martes, 5 de marzo de 2019

Machín, el cielo antes de tiempo

sevillafc.es

Con Pablo Machín parece ocurrir lo siguiente: en las últimas fechas, la frustración y el desánimo se han convertido en el denominador común de los sevillistas cada vez que el Sevilla FC claudica. Vayan por delante tardes como Vigo, Villarreal y, sobre todo, Huesca, punto de inflexión. Días después, con el ritmo cardiaco regulado y el poso de las horas, volvemos a ver el panorama con perspectiva y a poner los pies sobre tierra firme. La realidad deportiva del Club, conforme a números y parámetros globales, mal que nos pese, está más cerca de este momento que vivimos que del espectacular -casi inmaculado- primer tramo de temporada donde el Sevilla FC se instaló en lugares ciertamente impensables. ¿Hay que conformarse con este llamativo declive del equipo? No, pero mucho menos perder la perspectiva. Machín cayó de pie en Nervión. Sensato y escrupuloso en su verbo, moldeó con premura, sorprendente facilidad y conforme a su ideario a la plantilla (con carencias, como todas, por cierto) que le entregaron en sus manos. Apenas le costó implantar su filosofía en el vestuario. Antes ya había convencido a Caparrós. Por qué sería. El nuevo proyecto pedía a gritos un entrenador conocedor de La Liga, alejado de la extravagancia y que recondujera la maltrecha imagen de equipo vulnerable que se había adjudicado por méritos propios la temporada anterior después de perpetrar varios ridículos indescriptibles. 


Quiero decir: Machín es el entrenador ideal para levantar un nuevo proyecto a medio-largo plazo. El argumento es sencillo: ya ha demostrado en diferentes tramos de la temporada que puede maximizar el rendimiento que se le presupone a esta plantilla, se ha ganado al vestuario hasta en las duras y, por encima de todo, tiene la capacidad de sacar el máximo rendimiento de sus futbolistas. Véase Ben Yedder. ¿O quién si no se cercioró de que poniéndolo junto a un delantero referencia como André Silva se convertiría en uno de los mejores atacantes del mercado europeo? Más allá de los resultados, que al final dejan en papel mojado hasta el más irrefutable de los argumentos, la trayectoria de Machín invita a pensar que se levantará de esta. Lleva más de media temporada afrontando con naturalidad una ingente plaga de lesiones que ha asolado al equipo. Y, siendo fieles a la verdad, la injustificable imagen del Sevilla FC lejos de Nervión ha de tratarse como un problema endémico, asociado incluso a cuestiones extradeportivas. Con mirar los resultados fuera de casa en la última década es suficiente. Pero que cada uno aguante su vela. El fútbol ya se ha encargado de demostrar en multitud de ocasiones que cambiar un entrenador a mitad de temporada pocas veces surte el efecto deseado. En la otra parte de la baraja, técnicos como Marcelino (Valencia) o Ávaro Cervera (Cádiz) resistieron hasta dar la razón a los rectores de sus clubes a pesar del clamor popular.

Es evidente que Machín debe dar un giro de tuerca a la situación. Que no tiene un buen porcentaje de responsabilidad en esta crisis sería negar la mayor. Pero estoy convencido de que está capacitado para hacerlo, aunque, en ocasiones, se empecine en proyectar una imagen de irritante inmovilidad. De profundo temor al cambio. Hay indicadores concluyentes de que es un entrenador con altura de miras, preparado y metódico para encabezar este proyecto. Y más si llegase a contar con una plantilla hecha a su medida. Ya demostró en la primera parte contra el Barcelona que, aunque parezca mantenerse inflexible en su idea de colocar tres centrales, guarda soluciones en la chistera. Le falta perderle el respeto al error. Ya lo hizo en septiembre cuando pasó a jugar con dos puntas. Lo volverá a hacer. Porque, insisto, ya lo ha hecho. Personalmente, no creo que le haya llegado pronto la oportunidad, sino que tocó el cielo tan rápido que la tierra ya nos parece poco. Hay que tener paciencia, aunque esto sea como pedirle peras al olmo. Como siempre, y una vez más, una temporada para el Sevilla FC son cinco para el resto de clubes. Siempre se hacen largas. Ocurre de todo. Arriba y abajo, en el césped. Hasta que llega la bendita primavera. Ya advirtió Machín en días de bonanza que llegarían tiempos peores. Pues aquí estamos. Vencidos, pero no vendidos. Sigo pensando que Machín es lo mejor que nos ha pasado desde Emery. Sólo el tiempo dirá. El cielo le queda cerca para regresar. A siete paradas.   


Carlos Sánchez 
Twitter: @cmsanchezt

domingo, 9 de diciembre de 2018

Que no tengamos que perderla...

sevillafc.es

Ando últimamente con la reconfortante sensación de que a este Sevilla FC de Pablo Machín cuesta dios y ayuda tumbarlo. Que si el guion de Mestalla hubiese sido el opuesto -haber llegado al minuto noventa perdiendo por uno a cero-, también les hubiésemos empatado. En el peor de los casos. Pero ando también receloso, porque el exceso de confianza a veces puede llevar a lugares arrasados por la codicia; a rincones donde el olvido es capaz de engullir con extrema virulencia a los más apuestos caballeros. Tengo la convicción absoluta de que este Sevilla FC es ya un equipo con mayúsculas, en su sentido más amplio, desde el primero de los futbolistas hasta el último de los integrantes del cuerpo técnico, pero reconozco abiertamente que me aterra la idea de que nos arrebaten los jueves de primavera a las primeras de cambio. Sin estar preparados. 

Más cuando, si eso ocurre, será por demérito nuestro, por sestear sin escrúpulos lejos de Nervión bajo el manto de nuestra presunta superioridad en las recientes visitas al Viejo Continente. Así de sencillo; así de doloroso. Por suerte, nos queda un último intento para enmendar un error que sería mayúsculo. Cualquier pretexto, hasta el escaso número de guerreros en liza de los que disponemos, sería injustificable. Haber probado las mieles de las élites europeas nunca debería ser razón ni excusa para olvidarnos de lo nuestro. De nuestro gran amor. De la Europa League. Nos apartamos de ella durante un breve espacio de tiempo para dar rienda suelta a nuestra ambición, pero volver a ella, a por ella, nunca debería ser un paso atrás, sino la prolongación de una historia a la que le quedan muchas páginas por escribir. Y la del jueves debe tener final feliz. Sí o sí. Por ella. Por nosotros. 

Tengo pánico de ser apartados del camino de forma despiadada. Inesperada. Es tanto el deseo de llegar lejos con ella, que la incertidumbre se hace insoportable. Nunca debimos llegar a esta situación, pero ya nada se puede hacer. Sólo queda mirar hacia adelante y afrontar el partido del jueves como si del último trago se tratara. Se presenta ante ti, ante mí, ante nosotros, un nuevo llamamiento para demostrarle a Europa que las heridas de nuestro cuerpo están grabadas con el fuego del infierno. Que en el Sánchez-Pizjuán se anima aunque vayamos perdiendo. Porque por más que el Sevilla FC sea un equipo fiable y sólido, es en estas noches cuando se requiere de los Guardianes de Nervión. Porque sin ellos, Sevilla FC, no serías nada. Porque no hay equipo grande sin hinchada a la altura. Cerrad los puños y alentad a los de 'colorao' para que el frío ruso no nos congele el corazón. Que no tengamos que perderla para darle el valor que tiene...

Carlos Sánchez 
Twitter: @cmsanchezt

domingo, 14 de octubre de 2018

Lo nuestro

sevillafc.es

Toca defender lo nuestro. Lo que nos hemos ganado a pulso. Por derecho propio. Tras coquetear durante una semana con las nubes, y después de erguirnos de orgullo al mirar hacia abajo, estamos ante una oportunidad única de hacernos sentir en un escenario practicamente infranqueable. El líder de La Liga visitará el Camp Nou. No, no se preocupen. No han perdido la cabeza. Así es. Se trata de un hecho objetivo, y, por tanto, incuestionable. Suena bien, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad. Nadie en su sano juicio cree a estas alturas que el Sevilla FC pueda o vaya a ganar la Liga, pero nunca dejemos que nos arrebaten lo nuestro. Nada es fruto de la casualidad. Si cuando el Sevilla cayó estrepitosamente contra el Getafe en el Sánchez-Pizjuán se decía que estábamos en el lugar que nos correspondía por juego y sensaciones, ¿por qué ahora no? 

La única posesión que importa en el fútbol -como en la vida- es la de la verdad. La realidad al final aplasta al que intenta desvirtuarla con ilusiones ópticas o globos sonda. El Sevilla FC es el líder de Primera División, con todos sus goles a favor y en contra computados. Ni uno más ni uno menos. Alejémonos de aquellos que viven constantemente buscando coartadas para tapar sus carencias y olvidémonos de los que nos quieren convertir en invisibles. Que son muchos. Sigamos nuestro camino y luchemos. Sí, por lo nuestro. Nadie nos ha regalado nada. Ganar cuatro partidos consecutivos en un campeonato tan igualado tiene un valor incalculable. El liderato puede ser temporal, quien sabe, pero nunca accidental o circunstancial, porque asumirlo sería restarle mérito a la excelente labor de la plantilla y cuerpo técnico y dar alas a los interesados. 

Sí, somos líderes. Díganlo con la boca grande, sin titubeos, aunque les recuerden a menudo que lo somos con la peor puntuación desde hace décadas o porque otros no están al nivel que se les presupone. ¿Y qué? ¿Es que acaso debemos pedir perdón por serlo en ese contexto? Miremos al frente y continuemos nuestro camino. Lo contrario sería contraproducente. Bien lo sabemos: molestamos. Pues molestemos. Salgamos al Camp Nou a plantar nuestra bandera, esa que enarbolamos un 14 de octubre. Hace muchos años que el sevillismo reclama competir en estos escenarios. Es el momento. Tenemos el deber de defender hasta el último segundo nuestra condición. Siempre con humildad, pero sin olvidar que este Sevilla FC campeón se ha hecho a sí mismo desde la osadía. No somos más que nadie, pero tampoco menos. Luchemos por lo nuestro. 

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt





miércoles, 19 de septiembre de 2018

¿Nos hacemos a la idea?

sevillafc.es

Sin paños calientes. Fue un desastre. Todo. El Sevilla FC se desnudó en cuanto llegó a Nervión un equipo que sabe a lo que juega. Y muy bien. El Getafe tiene un modelo. Un estilo de juego definido. Una idea. Y la ejecuta a la perfección. En este apunte reside la disimilitud. El factor diferencial. ¿Tiene una idea de juego el Sevilla FC? Sí. Ahí radica el cambio respecto a los proyectos inmediatamente anteriores. El problema es que virar al estilo futbolístico que promulga Pablo Machín requiere de tiempo. Y de mucha paciencia. ¿Hay futbolistas para ejecutarlo? Sí, porque esta plantilla está sobrada de futbolistas con experiencia y calidad a los que les debe resultar relativamente fácil asimilar conceptos nuevos. Quizá estemos ante una plantilla inconclusa, pero es aventurado pensar que sea débil o escasa para afrontar tres competiciones. Montella dijo una verdad meridiana: no se interioriza un sistema con defensa de tres de la noche a la mañana. 

A partir de esta premisa deberíamos partir. Pero esto es Sevilla. Y esto es el Sevilla FC del siglo XXI. La paciencia es un término desterrado en el olvido del sevillismo. En gran parte, dicho sea de paso, fruto del nivel de exigencia que se ha marcado el Club. Mérito del Sevilla FC. La cuestión es si tenemos idea y si nos hacemos a ella. De juego es evidente, pero aún está en fase de construcción. Hay muchas piezas por encajar, algunas de compleja adaptación en gran parte porque se trata de un sistema de juego con novedosas variantes, pero que, de lograr su excelencia, da frutos. Y maduros. El sistema de Machín, bien ejecutado, dotaría de mucha solidez al equipo. ¿Estamos dispuestos a esperar? El Sevilla FC empieza a ser reconocible. Sí. Salga bien o mal, como contra el Getafe, se vislumbran automatismos y elementos tácticos que, si bien dependerán de los fríos resultados, marcarán el camino. El duro y arduo trayecto a lo que está por llegar: una nueva participación en la UEFA Europa League.  

¿Tenemos idea de lo que eso significa? Regresamos al lugar donde somos temidos por todos. Donde nadie quiere cruzarse con el Sevilla FC. Donde hemos grabado nuestro nombre a fuego lento y para la posteridad. El Pentacampeón está de vuelta, y su regreso a la Fase de Grupos está envuelto en demasiadas dudas. Ensombrecido por un pesimismo exacerbado. Nadie triunfa sin tropezar en el camino. Nadie. Que se lo digan a Juande Ramos o a Unai Emery, quienes estuvieron a punto de ser apeados en la cuneta al comienzo de sus respectivas andaduras. El Sevilla FC necesita hacer autocrítica y alejarse de polémicas infructuosas que descentran, porque el VAR tapó las debilidades del equipo tras el Villamarín y lo sepultó contra el Getafe. Sería impensable esperar que todo fluya a la perfección cuando apenas llevamos un mes de competición. El proyecto de Pablo Machín está en ciernes. En fase de pruebas. Recuérdenlo: los objetivos no se conquistan en septiembre. Antes hay que implantar una idea... y desarrollarla. 


Carlos Sánchez 
twitter: @cmsanchezt

domingo, 22 de julio de 2018

El patrón Dragutinovic

sevilla.abc.es



Recuerdo aquel 31 de agosto de 2005 como si fuera ayer. Todas las emisoras de radio nacionales conjugaron sus esfuerzos en generar un microrrelato que tendría un final inminente por decreto. El mercado de fichajes echaba el cierre a medianoche. Y, a las 23:30, sin apenas tiempo de reacción, saltó la noticia que todo sevillista se resistía a escuchar. El Real Madrid, mediante un comunicado, anunció que había depositado el importe de la cláusula de rescisión de Sergio Ramos. Sin duda, uno de los mayores exponentes de la Carretera de Utrera en el Siglo XXI, junto a Jesús Navas y Antonio Puerta. Fue una sensación extraña y desagradable. Entre la pesadumbre y el orgullo. Entre el vacío desolador que provoca que te arrebaten un trocito de la sangre de tu sangre y la fortaleza de saber que por encima del escudo del Sevilla FC solo están los miles y miles de locos de la cabeza que sustentan este maldito negocio. Todo lo demás es accesorio.

Y entonces, en la mayor de las amarguras, y tras sentirnos incompletos, salió a la luz el nombre de Ivica Dragutinovic. Ni más ni menos que con el reto de hacer olvidar a Sergio Ramos. La solución de urgencia de Monchi a escasos minutos de la medianoche. ¿Recuerdan qué sintieron entonces? Estoy convencido de que, como un servidor, pocos de ustedes lo conocían. Ni siquiera sabrían que jugaba en el Standard de Lieja y que era serbio. Y pensarían, como un servidor, que demasiado que el Sevilla FC pudo rehacerse sin margen de maniobra. Era un parche. Una ínfima tirita para cerrar una herida que ni con bisturí. Y resultó que, en pocos días, entre acusaciones de unos y otros actores, de páginas repletas de periódicos, de horas y horas de radio y televisión copadas por la abrupta marcha de Sergio Ramos, descubrimos que habíamos encontrado un central con las agallas de un comandante y el pundonor de uno de los nuestros. Así. De la nada. Del más absoluto desconocimiento. Y a última hora. Tirando por la borda todos los falsos mitos que se ciernen sobre una planificación eficiente. 

Desde aquel día me resisto a pensar que una buena planificación se mide por el tiempo en el que un Director Deportivo es capaz de conformar el esqueleto de una plantilla, sino que más bien todo forma parte de un proceso. Las planificaciones deportivas, como las notas en el colegio, deben evaluarse al final de temporada. Buena parte del sevillismo se halla inquieto, intranquilo, en esta fase de la presente pretemporada. Apenas han llegado fichajes y el equipo comienza a competir oficialmente el jueves 26 de julio. Recuerdo una frase recurrente de Monchi. Siempre decía algo así como que una planificación no podía depender de un título que se disputase en verano, pero sí que se supeditaba a si había o no clasificación europea. ¿Recuerdan qué ocurrió tras caer con el Sporting de Braga en 2010? El panorama cambió. De esperar a que llegaran fichajes de renombre a convertirse en punto de inflexión y comenzar una restructuración progresiva de la plantilla. Quizá, aunque no se anuncie a los cuatro vientos, estemos ante un ejemplo similar, salvando las distancias y las instancias. 

Me resulta muy complicado pensar que el actual bloque Sevilla FC, que superó por fin los cuartos de final de la Champions League ante el todopoderoso Manchester United, que le plantó cara al Bayern de Munich, y llegó a una final de la Copa del Rey no esté objetivamente capacitado para superar la eliminatoria contra el Újpest. Bien sabe la dirección deportiva que el equipo necesita ahora mismo cuatro o cinco fichajes, al menos, para cubrir carencias por todos conocidas. Nadie lo discute. Pero hay tiempo. Mucho tiempo. En el fútbol algo más de un mes es un mundo, y el objetivo es claro: apuntar bien para no precipitarse. Ese sí sería un contratiempo difícil de subsanar. Paso a paso. Menos mal que los profesionales viven aislados en gran medida del clamor popular. Menos mal. ¿Alguien, de verdad, tiene dudas de que Caparrós no va a conformar un equipo competitivo? Llevo años escuchando cómo se pone como ejemplo de planificación al Villarreal. Con todos mis respetos, simplemente con comparar las trayectorias de ambos clubes en la última década la comparación se diluye.

Entiendo que un sector importante del sevillismo esté deseoso de conocer nuevas incorporaciones, al fin y al cabo las novedades en materia de fichajes son los goles del verano. Pero tengan paciencia. Y recuerden el patrón de Dragutinovic, o de Drago -como prefieran-, quien, por cierto, luce victorioso por la piel del Ramón Sánchez-Pizjuán en detrimento de aquellos que un día abandonaron este barco con más pena que gloria: nada, absolutamente nada, garantiza que una planificación sea mejor o peor por cerrarse antes o después. La única herramienta de medición es el acierto. Esa es la clave. Y si aún creen que el 31 de agosto puede ser tarde, echen un vistazo a los últimos cuatro partidos de la pasada temporada, donde quedó patente que, con un cierto criterio, hay un grupo de trece-catorce futbolistas que tienen la calidad suficiente para afrontar los retos venideros. Los partidos amistosos, para coger rodaje y fijar automatismos; los fichajes, que mejoren lo que había. De toda la vida. Y llegarán, por supuesto que llegarán, y probablemente en cascada cuando se abra el grifo, pero es sumamente necesario mantener la cautela en un verano marcado por el Mundial y la inflación de precios. Más vale tarde... que equivocarse. 


Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt

domingo, 13 de mayo de 2018

Excusas, Caparrós



Necesito, para acallar las voces que remueven mi conciencia, empezar disculpándome con Don Joaquín Caparrós Camino. Sí, un servidor tampoco le encontró lugar en el banquillo del Sevilla FC una vez se marchó en el verano de 2005. Ni siquiera en tiempos de Manzano o Míchel sopesé su regreso. Hasta hace tres semanas. Nunca antes. Entonces sí, pedí su regreso inmediato públicamente y hasta en mis desesperadas plegarias. Me consta, por lo que pude percibir aquellos días, que ese grito se produjo casi al unísono entre el sevillismo. ¿Por qué será que muchos de los que sentimos este escudo como nuestro nos acordamos de él cuando nos sentimos heridos en nuestro orgullo? Quizá la respuesta sea tan simple como compleja. El fútbol, al final, solo es el elemento donde se deposita una pasión compartida por miles de personas. Y en ese terreno, Joaquín Caparrós es dios.  

Quedaban cuatro partidos de Liga por delante y la curva descendente del Sevilla FC se antojaba irrefrenable, de forma paradójica, en la temporada donde inició la partida con el mayor presupuesto de su historia. Obtener un billete continental se empezaba a vislumbrar como una quimera. Pero el Club maniobró a tiempo -quien sabe si una semana tarde como para haber acortado el cortejo europeo que dará comienzo a finales de julio-. Caparrós llegó, miró a los ojos a los jugadores y les hizo creer que valían para competir en la élite. O eso cuenta él. Porque los entrenadores, de puertas hacia fuera, mienten, como él mismo ha reconocido alguna que otra vez, para perpetuar entre cuatro paredes aquellos entresijos que nunca debieran salir de un vestuario. Pero reducir todo a ese logro sería injusto. Caparrós, además de resucitar a un cadáver, ha devuelto el orgullo al sevillismo. 

Nunca fue de vender motos. Y menos sin pintar. La demagogia en el discurso y en el césped, para otros. Excusas, cero. Siempre apeló al sentimiento y a los datos objetivos. Por partes iguales. Recuerden, hasta la muerte, que este señor recogió los deshechos de un equipo hundido en la miseria en el 2000 y plantó el germen del actual Sevilla FC. Ayer cerró el círculo. Se marcha para trabajar en la sombra con la tranquilidad del que ha cumplido con su cometido. Una vez más. Caparrós nunca falló al Sevilla FC y quizá al contrario sí, pero su pasión por este escudo prevaleció sobre su amor propio. Ha inyectado sangre en los ojos a cada uno de los acompañantes con los que ha compartido este breve -pero intenso- viaje. Y ha hecho mejor a los suyos. A todos. Muestra de ello, la recuperación para la causa de los tres fichajes invernales: Layún, Sandro y Roque.

Solo el tiempo ponderará en su justa medida la figura de Don Joaquín Caparrós. Quizá otros entrenadores tengan más nombre o hayan salido por la Puerta de Cristales del Ramón Sánchez-Pizjuán con títulos bajo el brazo. Sin embargo, él acabó con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada la última vez que se despidió del Club de su vida sin probablemente ser consciente de que realmente había ganado mucho más que plata: un rincón privilegiado y eterno en el corazón del sevillismo. El fin de semana que viene se sentará por última en un banquillo, en el local del Ramón Sánchez Pizjuán, como no podía ser de otra manera, y entonces comenzará una nueva etapa en su vida profesional. Ya es tarde para ofrecerle un contrato vitalicio en el Sevilla FC. Es tanto el agradecimiento como las disculpas que se le deben. Gracias por siempre, Joaquín.  

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt

lunes, 23 de abril de 2018

Heridos en nuestro orgullo

sport.es

Nunca había sentido tanta vergüenza. Ni siquiera en aquel último descenso a Segunda en el año 2000, cuando el Sevilla FC se arrastró a lo largo y ancho de España. A fin de cuentas, aquel equipo estaba a años luz de tratarse de la mayor inversión presupuestaria del Club. Un curso después de aquel borrón, nació el germen del actual Sevilla FC. La semilla de un proyecto que ningún sevillista hubiera imaginado jamás. Desde cero. Pero con la genética plasmada en el posterior himno de El Arrebato. Fueron tiempos difíciles, de zozobra, pero necesarios para adquirir perspectiva y ahuyentar las malas hierbas. Ahora, dieciocho años después, hemos tirado a la basura el legado construido desde aquella regeneración. No se trata de realizar comparaciones odiosas entre ambas épocas, sino de poner en entredicho la gestión institucional y deportiva actual que, si bien no supondrá un descenso a los infiernos, ha logrado algo todavía peor: herir nuestro orgullo.  

El bochorno en la final de la Copa del Rey es solo la guinda a una temporada inadmisible, por más que el Club intente edulcorarla con los éxitos conseguidos en el transcurrir de las competiciones cortas y la coartada de poder concluir todavía en puestos europeos. Nadie parece ser consciente -o esa es la impresión-, de puertas hacia adentro, de que la verdadera preocupación del sevillismo, a día de hoy, no es ya la indigesta asimilación de un ridículo puntual (que tampoco han sido contados esta temporada ni mucho menos), sino el temor a mirar al futuro y ver las mismas caras que han permitido la degradación de un proyecto sólido y asentado; que han demostrado ser el problema y no la solución con las decisiones más que cuestionables que han tomado cada una de ellas en su ámbito de acción. Entre sueldos autoimpuestos, confecciones de plantillas deficientes sin retorno económico y declaraciones desafortunadas en rueda de prensa, José Castro, Óscar Arias y Vincenzo Montella han dilapidado, en un abrir y cerrar de ojos, la ilusión del sevillismo en la temporada con mayor gasto presupuestario en la historia del Sevilla FC en la conformación de la plantilla. 

De qué serviría pedir perdón a todos los que sintieron vergüenza el sábado si nada cambia. Hay miedo a que todo siga igual. A que el Sevilla FC siga gobernado por quienes guardaron en un cajón la llave de la ambición el día que Monchi salió por la puerta. La única solución pasa por el cese de los máximos responsables de la parcela deportiva y la dimisión del Presidente cuando concluya la temporada. Si no antes. Que solo uno de estos tres actores continúe un minuto más allá sería una irresponsabilidad supina. Es necesario empezar de nuevo. Regenerar el esqueleto de la entidad. Apostar por personas de Club, que impregnen de sevillismo cada rincón de la Ciudad Deportiva y sepan explicar a los que se ponen las botas que este sentimiento centenario ni se mancha ni se usurpa. Volverá el Sevilla FC. Por supuesto. Porque hasta en el peor de los escenarios cuenta con una legión de locos de la cabeza incondicionales. Tocados y heridos, pero nunca hundidos. Ellos son el Sevilla FC. Y a ellos se les debe reparar el daño causado. Estará interesante la presentación de la campaña de abonados para la 18/19. Esperemos que ya en un Ramón Sánchez Pizjuán limpio y libre de cargas.


Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt