agosto de 2005 como si fuera ayer. Todas las emisoras de radio nacionales conjugaron sus esfuerzos en generar un microrrelato que tendría un final inminente por decreto. El mercado de fichajes echaba el cierre a medianoche. Y, a las 23:30, sin apenas tiempo de reacción, saltó la noticia que todo sevillista se resistía a escuchar. El Real Madrid, mediante un comunicado, anunció que había depositado el importe de la cláusula de rescisión de Sergio Ramos. Sin duda, uno de los mayores exponentes de la Carretera de Utrera en el Siglo XXI, junto a Jesús Navas y Antonio Puerta. Fue una sensación extraña y desagradable. Entre la pesadumbre y el orgullo. Entre el vacío desolador que provoca que te arrebaten un trocito de la sangre de tu sangre y la fortaleza de saber que por encima del escudo del Sevilla FC solo están los miles y miles de locos de la cabeza que sustentan este maldito negocio. Todo lo demás es accesorio.

Y entonces, en la mayor de las amarguras, y tras sentirnos incompletos, salió a la luz el nombre de Ivica Dragutinovic. Ni más ni menos que con el reto de hacer olvidar a Sergio Ramos. La solución de urgencia de Monchi a escasos minutos de la medianoche. ¿Recuerdan qué sintieron entonces? Estoy convencido de que, como un servidor, pocos de ustedes lo conocían. Ni siquiera sabrían que jugaba en el Standard de Lieja y que era serbio. Y pensarían, como un servidor, que demasiado que el Sevilla FC pudo rehacerse sin margen de maniobra. Era un parche. Una ínfima tirita para cerrar una herida que ni con bisturí. Y resultó que, en pocos días, entre acusaciones de unos y otros actores, de páginas repletas de periódicos, de horas y horas de radio y televisión copadas por la abrupta marcha de Sergio Ramos, descubrimos que habíamos encontrado un central con las agallas de un comandante y el pundonor de uno de los nuestros. Así. De la nada. Del más absoluto desconocimiento. Y a última hora. Tirando por la borda todos los falsos mitos que se ciernen sobre una planificación eficiente. 

Desde aquel día me resisto a pensar que una buena planificación se mide por el tiempo en el que un Director Deportivo es capaz de conformar el esqueleto de una plantilla, sino que más bien todo forma parte de un proceso. Las planificaciones deportivas, como las notas en el colegio, deben evaluarse al final de temporada. Buena parte del sevillismo se halla inquieto, intranquilo, en esta fase de la presente pretemporada. Apenas han llegado fichajes y el equipo comienza a competir oficialmente el jueves 26 de julio. Recuerdo una frase recurrente de Monchi. Siempre decía algo así como que una planificación no podía depender de un título que se disputase en verano, pero sí que se supeditaba a si había o no clasificación europea. ¿Recuerdan qué ocurrió tras caer con el Sporting de Braga en 2010? El panorama cambió. De esperar a que llegaran fichajes de renombre a convertirse en punto de inflexión y comenzar una restructuración progresiva de la plantilla. Quizá, aunque no se anuncie a los cuatro vientos, estemos ante un ejemplo similar, salvando las distancias y las instancias. 

Me resulta muy complicado pensar que el actual bloque Sevilla FC, que superó por fin los cuartos de final de la Champions League ante el todopoderoso Manchester United, que le plantó cara al Bayern de Munich, y llegó a una final de la Copa del Rey no esté objetivamente capacitado para superar la eliminatoria contra el Újpest. Bien sabe la dirección deportiva que el equipo necesita ahora mismo cuatro o cinco fichajes, al menos, para cubrir carencias por todos conocidas. Nadie lo discute. Pero hay tiempo. Mucho tiempo. En el fútbol algo más de un mes es un mundo, y el objetivo es claro: apuntar bien para no precipitarse. Ese sí sería un contratiempo difícil de subsanar. Paso a paso. Menos mal que los profesionales viven aislados en gran medida del clamor popular. Menos mal. ¿Alguien, de verdad, tiene dudas de que Caparrós no va a conformar un equipo competitivo? Llevo años escuchando cómo se pone como ejemplo de planificación al Villarreal. Con todos mis respetos, simplemente con comparar las trayectorias de ambos clubes en la última década la comparación se diluye.

Entiendo que un sector importante del sevillismo esté deseoso de conocer nuevas incorporaciones, al fin y al cabo las novedades en materia de fichajes son los goles del verano. Pero tengan paciencia. Y recuerden el patrón de Dragutinovic, o de Drago -como prefieran-, quien, por cierto, luce victorioso por la piel del Ramón Sánchez-Pizjuán en detrimento de aquellos que un día abandonaron este barco con más pena que gloria: nada, absolutamente nada, garantiza que una planificación sea mejor o peor por cerrarse antes o después. La única herramienta de medición es el acierto. Esa es la clave. Y si aún creen que el 31 de agosto puede ser tarde, echen un vistazo a los últimos cuatro partidos de la pasada temporada, donde quedó patente que, con un cierto criterio, hay un grupo de trece-catorce futbolistas que tienen la calidad suficiente para afrontar los retos venideros. Los partidos amistosos, para coger rodaje y fijar automatismos; los fichajes, que mejoren lo que había. De toda la vida. Y llegarán, por supuesto que llegarán, y probablemente en cascada cuando se abra el grifo, pero es sumamente necesario mantener la cautela en un verano marcado por el Mundial y la inflación de precios. Más vale tarde... que equivocarse. 


Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt

domingo, 13 de mayo de 2018

Excusas, Caparrós



Necesito, para acallar las voces que remueven mi conciencia, empezar disculpándome con Don Joaquín Caparrós Camino. Sí, un servidor tampoco le encontró lugar en el banquillo del Sevilla FC una vez se marchó en el verano de 2005. Ni siquiera en tiempos de Manzano o Míchel sopesé su regreso. Hasta hace tres semanas. Nunca antes. Entonces sí, pedí su regreso inmediato públicamente y hasta en mis desesperadas plegarias. Me consta, por lo que pude percibir aquellos días, que ese grito se produjo casi al unísono entre el sevillismo. ¿Por qué será que muchos de los que sentimos este escudo como nuestro nos acordamos de él cuando nos sentimos heridos en nuestro orgullo? Quizá la respuesta sea tan simple como compleja. El fútbol, al final, solo es el elemento donde se deposita una pasión compartida por miles de personas. Y en ese terreno, Joaquín Caparrós es dios.  

Quedaban cuatro partidos de Liga por delante y la curva descendente del Sevilla FC se antojaba irrefrenable, de forma paradójica, en la temporada donde inició la partida con el mayor presupuesto de su historia. Obtener un billete continental se empezaba a vislumbrar como una quimera. Pero el Club maniobró a tiempo -quien sabe si una semana tarde como para haber acortado el cortejo europeo que dará comienzo a finales de julio-. Caparrós llegó, miró a los ojos a los jugadores y les hizo creer que valían para competir en la élite. O eso cuenta él. Porque los entrenadores, de puertas hacia fuera, mienten, como él mismo ha reconocido alguna que otra vez, para perpetuar entre cuatro paredes aquellos entresijos que nunca debieran salir de un vestuario. Pero reducir todo a ese logro sería injusto. Caparrós, además de resucitar a un cadáver, ha devuelto el orgullo al sevillismo. 

Nunca fue de vender motos. Y menos sin pintar. La demagogia en el discurso y en el césped, para otros. Excusas, cero. Siempre apeló al sentimiento y a los datos objetivos. Por partes iguales. Recuerden, hasta la muerte, que este señor recogió los deshechos de un equipo hundido en la miseria en el 2000 y plantó el germen del actual Sevilla FC. Ayer cerró el círculo. Se marcha para trabajar en la sombra con la tranquilidad del que ha cumplido con su cometido. Una vez más. Caparrós nunca falló al Sevilla FC y quizá al contrario sí, pero su pasión por este escudo prevaleció sobre su amor propio. Ha inyectado sangre en los ojos a cada uno de los acompañantes con los que ha compartido este breve -pero intenso- viaje. Y ha hecho mejor a los suyos. A todos. Muestra de ello, la recuperación para la causa de los tres fichajes invernales: Layún, Sandro y Roque.

Solo el tiempo ponderará en su justa medida la figura de Don Joaquín Caparrós. Quizá otros entrenadores tengan más nombre o hayan salido por la Puerta de Cristales del Ramón Sánchez-Pizjuán con títulos bajo el brazo. Sin embargo, él acabó con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada la última vez que se despidió del Club de su vida sin probablemente ser consciente de que realmente había ganado mucho más que plata: un rincón privilegiado y eterno en el corazón del sevillismo. El fin de semana que viene se sentará por última en un banquillo, en el local del Ramón Sánchez Pizjuán, como no podía ser de otra manera, y entonces comenzará una nueva etapa en su vida profesional. Ya es tarde para ofrecerle un contrato vitalicio en el Sevilla FC. Es tanto el agradecimiento como las disculpas que se le deben. Gracias por siempre, Joaquín.  

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt

lunes, 23 de abril de 2018

Heridos en nuestro orgullo

sport.es

Nunca había sentido tanta vergüenza. Ni siquiera en aquel último descenso a Segunda en el año 2000, cuando el Sevilla FC se arrastró a lo largo y ancho de España. A fin de cuentas, aquel equipo estaba a años luz de tratarse de la mayor inversión presupuestaria del Club. Un curso después de aquel borrón, nació el germen del actual Sevilla FC. La semilla de un proyecto que ningún sevillista hubiera imaginado jamás. Desde cero. Pero con la genética plasmada en el posterior himno de El Arrebato. Fueron tiempos difíciles, de zozobra, pero necesarios para adquirir perspectiva y ahuyentar las malas hierbas. Ahora, dieciocho años después, hemos tirado a la basura el legado construido desde aquella regeneración. No se trata de realizar comparaciones odiosas entre ambas épocas, sino de poner en entredicho la gestión institucional y deportiva actual que, si bien no supondrá un descenso a los infiernos, ha logrado algo todavía peor: herir nuestro orgullo.  

El bochorno en la final de la Copa del Rey es solo la guinda a una temporada inadmisible, por más que el Club intente edulcorarla con los éxitos conseguidos en el transcurrir de las competiciones cortas y la coartada de poder concluir todavía en puestos europeos. Nadie parece ser consciente -o esa es la impresión-, de puertas hacia adentro, de que la verdadera preocupación del sevillismo, a día de hoy, no es ya la indigesta asimilación de un ridículo puntual (que tampoco han sido contados esta temporada ni mucho menos), sino el temor a mirar al futuro y ver las mismas caras que han permitido la degradación de un proyecto sólido y asentado; que han demostrado ser el problema y no la solución con las decisiones más que cuestionables que han tomado cada una de ellas en su ámbito de acción. Entre sueldos autoimpuestos, confecciones de plantillas deficientes sin retorno económico y declaraciones desafortunadas en rueda de prensa, José Castro, Óscar Arias y Vincenzo Montella han dilapidado, en un abrir y cerrar de ojos, la ilusión del sevillismo en la temporada con mayor gasto presupuestario en la historia del Sevilla FC en la conformación de la plantilla. 

De qué serviría pedir perdón a todos los que sintieron vergüenza el sábado si nada cambia. Hay miedo a que todo siga igual. A que el Sevilla FC siga gobernado por quienes guardaron en un cajón la llave de la ambición el día que Monchi salió por la puerta. La única solución pasa por el cese de los máximos responsables de la parcela deportiva y la dimisión del Presidente cuando concluya la temporada. Si no antes. Que solo uno de estos tres actores continúe un minuto más allá sería una irresponsabilidad supina. Es necesario empezar de nuevo. Regenerar el esqueleto de la entidad. Apostar por personas de Club, que impregnen de sevillismo cada rincón de la Ciudad Deportiva y sepan explicar a los que se ponen las botas que este sentimiento centenario ni se mancha ni se usurpa. Volverá el Sevilla FC. Por supuesto. Porque hasta en el peor de los escenarios cuenta con una legión de locos de la cabeza incondicionales. Tocados y heridos, pero nunca hundidos. Ellos son el Sevilla FC. Y a ellos se les debe reparar el daño causado. Estará interesante la presentación de la campaña de abonados para la 18/19. Esperemos que ya en un Ramón Sánchez Pizjuán limpio y libre de cargas.


Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt 

lunes, 19 de febrero de 2018

A nada de serlo todo en la Champions

sevillafc.es


'Bienvenidos al infierno de Nervión'
podría postularse como un buen hastag de recibimiento ante la visita de los diablos rojos de Manchester, un club con tanta historia a sus espaldas que impone solo con mencionar su nombre. Enfrente estará el Sevilla FC, el equipo de las mil y una vidas. Resurgió de sus cenizas cuando nadie daba un duro por él. O casi nadie. Ocurrió en Madrid, hace poco más de un mes. Sus fieles esperaban fecha y hora para su sepelio en La Almudena. Solo faltaba la puntilla. Pero, contra todo pronóstico, volvió a hacerlo. Una vez más. Se levantó más fuerte si cabe cuando su corazón languidecía, y en el mejor escenario posible. Ante un rival de enjundia y en un lugar donde ningún equipo nacional había logrado imponerse. A esto se refería José Mourinho en 2007, cuando cruzó los dedos para evitar al Sevilla FC en la Champions League. Desde entonces, todo, salvo Jesús Navas y el gen competitivo adquirido por el Club de Nervión, ha cambiado. 

Solo hay marcado un borrón en la hoja de ruta del Sevilla FC en la última década: la frustrante incapacidad para superar la barrera de los octavos de final de la máxima competición intercontinental. Más cuando su eliminación siempre ha sido a manos de rivales inferiores sobre el papel. Quizá se explique desde un prisma motivacional. Al Sevilla FC le ponen los retos, y en la machada del Metropolitano se halla la respuesta. Cuanto más grande el oponente, mayor el nivel de activación. El reto de derrotar al United se antoja complicado, pero ni mucho menos imposible. Está comprobado que intentar matar de antemano a este equipo es un craso error. Porque, además del ya mencionado carácter ganador que ha adquirido, cuenta con un factor de valor incalculable: el calor de una hinchada que hace de Nervión el mismísimo averno en las grandes citas. Por descontado que el Sánchez-Pizjuán será un hervidero para recibir a los diablos rojos, quienes, aparte de presumir de una vasta sala de trofeos, cuentan con un incuestionable potencial y una gran característica: la capacidad para desactivar las virtudes del rival, santo y seña del manual de estilo de José Mourinho. Pero, por su parte, pocos equipos compiten mejor que el Sevilla FC cuando se trata de rondas eliminatorias, donde saca a relucir su indomable vertiente depredadora.   

Es el momento idóneo de dar el paso definitivo para estar entre los ocho mejores equipos de Europa. Detrás habrá un ejército de guardianes preparados para llevarlo en volandas, y, sobre todo, un buen número de recursos en el césped para vencer al United. Fundamental para alcanzar el tan ansiado objetivo. Montella ha logrado lo más difícil: convencer al vestuario, transmitir su idea y recuperar la confianza de los pilares fundamentales del equipo. Ahora hay luz donde hace tan solo un mes se cernían alargadas sombras. Mérito indiscutible del entrenador, prejuzgado antes de pisar Sevilla por primera vez. La nueva posición de Jesús Navas y Mercado, la reinserción de N'Zonzi y el elevado rendimiento de Franco Vázquez, Correa o Muriel, entre otros, tienen la firma del técnico italiano, quien ha actuado con maña en sus decisiones dejando a un lado la fuerza. El arsenal en ataque del Manchester United es aplastante, pero el Sevilla FC, al nivel actual, y con Sarabia y Banega al mando de las operaciones, puede hacerle frente. Confíen. En Nervión estará la clave. Será fundamental ser contundentes (el déficit actual) para afrontar la vuelta con opciones reales de pasar. Quién iba a pensar echando la vista atrás que este contexto fuera posible. La plantilla debe creérselo, y quien mejor que toda su gente para mostrar el camino al Sevilla FC, cuando, una vez más, está a nada de serlo todo en la Champions. 

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt

jueves, 1 de febrero de 2018

En (las buenas) manos de Sergio Rico



Ni pretendo convertirme en abogado del diablo ni tengo la más mínima intención de ser defensor de ninguna causa perdida. No es el caso. Más que nada porque creo, sinceramente, que Sergio Rico no necesita mayor defensa que un simple vistazo a su trayectoria en el Sevilla FC. Quien sabe si, por poner un ejemplo de peso, seríamos pentacampeones de Europa si no fuese por aquella parada a bocajarro a Morata en el último segundo del último encuentro de la Fase de Grupos de la Champions de la 2015-16 que nos reenganchó a la Europa League... El error contra el Leganés fue grosero e inexplicable. Pero más inexplicable es cebarse con uno de los nuestros, quien recuerden, les guste o no, va a defender la portería del Sevilla FC de aquí a mayo al menos... ¿Por qué? Porque ahora mismo es el mejor portero de la primera plantilla. Objetivamente. O se cierran filas en este asunto, o nos pegaremos un tiro en el pie si echamos a los leones a un tipo al que, de veras, le duele este escudo. Y el mayor perjudicado será el Sevilla FC. 

Es evidente que Sergio Rico mostró una preocupante falta de contundencia tanto en la acción contra el Getafe como contra el Leganés. Erró. Es indiscutible. Erró de forma aparatosa, más allá de que pueda existir o no falta en alguna o en ambas jugadas. A mi juicio, en ninguna. Pero esta cuestión sí es discutible. Dio la cara más tarde y asumió su fallo. Sin excusas. Sin prebendas. Muy pocos lo hacen, por cierto. Pero es que antes, inmediatamente después de fallar en esa acción, tuvo la valentía de salir a por dos balones divididos sin afectarle aparentemente lo sucedido. Ese es el mejor síntoma que puede mostrar un portero herido (como así me ha comentado el añorado Andrés Palop, con el que he podido departir sobre ambas jugadas). Es quizá la presión de un ambiente enrarecido e irrespirable el que puede afectar al futbolista, e insisto, una vez más, el mayor perjudicado es el Sevilla FC. Y, aun así, ha tenido la fortaleza de salir a defender la portería del Sevilla FC (les podría dar nombres de jugadores que, tras ser pitados o reprobados por su propia afición, no pudieron ni calzarse las botas). ¿De verdad piensan que Sergio Rico lo estará pasando bien? 

Ahora es cuando más hay que estar a su lado, porque se trata de una demarcación estrechamente ligada a la confianza, y de una situación coyuntural y pasajera provocada por quién sabe qué factores o que ni siquiera exista un motivo determinado. Estoy convencido. No por intuición personal, sino porque hay un amplio historial de precedentes de actuaciones soberbias donde ha demostrado su enorme valía. Sergio Rico es un portero muy válido para este Sevilla FC. No pretendo con esto la aprobación de cada uno de ustedes, faltaría más y libres son de expresarse como bien quieran en los próximos partidos en el Ramón Sánchez-Pizjuán (odio encarecidamente los términos buen y mal sevillista), pero reflexionen qué le viene mejor al equipo. Cuando se silba a un jugador, la presión se traspasa al resto de sus compañeros. Personalmente, me produce una enorme tranquilidad saber que un tipo como Mercado, curtido en mil batallas, con un carácter férreo y que sabe de qué va esto, dijera tras el partido contra el Leganés que "aquí ganamos y perdemos todos". Palabra de capitán. Gentileza de excelente compañero. ¿Qué pensara Muriel ahora, verdad? Con el agravante de que la soledad del portero es tan hiriente en ocasiones, que puede tender a la autoflagelación hasta límites insospechados. Con sus aciertos y sus errores -muchos más los primeros, y si no tiren de hemeroteca...-, Sergio Rico es el primer Guardián en el campo. Y con él hay que ir a la guerra, porque de unas cuantas nos ha librado, y si no echen la vista atrás a la eliminatoria contra el Atlético de Madrid. Estamos en buenas manos. Y volverá a ser determinante. Seguro.

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt

miércoles, 24 de enero de 2018

Un corazón que vuelve a latir

sevillafc.es

'Nunca te rindas', rezaba el tifo que el Sevilla FC instauró en Fondo con el objetivo de alentar a los once guerreros ávidos de revancha que saltaron al césped del Ramón Sánchez-Pizjuán contra el Atlético. Se trataba de ponerse en pie otra vez (sí, otra vez) después de hincar la mano en el suelo siete días atrás para tomar impulso con la casta y el coraje perdidos progresivamente, de manera incomprensible, en los últimos tiempos. El Sevilla FC agonizaba hace una semana. Su corazón llevaba meses maltrecho. Apenas latía, si acaso para respirar un justo y necesario hilo de vida. Se hallaba desorientado, o eso creímos... Porque, una vez más, ha vuelto a levantarse a las puertas del cementerio. Y ya son unas cuantas. Tantas o más en este siglo como vidas tiene un gato. Qué manera de resurgir de sus cenizas. Ni el más optimista del lugar imaginó un giro de guión de tal magnitud, solo comprendido en alguna extravagante cinta de autor, cuando todo el sevillismo solo rogaba, entre plegarias, que el dolor acabase lo antes posible. 

Y todo gracias a un cirujano, bien hallado en Italia, de nombre y apellido Vincenzo Montella. Tardó dos semanas en detectar la disfunción que debilitaba el corazón del Sevilla FC, pero, una vez halló la herida, la cerró con la destreza quirúrgica de un doctor e inyectó litros de sangre renovada. Nada parece quedar de aquel ente pálido que deambulaba esperando su final. Y es que, más allá de consumar el enésimo éxito deportivo que implica jugar una nueva semifinal de Copa del Rey dos años después, su gran aportación hasta la fecha es, sin duda, haber devuelto al Sevilla FC su gen competitivo. Ese que afrenta al rival sin complejos y vende muy cara su piel. Ha restaurado el ánimo de una plantilla desangelada y desorientada en un tiempo récord. Esta es la principal clave del resurgir del Sevilla FC. Ahora, cada uno sabe cuál es su función en el terreno de juego, y, a su vez, cada pieza individual forma parte de un engranaje perfecto bajo la batuta de Éver Banega y Pablo Sarabia, a quien el tiempo siempre pone en su sitio. Bendito fichaje el suyo. 

El Sevilla FC ha recuperado el alma. Y un estilo de juego que encarna sus valores. Más bien se ha reencontrado con sus raíces. Ha regresado a un fútbol eléctrico, de película de suspense. Cierra filas, defiende junto, pero cuando sale en transición ofensiva... asusta. Un maremoto descontrolado. Cuánto echaba en falta el público de Nervión un equipo vertical y directo. Esto también es obra de Montella, al que habría que mirar de frente y agachar la cabeza. Y la mayor paradoja de esta historia es que quien lo eligió ha recibido críticas a diestro y siniestro desde que se sentó por primera vez en el despacho de alguien insustituible. Para Óscar Arias, lo fácil, tras la destitución de Berizzo, hubiese sido contratar un parche y esperar a formar un nuevo proyecto el próximo verano (un servidor también lo creía así), pero, fiel a su forma de pensar, fue con todo a por su primera opción a sabiendas de que, probablemente, se jugaba su última bala. Supo regatear la presión, antes de tomar una decisión precipitada, cuando todo el mundo pedía un entrenador inminentemente, a pesar, insisto, del ensordecedor ruido mediático. En tan solo una semana ha resultado que esta plantilla tiene un potencial interesante (evidentemente mejorable, siempre es así en cualquier caso). Ayer sí hubo rendición. La de una afición que ha recuperado el sentimiento de pertenencia hacia su escudo, y que bien entenderá con el paso del tiempo que Arias, hasta la fecha, ha acertado, al menos, igual que ha errado. No den nunca por muerto al Sevilla FC.  


Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt

   

lunes, 8 de enero de 2018

Que nadie les engañe

sevillafc.es

Nunca será un partido más. Que nadie les engañe. Ganar un derbi deja siempre un regusto diferente (sea cual sea el estatus de cada equipo en ese momento); perder duele como un hermano. Al fin y al cabo somos eso: hermanos. Que se lo digan a quienes osan nombrar a nuestro eterno rival desde otros lares. Somos eso también: eternos rivales. Por y para siempre. Cuando uno ríe, el otro llora. Nunca habrá paz para ambos. Una dualidad tan pasional e intensa como añorada cuando es bien entendida. Agotadora hasta la extenuación. Siempre quiero ganar al Betis. Hasta en sueños. Pero encajo la derrota cuando llega. Como cualquier sevillista de bien. Como cualquier bético de bien. Que nadie les engañe. Un ejemplo: mi primito. Bético, como su padre. El sábado, nada más finalizar el derbi, recibí una nota de voz: "Gracias, primo, otra vez os tocará a ustedes. Seguro que en el Benito Villamarín os toca". Tiene nueve años. Siempre que el Sevilla FC venció en ediciones anteriores, me felicitó. El primero. Bien sabe él a su temprana edad que los derbis son diferentes. Para bien y para mal. Siempre estorban. Consumen demasiadas energías. También al ganador. Enhorabuena al beticismo.  

Nunca será un partido más. Que nadie les engañe. El derbi condiciona y entorpece. Siempre. El ganador inocula una inyección de moral y el perdedor entra en un túnel donde la visibilidad se reduce hasta divisar una neblina gris. Casi negra. El ambiente se torna insoportable en la casa del derrotado. La presión mediática se recrudece, el margen de error se estrecha y las decisiones se precipitan. Caerán los fichajes en el Sevilla FC porque la bala de ofrecer cabezas a la afición ya se gastó. ¿Y después, qué? Perder un récord de imbatibilidad en tu estadio a manos de tu eterno rival es doloroso. Muy doloroso; alejarse del objetivo en la Liga con el mayor presupuesto en la historia del Club, mucho más. Pero sentir que una buena parte del sevillismo da por finiquitada la temporada... Ahí reside la mayor tristeza. Sin duda. Hemos llegado a un punto de difícil retorno en la presente temporada. Devolver la ilusión al sevillismo debería ser el primer propósito en un cuaderno con tachones en rojo plagado de necesidades. La llegada de nuevas incorporaciones puede ser la solución de urgencia, pero, como ocurrirá probablemente con Montella, estos movimientos adquieren normalmente un efecto efervescente. De más a menos. Que nadie les engañe. La cuestión es estructural.

Llegados al ecuador de la temporada, la sensación es que el Sevilla FC, más que mantenerse vivo en todas las competiciones, deambula a la espera de que un ciclón se cruce en su camino y arrase con su maltrecho esqueleto. Carente de columna vertebral, de un tipo, uno solo, que enseñe en el vestuario el significado de este escudo y explique que un derbi se gana con más atributos que talento; en búsqueda continua de una identidad como equipo -complicado mientras nadie asuma galones-, y con una alarmante falta de presencia y toma de decisiones por parte de los rectores de la entidad, ocultos entre cifras desorbitadas autoimpuestas. Maldito momento, pensarán... O no. Quien sabe si con 300.000 euros las penas son menos penas. Y mientras tanto, el sevillismo solo pide depurar responsabilidades. En el sueldo va la obligación. Los focos se ciernen sobre el césped, pero los verdaderos artífices de este despilfarro de recursos se sientan en el palco. Monchi servía de escudo; Óscar Arias no tiene quien dé la cara por él. ¿Para qué? Si probablemente será la próxima cabeza de turco. En sus manos está recobrar la ilusión del sevillismo. Todo o nada en un proyecto que puede llegar a su fin antes que el gol de Fabián. Acertar en los remiendos este enero se antoja fundamental para entusiasmar de nuevo a quienes de verdad trajeron fútbol, honor y gloria al Club: el sevillismo. Que nadie les engañe.

Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt








sábado, 16 de diciembre de 2017

Desalmado

laverdad.es

Cuesta digerir el momento que vive el Sevilla FC. Quizá pueda resultar un tanto osada tal afirmación si echamos la vista atrás un par de décadas, pero la triste realidad es que el sevillismo se ha desilusionado de forma precoz. En un abrir y cerrar de ojos. Más allá de los desafortunados planteamientos de los partidos, de las pésimas lecturas durante su transcurso, de los esperpentos tácticos perpetrados y del escalofriante rendimiento individual de todos y cada uno de los futbolistas de la primera plantilla, duele, y mucho, ver a un equipo desalmado. Sin corazón. Abatido. Superado de principio a fin por su propia sombra. Irreconocible. Los tres últimos compromisos (Maribor, Real Madrid y Levante) han terminado por arrasar la maltrecha paciencia del sevillismo, hasta el punto de que ya muy pocos, ni siquiera los más optimistas como quien escribe estas líneas, ven factible una reacción si todo continúa igual: a la deriva. 

Nunca he sido partidario de despedir a un cuerpo técnico a mitad de una temporada. Me parece que, salvo contadas excepciones, es pan para hoy y hambre para mañana, pero es indudable que hay que dar un golpe en la mesa. Y un par de gritos en el vestuario. La idea de juego es inexistente. Sustentada en la inercia, carente de fundamento. Como la gestión de esta situación desde la planta noble, marcada por el silencio, solo roto en momentos puntuales para tapar las goteras con discursos prefabricados. Y en el fondo de la cuestión, en la raíz del problema, la profanación de lo innegociable. ¿Qué han hecho con el alma de este equipo? Su razón de ser. Su evangelio. ¿Quién ha desterrado la casta y el coraje? ¿Cómo es posible que nadie haya tomado medidas en este asunto? Puedes perder, pero nunca tus valores. Y la triste sensación del sevillismo, tan solo cuatro meses después de que arrancara la 'era Berizzo', es que, al menos en lo que resta de temporada, salvo que se tomen de una vez decisiones drásticas, vagará por los campos con el único deseo de mantener la dignidad. 

Y es que cuando uno sube el precio de los abonos hasta estrangular el bolsillo de muchos sevillistas, se le debe pedir, al menos, tomar decisiones directamente proporcionales a la exigencia impuesta, porque la subida injustificada del pasado verano también debería llevar implícita una cuota de responsabilidad, aún mayor si cabe, por parte del Consejo de Administración del Sevilla FC. Y más cuando se atente contra cuestiones inalienables al escudo. Ojalá solo se tratase de una carencia de patrón de juego. Que también. Pero, por desgracia, va mucho más allá. Es el estado de indolencia permanente en el que flota el equipo el que irrita al sevillismo. La cruda e indescriptible sensación de no sentirse representado por quienes defienden el escudo en el terreno de juego. El peor de los diagnósticos. Por suerte, la estructura es tan sólida que solo la fuerza de la corriente ha llevado al Sevilla FC a estar presente en todas las batallas que esperan con la llegada del nuevo año. En el horizonte se atisba fuerte oleaje, y solo la irrupción de líderes en todos los niveles del Club podría revertir esta bochornosa dinámica. Hay tiempo. Es la única esperanza. 


Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt 


domingo, 3 de diciembre de 2017

Pizarro nunca quiso ser conde

sevillafc.es

Guido Pizarro fue bautizado en Argentina como 'El Conde' cuando militaba en Lanús -actual subcampeón de la Copa Libertadores-, inmediatamente antes de emigrar a México para batallar en Tigres. Cuentan por aquellos lares que esta distinción fue otorgada con motivo de la intachable elegancia con la que domina y distribuye la pelota. Pero nada más lejos de la realidad, lo cierto es que ni siquiera la acepción sexta de la Real Academia Española de la Lengua, donde se recurre a su uso en Andalucía (hombre que manda y gobierna, después del manijero, las cuadrillas de gente rústica que trabajan a destajo), hacen honor a su posición social dentro del terreno de juego. Pizarro nunca quiso ser conde, porque en su alma habita un jornalero del fútbol. Un tipo que trabaja incansablemente por -y para- sus compañeros y que se empeña en dignificar el escudo del Sevilla FC.

Cayó de pie en Sevilla, como era de esperar. Hace poco tuve la fortuna de conocer en persona a Don Pablo Blanco, futbolista con más partidos de la historia del Sevilla FC -por poco tiempo me temo- y actual Director de la Cantera, quien me reconoció entre anhelos que el sevillismo venera a los "Krychowiaks", esa clase de futbolistas que nunca se arrugan, que siempre van al corte como si del último lance de su vida se tratara. Pizarro pertenece a ese grupo. A la vista está. Su oscuro trabajo sustenta a la aterciopelada cadena de orfebrería que aglutina el centro del campo del Sevilla FC. Inexpugnable en la parcela ancha, es el mejor regalo que podía recibir el sevillismo antes de echar a rodar el mercado invernal... y después de 'borrarse' N'Zonzi. Porque el centrocampista argentino ha demostrado una personalidad desbordante en el momento necesario. Justo cuando se temía que la baja del irreductible francés supusiera una fractura irreconducible.

Soberbio como ancla, aseado en la salida de balón y con un enorme carácter competitivo, Pizarro es hombre de campo. Brega sin descanso en la sombra, con las extremidades despellejadas del que dedica su vida a una profesión donde unos hacen el trabajo sucio para que otros se lleven la panoja. Y lejos de incomodarle en un mundo donde los egos desorientan, él se siente en calma. Sabe de su cometido y lo ejecuta de forma notable. Sin alardes. Y a mucha honra. Pizarro rehúye de títulos concedidos a dedo, es consciente de que los focos son para otros. Bendito el día en que Berizzo se encaprichó de él. Pueden estar seguros de que mientras esté en Nervión hará suya aquella máxima de Krychowiak cuando confesó que jugó lesionado la final de la Copa del Rey contra el Barcelona: "Nunca dejaría en la estacada a mis amigos". Pizarro es de esos. Respiren tranquilos... 

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt

domingo, 12 de noviembre de 2017

Palop: "El gol de Donetsk simbolizó la casta y el coraje que caracterizan al sevillismo"

Sevilla530

15 de marzo de 2007. Donetsk. Minuto 93 de partido. El Sevilla FC, vigente campeón de la Copa de la UEFA, está a punto de caer eliminado en octavos de final a manos del Shakhtar. Entonces emerge la figura del mejor portero de la historia del Sevilla FC, reconocimiento incluso anterior a obrar un milagro solo al alcance de aquellos que reposan en el olimpo. Un gol ajeno a la casualidad, marcado con el alma de un equipo que encumbró al club al cénit del fútbol nacional y europeo. Es Andrés Palop, santo y seña del sevillismo, quien recibe a Sevilla530 en Valencia, su tierra natal, a la espera de un nuevo proyecto para continuar la carrera como entrenador que comenzó dos años atrás. Desde la distancia, reconoce que siente al Sevilla FC muy cerca, tanto que se le eriza la piel cuando recuerda que su imagen posa para la eternidad en la lona de Preferencia del Ramón Sánchez-Pizjuán, el lugar donde enseñó a tantos y tantos que la casta y el coraje son innegociables cuando te pones la camiseta del Sevilla FC. Con ustedes, el héroe de Glasgow. 


- Sevilla530: - Tu trayectoria deportiva dio un giro inesperado cuando llegaste a Sevilla con 32 años, después de jugar muy poco en el Valencia...

- Andrés Palop: - Llegó en el momento justo. Tengo que agradecerle mucho al Sevilla FC por acordarse de mí, porque, evidentemente, con 32 años, las posibilidades de desarrollar mi profesión eran cada vez más limitadas. Cuando me llamó Monchi se me abrió el mundo. Cogí las maletas sin pensarlo.

- ¿Que te llame un Director Deportivo como Monchi, que además fue portero, influyó en tu decisión? ¿Cómo fue aquella llamada? 

- Recuerdo que tuvimos un contacto previo. Una vez que fui a Sevilla a jugar con el Valencia y entrenamos en la Ciudad Deportiva del Sevilla FC, Monchi se presentó allí y me pidió los guantes para su hijo Alejandro. Aquel detalle me motivó porque me extrañó que se fijara en un portero como yo, que por aquel entonces jugaba poco. Y en 2005 me firmó. Me comentó que siempre me siguió, nos conocíamos desde su etapa como portero, y esperó a que pudiese salir del Valencia. Acerté de pleno. 

- ¿Fueron los mejores años de tu carrera deportiva?

- Valoro todo lo que me ha pasado en su justa medida. En Villarreal conseguí un ascenso a Primera. Fue como un título; después, en el Valencia, conseguimos títulos, dos finales de Champions League... Pero, evidentemente, en el Sevilla FC fue donde más disfruté. Vi al club crecer en todos los aspectos. Lo viví desde dentro y siendo capitán. Siento al Sevilla FC muy cerca. Como si fuera un canterano más. 

"En el Sevilla FC fue donde más disfruté. Vi al club crecer en todos los aspectos. Lo viví desde dentro y siendo capitán. Siento al Sevilla FC muy cerca. Como si fuera un canterano más"

- ¿Qué sientes al verte en la lona de preferencia del Sánchez-Pizjuán?

- Mucha gratitud al club por meterme en ese selecto grupo de jugadores que son historia del Sevilla FC. Estar ahí es un privilegio. Te contaré una anécdota. Yo llegué el año del Centenario, y, cada vez que enfilaba el vestuario, me fijaba en una placa que puso el club donde estaban los cien mejores jugadores del Sevilla FC hasta entonces. Siempre me quedaba mirándola y me iba directo a la letra P, pero mi nombre no estaba. Pensaba siempre '¡qué pena haber llegado un poco tarde!'. Me hubiera hecho mucha ilusión estar en ese lugar, y, entonces, desde el primer instante, lo convertí en un reto, en una motivación más. Imagínate ahora lo que siento al estar representado en la fachada del estadio. Lo conseguí. Se me pone la piel de gallina cuando pienso que mi trabajo me ha valido ese reconocimiento. 

"Se me pone la piel de gallina cuando pienso que mi trabajo me ha valido el reconocimiento de estar en la fachada del Sánchez-Pizjuán"

- ¿Te quedó alguna espinita? ¿Quizá aquella Liga de 2007...?

- Bueno, no puede considerarse una espinita. ¡Hubiéramos hecho un triplete! Éramos conscientes de la dificultad que entrañaba ganar una Liga. Cierto es que cuando ves que la pierdes de la manera que la perdimos, te derrumbas. Cuando acabó el partido de Mallorca rompí a llorar. No quise entrar al vestuario para que no me vieran mis compañeros. Habíamos tenido mucha presión durante toda la temporada. Fue de las pocas veces que lloré en el fútbol. Pero no, aquello no fue una espinita, sino un orgullo. Fue la mejor temporada del Sevilla FC. Sin embargo, sí tengo una espinita clavada con la Champions League: no habernos quitado ese peso de superar los octavos de final. Era el siguiente paso, estar entre los mejores. 

"Cuando acabó el partido de Mallorca rompí a llorar. No quise entrar al vestuario para que no me vieran mis compañeros. Habíamos tenido mucha presión. Fue de las pocas veces que lloré en el fútbol"

- Un día te escuché decir que entregarías todos los títulos que lograste con el Sevilla FC a cambio de que Antonio Puerta estuviera presente...

- Es que la vida está por encima de cualquier logro. Para nosotros Antonio era una persona llena de vitalidad. Tenía un futuro espectacular, un hijo en camino... Si pudiera volver atrás, lo cambiaría todo porque estuviera entre nosotros. A todos nos llega nuestra hora, pero no fue justo. No era su momento. Lo pasamos muy mal. Fuimos a Grecia a jugar la previa de la Champions y estuvimos dos días sin parar de llorar. Cuando pasan estas cosas, uno se da cuenta de lo que es realmente la vida... 

- ¿Os devolvió a la realidad?  

- Yo me considero un futbolista atípico. Hablo por mí. A mí la vida me dio la oportunidad de ser futbolista por tener un talento puntual, pero nunca he cambiado mis hábitos. No tuve que esperar a que pasara una desgracia de tal magnitud para valorar ciertas cosas. Mi familia ha sido muy humilde toda la vida: mis hermanos siguen trabajando en el campo, mis padres han luchado muchísimo para sacarnos adelante, y yo intenté aprovechar la oportunidad que se me dio de ser futbolista profesional, pero nunca me aislé de la realidad. El entorno es lo más importante para un jugador de fútbol. Tengo mi mujer desde los 17 años, mis hijos, y una forma de actuar que creo que ha sido la ideal para ser la misma persona una vez dejé el fútbol. Yo, personalmente, nunca he vivido en una burbuja. Me he amoldado de forma natural a la vida que puede llevar cualquier persona.  

- Fuiste capitán del Sevilla FC. ¿Qué debe saber todo futbolista que se pone esta camiseta? 

- Tuve la suerte de tener maestros como Pablo Alfaro, Javi Navarro, Martí, David... Capitanes que vivieron una época dura del Sevilla FC, en la cual tuvieron que lidiar con situaciones difíciles. Aprendí muchísimo de ellos. Cuando me tocó ser capitán fue una gran responsabilidad. Intenté transmitir a la gente nueva los valores del club: un Sevilla FC de casta y coraje. Busqué que adquirieran un sentimiento de pertenencia. Si consigues esto, todo funciona mejor. Además, al estar siempre tan cerca de los aficionados, me hacían llegar sus inquietudes e intentaba trasladarlo al vestuario. 
"Como capitán, tuve la suerte de tener maestros como Pablo Alfaro, Javi Navarro, Martí, David... Intenté transmitir a la gente nueva los valores del club: un Sevilla FC de casta y coraje"

- ¿Hasta qué punto influye el aliento del sevillismo en los éxitos del club? 

- ¡Es el motor! Para mí, personalmente, es el motor del Sevilla FC. Y creo que todos mis compañeros pensarán igual. Cuando funcionaba la grada, el equipo se sentía fuerte. También viví años en los que hubo problemas con la grada, y lo notamos muchísimo. El estadio parecía otro distinto. Los propios futbolistas nos dirigimos al club para que se arreglara la situación. Necesitábamos a nuestra gente. 
"El sevillismo es el motor del club. Cuando funcionaba la grada, el equipo se sentía fuerte. Necesitábamos a nuestra gente"

- ¿Te gustaría entrenar algún día al Sevilla FC?

- Yo creo en los procesos. En el crecimiento personal. Como jugador pasé por todas etapas, y ahora pienso exactamente igual como entrenador. Creo que hay que experimentar y pasar por todas las etapas para llegar algún día a aspirar a lo máximo. Evidentemente, claro que me gustaría entrenar al Sevilla FC, pero entiendo que tengo que estar preparado para poder desarrollar ese trabajo a ese nivel de exigencia. Todos no podemos entrenar al Sevilla FC. El club está ahora mismo en una dinámica muy importante, pero tengo esa ilusión, sí. 

"Evidentemente, claro que me gustaría entrenar al Sevilla FC, pero entiendo que tengo que estar preparado para poder desarrollar ese trabajo a ese nivel de exigencia. Todos no podemos entrenar al Sevilla FC. Creo en los procesos. En el crecimiento personal"

- Viajemos a Eindhoven. ¿Qué crees que hubiese ocurrido si no le haces esa parada a Viduka?

- Que hubiéramos ganado igualmente. Te lo digo sinceramente. Hubiese supuesto un golpe de efecto para ellos, sí... era el empate a uno, pero teníamos mucha confianza. Hubiésemos metido otros tres. Seguro. Tengo la total certeza de que hubiéramos sacado el partido adelante igualmente. 

- Eindhoven o Glasgow. ¿Cuál fue la mejor noche de tu vida deportiva?

- El título que recuerdo con más cariño es la Copa de la UEFA de Eindhoven. No hay comparación. Mi primera vez dentro del terreno de juego. Queda marcado. A nivel personal, la satisfacción por el partido que hice en Glasgow es inigualable. Tuve una actuación muy completa en todos los aspectos. Desde paradas importantes a darle una asistencia con la mano a Adriano... y, por supuesto, esos tres penaltis parados. 

- Aquella tanda de penaltis donde te vestiste de santo...

- Y eso que me falló lo más importante. Nunca había visto tirar un penalti ni a Jonatas ni a Torrejón. A Luis García, sí. Sabía que se lo iba a parar. Estaba seguro. Sabía dónde me lo iba a tirar. Cuando se acercaba a mí, pensé: 'Te lo voy a parar'. Cuando yo notaba esa sensación, no fallaba. Los otros dos fueron un compendio de intuición, momento de forma y confianza. Cuando se dirigían hacia mí, sin tener información previa, los analicé. Por ejemplo, Jonatas. Tenía mucha calidad. Entonces pensé que utilizaría el interior. Su golpeo natural, con derecha, era a mi izquierda. No había otra; con Torrejón, pensé que era defensa central, que era un momento delicado y que iba a asegurar... Esa capacidad de análisis me ayudó para acertar. 


Instante de la parada a Torrejón que dio la Copa de la UEFA al Sevilla FC

- ¿Como en Donetsk? 

- Cuando acababa los entrenamientos, me quedaba muchas veces a rematar centros de compañeros que se quedaban para practicarlos. Me gustaba experimentar la sensación de rematar en vez de parar. Por supuesto, no era una tarea de trabajo específica para mí, pero me gustaba. Quizá por eso rematé de forma tan certera. Cuando venía el balón hacia mí no me podía creer que me llegara. La pelota vino frontal y tuve que hacer el gesto para rematar a portería. Por suerte, salió perfecto. No podíamos caer de esa manera, éramos los vigentes campeones de la competición. Ese gol simbolizó, una vez más, la casta y el coraje que caracterizan al sevillismo.

"No podíamos caer de esa manera contra el Shakhtar. Éramos los vigentes campeones. Mi gol simbolizó, una vez más, la casta y el coraje que caracterizan al sevillismo"

- ¿Qué cualidades ves en Sergio Rico y David Soria? ¿Son dignos sucesores?

- Me parece que la característica más importante que reúnen ambos es su personalidad. Hay que recordar que tienen menos de veinticinco años, y no es fácil esa situación porque estamos hablando de un Sevilla FC con unas aspiraciones muy exigentes. Han sabido aguantar un ritmo de competición altísimo. Cierto es que todavía tienen mucho margen de mejora. Me consta que van a seguir creciendo por lo que hablo con Sergio Rico, al que conozco de entrenar con nosotros en mis últimos años en el club, y que, además, me ha pedido algún que otro consejo. En definitiva, les veo bastante completos en todas las facetas del juego, pero creo que con la humildad que irradian van a seguir creciendo aún más. Me siento orgulloso de ellos. La portería del Sevilla está muy bien defendida. No tengo dudas.

"Me parece que la característica más importante que reúnen Sergio Rico y David Soria es su personalidad. Me siento orgulloso de ellos"

- ¿Qué sensaciones te transmite este Sevilla FC?

- Es cierto que pensaba que el equipo iba a asimilar más pronto la idea de Berizzo, porque quizá el cambio radical de estilo se dio con Sampaoli y, al contrario de lo esperado, se asimiló rápido ese giro. En cuanto a resultados, creo que se han firmado buenos números dejando a un lado esa semana negra que vivió el equipo. Es verdad que al Sevilla FC le está costando encontrar las sensaciones, pero, sinceramente, estoy totalmente convencido de que este equipo, en el momento de que coja el punto a la idea del entrenador, va a ir a más. Seguro. Porque además me gusta mucho la idea de juego que pretende y propone Berizzo.

- Hablando de idea de juego, hay cierta parte del sevillismo que considera que el Sevilla FC debería regresar al estilo que proponía Juande Ramos...

- Mira, el año pasado pensé que esa idea de que el balón fuera para atrás tantas veces como fuera necesario no iba a encajar porque la gente se pondría nerviosa. Al sevillismo generalmente le gusta que el balón, una vez sale de la defensa, vaya para adelante sin retorno, pero me he dado cuenta de que al final el aficionado se adapta a cualquier propuesta si en ella va implícita los valores que se le presuponen al sevillismo: hambre, entrega... Si eres un equipo conformista, el sevillista se cabrea. El mejor ejemplo es la doble versión del Sevilla FC en el Camp Nou. El Sevilla FC puede caer, pero sin perder sus valores, como en la segunda parte de ese encuentro. Hay que incidir, más que en los resultados, en la actitud y en los valores, y darle continuidad a la idea de juego. A ver dónde nos lleva...

- ¿Entonces crees en Berizzo?

- A mí me gusta muchísimo porque es un entrenador que transmite humildad y trabajo. Tiene todo mi apoyo. A la larga nos daremos cuenta de que el Sevilla FC acertó al contratarle. Él sabe lo que significa este club y la exigencia que tiene este Sevilla FC. Lo sabe. Hay que apoyarle. Es un tipo con mucha experiencia en el fútbol. Ha sido internacional con Argentina. Hay que darle continuidad. Y, además, es un entrenador que sufre en la derrota, eso es importantísimo...

"Me gusta muchísimo Berizzo. Transmite humildad y trabajo. A la larga nos daremos cuenta de que el Sevilla FC acertó. Hay que darle continuidad. Sufre en la derrota, y eso es importantísimo..."

Carlos Sánchez 
twitter: @cmsanchezt