lunes, 19 de febrero de 2018

A nada de serlo todo en la Champions

sevillafc.es


'Bienvenidos al infierno de Nervión'
podría postularse como un buen hastag de recibimiento ante la visita de los diablos rojos de Manchester, un club con tanta historia a sus espaldas que impone solo con mencionar su nombre. Enfrente estará el Sevilla FC, el equipo de las mil y una vidas. Resurgió de sus cenizas cuando nadie daba un duro por él. O casi nadie. Ocurrió en Madrid, hace poco más de un mes. Sus fieles esperaban fecha y hora para su sepelio en La Almudena. Solo faltaba la puntilla. Pero, contra todo pronóstico, volvió a hacerlo. Una vez más. Se levantó más fuerte si cabe cuando su corazón languidecía, y en el mejor escenario posible. Ante un rival de enjundia y en un lugar donde ningún equipo nacional había logrado imponerse. A esto se refería José Mourinho en 2007, cuando cruzó los dedos para evitar al Sevilla FC en la Champions League. Desde entonces, todo, salvo Jesús Navas y el gen competitivo adquirido por el Club de Nervión, ha cambiado. 

Solo hay marcado un borrón en la hoja de ruta del Sevilla FC en la última década: la frustrante incapacidad para superar la barrera de los octavos de final de la máxima competición intercontinental. Más cuando su eliminación siempre ha sido a manos de rivales inferiores sobre el papel. Quizá se explique desde un prisma motivacional. Al Sevilla FC le ponen los retos, y en la machada del Metropolitano se halla la respuesta. Cuanto más grande el oponente, mayor el nivel de activación. El reto de derrotar al United se antoja complicado, pero ni mucho menos imposible. Está comprobado que intentar matar de antemano a este equipo es un craso error. Porque, además del ya mencionado carácter ganador que ha adquirido, cuenta con un factor de valor incalculable: el calor de una hinchada que hace de Nervión el mismísimo averno en las grandes citas. Por descontado que el Sánchez-Pizjuán será un hervidero para recibir a los diablos rojos, quienes, aparte de presumir de una vasta sala de trofeos, cuentan con un incuestionable potencial y una gran característica: la capacidad para desactivar las virtudes del rival, santo y seña del manual de estilo de José Mourinho. Pero, por su parte, pocos equipos compiten mejor que el Sevilla FC cuando se trata de rondas eliminatorias, donde saca a relucir su indomable vertiente depredadora.   

Es el momento idóneo de dar el paso definitivo para estar entre los ocho mejores equipos de Europa. Detrás habrá un ejército de guardianes preparados para llevarlo en volandas, y, sobre todo, un buen número de recursos en el césped para vencer al United. Fundamental para alcanzar el tan ansiado objetivo. Montella ha logrado lo más difícil: convencer al vestuario, transmitir su idea y recuperar la confianza de los pilares fundamentales del equipo. Ahora hay luz donde hace tan solo un mes se cernían alargadas sombras. Mérito indiscutible del entrenador, prejuzgado antes de pisar Sevilla por primera vez. La nueva posición de Jesús Navas y Mercado, la reinserción de N'Zonzi y el elevado rendimiento de Franco Vázquez, Correa o Muriel, entre otros, tienen la firma del técnico italiano, quien ha actuado con maña en sus decisiones dejando a un lado la fuerza. El arsenal en ataque del Manchester United es aplastante, pero el Sevilla FC, al nivel actual, y con Sarabia y Banega al mando de las operaciones, puede hacerle frente. Confíen. En Nervión estará la clave. Será fundamental ser contundentes (el déficit actual) para afrontar la vuelta con opciones reales de pasar. Quién iba a pensar echando la vista atrás que este contexto fuera posible. La plantilla debe creérselo, y quien mejor que toda su gente para mostrar el camino al Sevilla FC, cuando, una vez más, está a nada de serlo todo en la Champions. 

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt

jueves, 1 de febrero de 2018

En (las buenas) manos de Sergio Rico



Ni pretendo convertirme en abogado del diablo ni tengo la más mínima intención de ser defensor de ninguna causa perdida. No es el caso. Más que nada porque creo, sinceramente, que Sergio Rico no necesita mayor defensa que un simple vistazo a su trayectoria en el Sevilla FC. Quien sabe si, por poner un ejemplo de peso, seríamos pentacampeones de Europa si no fuese por aquella parada a bocajarro a Morata en el último segundo del último encuentro de la Fase de Grupos de la Champions de la 2015-16 que nos reenganchó a la Europa League... El error contra el Leganés fue grosero e inexplicable. Pero más inexplicable es cebarse con uno de los nuestros, quien recuerden, les guste o no, va a defender la portería del Sevilla FC de aquí a mayo al menos... ¿Por qué? Porque ahora mismo es el mejor portero de la primera plantilla. Objetivamente. O se cierran filas en este asunto, o nos pegaremos un tiro en el pie si echamos a los leones a un tipo al que, de veras, le duele este escudo. Y el mayor perjudicado será el Sevilla FC. 

Es evidente que Sergio Rico mostró una preocupante falta de contundencia tanto en la acción contra el Getafe como contra el Leganés. Erró. Es indiscutible. Erró de forma aparatosa, más allá de que pueda existir o no falta en alguna o en ambas jugadas. A mi juicio, en ninguna. Pero esta cuestión sí es discutible. Dio la cara más tarde y asumió su fallo. Sin excusas. Sin prebendas. Muy pocos lo hacen, por cierto. Pero es que antes, inmediatamente después de fallar en esa acción, tuvo la valentía de salir a por dos balones divididos sin afectarle aparentemente lo sucedido. Ese es el mejor síntoma que puede mostrar un portero herido (como así me ha comentado el añorado Andrés Palop, con el que he podido departir sobre ambas jugadas). Es quizá la presión de un ambiente enrarecido e irrespirable el que puede afectar al futbolista, e insisto, una vez más, el mayor perjudicado es el Sevilla FC. Y, aun así, ha tenido la fortaleza de salir a defender la portería del Sevilla FC (les podría dar nombres de jugadores que, tras ser pitados o reprobados por su propia afición, no pudieron ni calzarse las botas). ¿De verdad piensan que Sergio Rico lo estará pasando bien? 

Ahora es cuando más hay que estar a su lado, porque se trata de una demarcación estrechamente ligada a la confianza, y de una situación coyuntural y pasajera provocada por quién sabe qué factores o que ni siquiera exista un motivo determinado. Estoy convencido. No por intuición personal, sino porque hay un amplio historial de precedentes de actuaciones soberbias donde ha demostrado su enorme valía. Sergio Rico es un portero muy válido para este Sevilla FC. No pretendo con esto la aprobación de cada uno de ustedes, faltaría más y libres son de expresarse como bien quieran en los próximos partidos en el Ramón Sánchez-Pizjuán (odio encarecidamente los términos buen y mal sevillista), pero reflexionen qué le viene mejor al equipo. Cuando se silba a un jugador, la presión se traspasa al resto de sus compañeros. Personalmente, me produce una enorme tranquilidad saber que un tipo como Mercado, curtido en mil batallas, con un carácter férreo y que sabe de qué va esto, dijera tras el partido contra el Leganés que "aquí ganamos y perdemos todos". Palabra de capitán. Gentileza de excelente compañero. ¿Qué pensara Muriel ahora, verdad? Con el agravante de que la soledad del portero es tan hiriente en ocasiones, que puede tender a la autoflagelación hasta límites insospechados. Con sus aciertos y sus errores -muchos más los primeros, y si no tiren de hemeroteca...-, Sergio Rico es el primer Guardián en el campo. Y con él hay que ir a la guerra, porque de unas cuantas nos ha librado, y si no echen la vista atrás a la eliminatoria contra el Atlético de Madrid. Estamos en buenas manos. Y volverá a ser determinante. Seguro.

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt

miércoles, 24 de enero de 2018

Un corazón que vuelve a latir

sevillafc.es

'Nunca te rindas', rezaba el tifo que el Sevilla FC instauró en Fondo con el objetivo de alentar a los once guerreros ávidos de revancha que saltaron al césped del Ramón Sánchez-Pizjuán contra el Atlético. Se trataba de ponerse en pie otra vez (sí, otra vez) después de hincar la mano en el suelo siete días atrás para tomar impulso con la casta y el coraje perdidos progresivamente, de manera incomprensible, en los últimos tiempos. El Sevilla FC agonizaba hace una semana. Su corazón llevaba meses maltrecho. Apenas latía, si acaso para respirar un justo y necesario hilo de vida. Se hallaba desorientado, o eso creímos... Porque, una vez más, ha vuelto a levantarse a las puertas del cementerio. Y ya son unas cuantas. Tantas o más en este siglo como vidas tiene un gato. Qué manera de resurgir de sus cenizas. Ni el más optimista del lugar imaginó un giro de guión de tal magnitud, solo comprendido en alguna extravagante cinta de autor, cuando todo el sevillismo solo rogaba, entre plegarias, que el dolor acabase lo antes posible. 

Y todo gracias a un cirujano, bien hallado en Italia, de nombre y apellido Vincenzo Montella. Tardó dos semanas en detectar la disfunción que debilitaba el corazón del Sevilla FC, pero, una vez halló la herida, la cerró con la destreza quirúrgica de un doctor e inyectó litros de sangre renovada. Nada parece quedar de aquel ente pálido que deambulaba esperando su final. Y es que, más allá de consumar el enésimo éxito deportivo que implica jugar una nueva semifinal de Copa del Rey dos años después, su gran aportación hasta la fecha es, sin duda, haber devuelto al Sevilla FC su gen competitivo. Ese que afrenta al rival sin complejos y vende muy cara su piel. Ha restaurado el ánimo de una plantilla desangelada y desorientada en un tiempo récord. Esta es la principal clave del resurgir del Sevilla FC. Ahora, cada uno sabe cuál es su función en el terreno de juego, y, a su vez, cada pieza individual forma parte de un engranaje perfecto bajo la batuta de Éver Banega y Pablo Sarabia, a quien el tiempo siempre pone en su sitio. Bendito fichaje el suyo. 

El Sevilla FC ha recuperado el alma. Y un estilo de juego que encarna sus valores. Más bien se ha reencontrado con sus raíces. Ha regresado a un fútbol eléctrico, de película de suspense. Cierra filas, defiende junto, pero cuando sale en transición ofensiva... asusta. Un maremoto descontrolado. Cuánto echaba en falta el público de Nervión un equipo vertical y directo. Esto también es obra de Montella, al que habría que mirar de frente y agachar la cabeza. Y la mayor paradoja de esta historia es que quien lo eligió ha recibido críticas a diestro y siniestro desde que se sentó por primera vez en el despacho de alguien insustituible. Para Óscar Arias, lo fácil, tras la destitución de Berizzo, hubiese sido contratar un parche y esperar a formar un nuevo proyecto el próximo verano (un servidor también lo creía así), pero, fiel a su forma de pensar, fue con todo a por su primera opción a sabiendas de que, probablemente, se jugaba su última bala. Supo regatear la presión, antes de tomar una decisión precipitada, cuando todo el mundo pedía un entrenador inminentemente, a pesar, insisto, del ensordecedor ruido mediático. En tan solo una semana ha resultado que esta plantilla tiene un potencial interesante (evidentemente mejorable, siempre es así en cualquier caso). Ayer sí hubo rendición. La de una afición que ha recuperado el sentimiento de pertenencia hacia su escudo, y que bien entenderá con el paso del tiempo que Arias, hasta la fecha, ha acertado, al menos, igual que ha errado. No den nunca por muerto al Sevilla FC.  


Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt

   

lunes, 8 de enero de 2018

Que nadie les engañe

sevillafc.es

Nunca será un partido más. Que nadie les engañe. Ganar un derbi deja siempre un regusto diferente (sea cual sea el estatus de cada equipo en ese momento); perder duele como un hermano. Al fin y al cabo somos eso: hermanos. Que se lo digan a quienes osan nombrar a nuestro eterno rival desde otros lares. Somos eso también: eternos rivales. Por y para siempre. Cuando uno ríe, el otro llora. Nunca habrá paz para ambos. Una dualidad tan pasional e intensa como añorada cuando es bien entendida. Agotadora hasta la extenuación. Siempre quiero ganar al Betis. Hasta en sueños. Pero encajo la derrota cuando llega. Como cualquier sevillista de bien. Como cualquier bético de bien. Que nadie les engañe. Un ejemplo: mi primito. Bético, como su padre. El sábado, nada más finalizar el derbi, recibí una nota de voz: "Gracias, primo, otra vez os tocará a ustedes. Seguro que en el Benito Villamarín os toca". Tiene nueve años. Siempre que el Sevilla FC venció en ediciones anteriores, me felicitó. El primero. Bien sabe él a su temprana edad que los derbis son diferentes. Para bien y para mal. Siempre estorban. Consumen demasiadas energías. También al ganador. Enhorabuena al beticismo.  

Nunca será un partido más. Que nadie les engañe. El derbi condiciona y entorpece. Siempre. El ganador inocula una inyección de moral y el perdedor entra en un túnel donde la visibilidad se reduce hasta divisar una neblina gris. Casi negra. El ambiente se torna insoportable en la casa del derrotado. La presión mediática se recrudece, el margen de error se estrecha y las decisiones se precipitan. Caerán los fichajes en el Sevilla FC porque la bala de ofrecer cabezas a la afición ya se gastó. ¿Y después, qué? Perder un récord de imbatibilidad en tu estadio a manos de tu eterno rival es doloroso. Muy doloroso; alejarse del objetivo en la Liga con el mayor presupuesto en la historia del Club, mucho más. Pero sentir que una buena parte del sevillismo da por finiquitada la temporada... Ahí reside la mayor tristeza. Sin duda. Hemos llegado a un punto de difícil retorno en la presente temporada. Devolver la ilusión al sevillismo debería ser el primer propósito en un cuaderno con tachones en rojo plagado de necesidades. La llegada de nuevas incorporaciones puede ser la solución de urgencia, pero, como ocurrirá probablemente con Montella, estos movimientos adquieren normalmente un efecto efervescente. De más a menos. Que nadie les engañe. La cuestión es estructural.

Llegados al ecuador de la temporada, la sensación es que el Sevilla FC, más que mantenerse vivo en todas las competiciones, deambula a la espera de que un ciclón se cruce en su camino y arrase con su maltrecho esqueleto. Carente de columna vertebral, de un tipo, uno solo, que enseñe en el vestuario el significado de este escudo y explique que un derbi se gana con más atributos que talento; en búsqueda continua de una identidad como equipo -complicado mientras nadie asuma galones-, y con una alarmante falta de presencia y toma de decisiones por parte de los rectores de la entidad, ocultos entre cifras desorbitadas autoimpuestas. Maldito momento, pensarán... O no. Quien sabe si con 300.000 euros las penas son menos penas. Y mientras tanto, el sevillismo solo pide depurar responsabilidades. En el sueldo va la obligación. Los focos se ciernen sobre el césped, pero los verdaderos artífices de este despilfarro de recursos se sientan en el palco. Monchi servía de escudo; Óscar Arias no tiene quien dé la cara por él. ¿Para qué? Si probablemente será la próxima cabeza de turco. En sus manos está recobrar la ilusión del sevillismo. Todo o nada en un proyecto que puede llegar a su fin antes que el gol de Fabián. Acertar en los remiendos este enero se antoja fundamental para entusiasmar de nuevo a quienes de verdad trajeron fútbol, honor y gloria al Club: el sevillismo. Que nadie les engañe.

Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt








sábado, 16 de diciembre de 2017

Desalmado

laverdad.es

Cuesta digerir el momento que vive el Sevilla FC. Quizá pueda resultar un tanto osada tal afirmación si echamos la vista atrás un par de décadas, pero la triste realidad es que el sevillismo se ha desilusionado de forma precoz. En un abrir y cerrar de ojos. Más allá de los desafortunados planteamientos de los partidos, de las pésimas lecturas durante su transcurso, de los esperpentos tácticos perpetrados y del escalofriante rendimiento individual de todos y cada uno de los futbolistas de la primera plantilla, duele, y mucho, ver a un equipo desalmado. Sin corazón. Abatido. Superado de principio a fin por su propia sombra. Irreconocible. Los tres últimos compromisos (Maribor, Real Madrid y Levante) han terminado por arrasar la maltrecha paciencia del sevillismo, hasta el punto de que ya muy pocos, ni siquiera los más optimistas como quien escribe estas líneas, ven factible una reacción si todo continúa igual: a la deriva. 

Nunca he sido partidario de despedir a un cuerpo técnico a mitad de una temporada. Me parece que, salvo contadas excepciones, es pan para hoy y hambre para mañana, pero es indudable que hay que dar un golpe en la mesa. Y un par de gritos en el vestuario. La idea de juego es inexistente. Sustentada en la inercia, carente de fundamento. Como la gestión de esta situación desde la planta noble, marcada por el silencio, solo roto en momentos puntuales para tapar las goteras con discursos prefabricados. Y en el fondo de la cuestión, en la raíz del problema, la profanación de lo innegociable. ¿Qué han hecho con el alma de este equipo? Su razón de ser. Su evangelio. ¿Quién ha desterrado la casta y el coraje? ¿Cómo es posible que nadie haya tomado medidas en este asunto? Puedes perder, pero nunca tus valores. Y la triste sensación del sevillismo, tan solo cuatro meses después de que arrancara la 'era Berizzo', es que, al menos en lo que resta de temporada, salvo que se tomen de una vez decisiones drásticas, vagará por los campos con el único deseo de mantener la dignidad. 

Y es que cuando uno sube el precio de los abonos hasta estrangular el bolsillo de muchos sevillistas, se le debe pedir, al menos, tomar decisiones directamente proporcionales a la exigencia impuesta, porque la subida injustificada del pasado verano también debería llevar implícita una cuota de responsabilidad, aún mayor si cabe, por parte del Consejo de Administración del Sevilla FC. Y más cuando se atente contra cuestiones inalienables al escudo. Ojalá solo se tratase de una carencia de patrón de juego. Que también. Pero, por desgracia, va mucho más allá. Es el estado de indolencia permanente en el que flota el equipo el que irrita al sevillismo. La cruda e indescriptible sensación de no sentirse representado por quienes defienden el escudo en el terreno de juego. El peor de los diagnósticos. Por suerte, la estructura es tan sólida que solo la fuerza de la corriente ha llevado al Sevilla FC a estar presente en todas las batallas que esperan con la llegada del nuevo año. En el horizonte se atisba fuerte oleaje, y solo la irrupción de líderes en todos los niveles del Club podría revertir esta bochornosa dinámica. Hay tiempo. Es la única esperanza. 


Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt 


domingo, 3 de diciembre de 2017

Pizarro nunca quiso ser conde

sevillafc.es

Guido Pizarro fue bautizado en Argentina como 'El Conde' cuando militaba en Lanús -actual subcampeón de la Copa Libertadores-, inmediatamente antes de emigrar a México para batallar en Tigres. Cuentan por aquellos lares que esta distinción fue otorgada con motivo de la intachable elegancia con la que domina y distribuye la pelota. Pero nada más lejos de la realidad, lo cierto es que ni siquiera la acepción sexta de la Real Academia Española de la Lengua, donde se recurre a su uso en Andalucía (hombre que manda y gobierna, después del manijero, las cuadrillas de gente rústica que trabajan a destajo), hacen honor a su posición social dentro del terreno de juego. Pizarro nunca quiso ser conde, porque en su alma habita un jornalero del fútbol. Un tipo que trabaja incansablemente por -y para- sus compañeros y que se empeña en dignificar el escudo del Sevilla FC.

Cayó de pie en Sevilla, como era de esperar. Hace poco tuve la fortuna de conocer en persona a Don Pablo Blanco, futbolista con más partidos de la historia del Sevilla FC -por poco tiempo me temo- y actual Director de la Cantera, quien me reconoció entre anhelos que el sevillismo venera a los "Krychowiaks", esa clase de futbolistas que nunca se arrugan, que siempre van al corte como si del último lance de su vida se tratara. Pizarro pertenece a ese grupo. A la vista está. Su oscuro trabajo sustenta a la aterciopelada cadena de orfebrería que aglutina el centro del campo del Sevilla FC. Inexpugnable en la parcela ancha, es el mejor regalo que podía recibir el sevillismo antes de echar a rodar el mercado invernal... y después de 'borrarse' N'Zonzi. Porque el centrocampista argentino ha demostrado una personalidad desbordante en el momento necesario. Justo cuando se temía que la baja del irreductible francés supusiera una fractura irreconducible.

Soberbio como ancla, aseado en la salida de balón y con un enorme carácter competitivo, Pizarro es hombre de campo. Brega sin descanso en la sombra, con las extremidades despellejadas del que dedica su vida a una profesión donde unos hacen el trabajo sucio para que otros se lleven la panoja. Y lejos de incomodarle en un mundo donde los egos desorientan, él se siente en calma. Sabe de su cometido y lo ejecuta de forma notable. Sin alardes. Y a mucha honra. Pizarro rehúye de títulos concedidos a dedo, es consciente de que los focos son para otros. Bendito el día en que Berizzo se encaprichó de él. Pueden estar seguros de que mientras esté en Nervión hará suya aquella máxima de Krychowiak cuando confesó que jugó lesionado la final de la Copa del Rey contra el Barcelona: "Nunca dejaría en la estacada a mis amigos". Pizarro es de esos. Respiren tranquilos... 

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt

domingo, 12 de noviembre de 2017

Palop: "El gol de Donetsk simbolizó la casta y el coraje que caracterizan al sevillismo"

Sevilla530

15 de marzo de 2007. Donetsk. Minuto 93 de partido. El Sevilla FC, vigente campeón de la Copa de la UEFA, está a punto de caer eliminado en octavos de final a manos del Shakhtar. Entonces emerge la figura del mejor portero de la historia del Sevilla FC, reconocimiento incluso anterior a obrar un milagro solo al alcance de aquellos que reposan en el olimpo. Un gol ajeno a la casualidad, marcado con el alma de un equipo que encumbró al club al cénit del fútbol nacional y europeo. Es Andrés Palop, santo y seña del sevillismo, quien recibe a Sevilla530 en Valencia, su tierra natal, a la espera de un nuevo proyecto para continuar la carrera como entrenador que comenzó dos años atrás. Desde la distancia, reconoce que siente al Sevilla FC muy cerca, tanto que se le eriza la piel cuando recuerda que su imagen posa para la eternidad en la lona de Preferencia del Ramón Sánchez-Pizjuán, el lugar donde enseñó a tantos y tantos que la casta y el coraje son innegociables cuando te pones la camiseta del Sevilla FC. Con ustedes, el héroe de Glasgow. 


- Sevilla530: - Tu trayectoria deportiva dio un giro inesperado cuando llegaste a Sevilla con 32 años, después de jugar muy poco en el Valencia...

- Andrés Palop: - Llegó en el momento justo. Tengo que agradecerle mucho al Sevilla FC por acordarse de mí, porque, evidentemente, con 32 años, las posibilidades de desarrollar mi profesión eran cada vez más limitadas. Cuando me llamó Monchi se me abrió el mundo. Cogí las maletas sin pensarlo.

- ¿Que te llame un Director Deportivo como Monchi, que además fue portero, influyó en tu decisión? ¿Cómo fue aquella llamada? 

- Recuerdo que tuvimos un contacto previo. Una vez que fui a Sevilla a jugar con el Valencia y entrenamos en la Ciudad Deportiva del Sevilla FC, Monchi se presentó allí y me pidió los guantes para su hijo Alejandro. Aquel detalle me motivó porque me extrañó que se fijara en un portero como yo, que por aquel entonces jugaba poco. Y en 2005 me firmó. Me comentó que siempre me siguió, nos conocíamos desde su etapa como portero, y esperó a que pudiese salir del Valencia. Acerté de pleno. 

- ¿Fueron los mejores años de tu carrera deportiva?

- Valoro todo lo que me ha pasado en su justa medida. En Villarreal conseguí un ascenso a Primera. Fue como un título; después, en el Valencia, conseguimos títulos, dos finales de Champions League... Pero, evidentemente, en el Sevilla FC fue donde más disfruté. Vi al club crecer en todos los aspectos. Lo viví desde dentro y siendo capitán. Siento al Sevilla FC muy cerca. Como si fuera un canterano más. 

"En el Sevilla FC fue donde más disfruté. Vi al club crecer en todos los aspectos. Lo viví desde dentro y siendo capitán. Siento al Sevilla FC muy cerca. Como si fuera un canterano más"

- ¿Qué sientes al verte en la lona de preferencia del Sánchez-Pizjuán?

- Mucha gratitud al club por meterme en ese selecto grupo de jugadores que son historia del Sevilla FC. Estar ahí es un privilegio. Te contaré una anécdota. Yo llegué el año del Centenario, y, cada vez que enfilaba el vestuario, me fijaba en una placa que puso el club donde estaban los cien mejores jugadores del Sevilla FC hasta entonces. Siempre me quedaba mirándola y me iba directo a la letra P, pero mi nombre no estaba. Pensaba siempre '¡qué pena haber llegado un poco tarde!'. Me hubiera hecho mucha ilusión estar en ese lugar, y, entonces, desde el primer instante, lo convertí en un reto, en una motivación más. Imagínate ahora lo que siento al estar representado en la fachada del estadio. Lo conseguí. Se me pone la piel de gallina cuando pienso que mi trabajo me ha valido ese reconocimiento. 

"Se me pone la piel de gallina cuando pienso que mi trabajo me ha valido el reconocimiento de estar en la fachada del Sánchez-Pizjuán"

- ¿Te quedó alguna espinita? ¿Quizá aquella Liga de 2007...?

- Bueno, no puede considerarse una espinita. ¡Hubiéramos hecho un triplete! Éramos conscientes de la dificultad que entrañaba ganar una Liga. Cierto es que cuando ves que la pierdes de la manera que la perdimos, te derrumbas. Cuando acabó el partido de Mallorca rompí a llorar. No quise entrar al vestuario para que no me vieran mis compañeros. Habíamos tenido mucha presión durante toda la temporada. Fue de las pocas veces que lloré en el fútbol. Pero no, aquello no fue una espinita, sino un orgullo. Fue la mejor temporada del Sevilla FC. Sin embargo, sí tengo una espinita clavada con la Champions League: no habernos quitado ese peso de superar los octavos de final. Era el siguiente paso, estar entre los mejores. 

"Cuando acabó el partido de Mallorca rompí a llorar. No quise entrar al vestuario para que no me vieran mis compañeros. Habíamos tenido mucha presión. Fue de las pocas veces que lloré en el fútbol"

- Un día te escuché decir que entregarías todos los títulos que lograste con el Sevilla FC a cambio de que Antonio Puerta estuviera presente...

- Es que la vida está por encima de cualquier logro. Para nosotros Antonio era una persona llena de vitalidad. Tenía un futuro espectacular, un hijo en camino... Si pudiera volver atrás, lo cambiaría todo porque estuviera entre nosotros. A todos nos llega nuestra hora, pero no fue justo. No era su momento. Lo pasamos muy mal. Fuimos a Grecia a jugar la previa de la Champions y estuvimos dos días sin parar de llorar. Cuando pasan estas cosas, uno se da cuenta de lo que es realmente la vida... 

- ¿Os devolvió a la realidad?  

- Yo me considero un futbolista atípico. Hablo por mí. A mí la vida me dio la oportunidad de ser futbolista por tener un talento puntual, pero nunca he cambiado mis hábitos. No tuve que esperar a que pasara una desgracia de tal magnitud para valorar ciertas cosas. Mi familia ha sido muy humilde toda la vida: mis hermanos siguen trabajando en el campo, mis padres han luchado muchísimo para sacarnos adelante, y yo intenté aprovechar la oportunidad que se me dio de ser futbolista profesional, pero nunca me aislé de la realidad. El entorno es lo más importante para un jugador de fútbol. Tengo mi mujer desde los 17 años, mis hijos, y una forma de actuar que creo que ha sido la ideal para ser la misma persona una vez dejé el fútbol. Yo, personalmente, nunca he vivido en una burbuja. Me he amoldado de forma natural a la vida que puede llevar cualquier persona.  

- Fuiste capitán del Sevilla FC. ¿Qué debe saber todo futbolista que se pone esta camiseta? 

- Tuve la suerte de tener maestros como Pablo Alfaro, Javi Navarro, Martí, David... Capitanes que vivieron una época dura del Sevilla FC, en la cual tuvieron que lidiar con situaciones difíciles. Aprendí muchísimo de ellos. Cuando me tocó ser capitán fue una gran responsabilidad. Intenté transmitir a la gente nueva los valores del club: un Sevilla FC de casta y coraje. Busqué que adquirieran un sentimiento de pertenencia. Si consigues esto, todo funciona mejor. Además, al estar siempre tan cerca de los aficionados, me hacían llegar sus inquietudes e intentaba trasladarlo al vestuario. 
"Como capitán, tuve la suerte de tener maestros como Pablo Alfaro, Javi Navarro, Martí, David... Intenté transmitir a la gente nueva los valores del club: un Sevilla FC de casta y coraje"

- ¿Hasta qué punto influye el aliento del sevillismo en los éxitos del club? 

- ¡Es el motor! Para mí, personalmente, es el motor del Sevilla FC. Y creo que todos mis compañeros pensarán igual. Cuando funcionaba la grada, el equipo se sentía fuerte. También viví años en los que hubo problemas con la grada, y lo notamos muchísimo. El estadio parecía otro distinto. Los propios futbolistas nos dirigimos al club para que se arreglara la situación. Necesitábamos a nuestra gente. 
"El sevillismo es el motor del club. Cuando funcionaba la grada, el equipo se sentía fuerte. Necesitábamos a nuestra gente"

- ¿Te gustaría entrenar algún día al Sevilla FC?

- Yo creo en los procesos. En el crecimiento personal. Como jugador pasé por todas etapas, y ahora pienso exactamente igual como entrenador. Creo que hay que experimentar y pasar por todas las etapas para llegar algún día a aspirar a lo máximo. Evidentemente, claro que me gustaría entrenar al Sevilla FC, pero entiendo que tengo que estar preparado para poder desarrollar ese trabajo a ese nivel de exigencia. Todos no podemos entrenar al Sevilla FC. El club está ahora mismo en una dinámica muy importante, pero tengo esa ilusión, sí. 

"Evidentemente, claro que me gustaría entrenar al Sevilla FC, pero entiendo que tengo que estar preparado para poder desarrollar ese trabajo a ese nivel de exigencia. Todos no podemos entrenar al Sevilla FC. Creo en los procesos. En el crecimiento personal"

- Viajemos a Eindhoven. ¿Qué crees que hubiese ocurrido si no le haces esa parada a Viduka?

- Que hubiéramos ganado igualmente. Te lo digo sinceramente. Hubiese supuesto un golpe de efecto para ellos, sí... era el empate a uno, pero teníamos mucha confianza. Hubiésemos metido otros tres. Seguro. Tengo la total certeza de que hubiéramos sacado el partido adelante igualmente. 

- Eindhoven o Glasgow. ¿Cuál fue la mejor noche de tu vida deportiva?

- El título que recuerdo con más cariño es la Copa de la UEFA de Eindhoven. No hay comparación. Mi primera vez dentro del terreno de juego. Queda marcado. A nivel personal, la satisfacción por el partido que hice en Glasgow es inigualable. Tuve una actuación muy completa en todos los aspectos. Desde paradas importantes a darle una asistencia con la mano a Adriano... y, por supuesto, esos tres penaltis parados. 

- Aquella tanda de penaltis donde te vestiste de santo...

- Y eso que me falló lo más importante. Nunca había visto tirar un penalti ni a Jonatas ni a Torrejón. A Luis García, sí. Sabía que se lo iba a parar. Estaba seguro. Sabía dónde me lo iba a tirar. Cuando se acercaba a mí, pensé: 'Te lo voy a parar'. Cuando yo notaba esa sensación, no fallaba. Los otros dos fueron un compendio de intuición, momento de forma y confianza. Cuando se dirigían hacia mí, sin tener información previa, los analicé. Por ejemplo, Jonatas. Tenía mucha calidad. Entonces pensé que utilizaría el interior. Su golpeo natural, con derecha, era a mi izquierda. No había otra; con Torrejón, pensé que era defensa central, que era un momento delicado y que iba a asegurar... Esa capacidad de análisis me ayudó para acertar. 


Instante de la parada a Torrejón que dio la Copa de la UEFA al Sevilla FC

- ¿Como en Donetsk? 

- Cuando acababa los entrenamientos, me quedaba muchas veces a rematar centros de compañeros que se quedaban para practicarlos. Me gustaba experimentar la sensación de rematar en vez de parar. Por supuesto, no era una tarea de trabajo específica para mí, pero me gustaba. Quizá por eso rematé de forma tan certera. Cuando venía el balón hacia mí no me podía creer que me llegara. La pelota vino frontal y tuve que hacer el gesto para rematar a portería. Por suerte, salió perfecto. No podíamos caer de esa manera, éramos los vigentes campeones de la competición. Ese gol simbolizó, una vez más, la casta y el coraje que caracterizan al sevillismo.

"No podíamos caer de esa manera contra el Shakhtar. Éramos los vigentes campeones. Mi gol simbolizó, una vez más, la casta y el coraje que caracterizan al sevillismo"

- ¿Qué cualidades ves en Sergio Rico y David Soria? ¿Son dignos sucesores?

- Me parece que la característica más importante que reúnen ambos es su personalidad. Hay que recordar que tienen menos de veinticinco años, y no es fácil esa situación porque estamos hablando de un Sevilla FC con unas aspiraciones muy exigentes. Han sabido aguantar un ritmo de competición altísimo. Cierto es que todavía tienen mucho margen de mejora. Me consta que van a seguir creciendo por lo que hablo con Sergio Rico, al que conozco de entrenar con nosotros en mis últimos años en el club, y que, además, me ha pedido algún que otro consejo. En definitiva, les veo bastante completos en todas las facetas del juego, pero creo que con la humildad que irradian van a seguir creciendo aún más. Me siento orgulloso de ellos. La portería del Sevilla está muy bien defendida. No tengo dudas.

"Me parece que la característica más importante que reúnen Sergio Rico y David Soria es su personalidad. Me siento orgulloso de ellos"

- ¿Qué sensaciones te transmite este Sevilla FC?

- Es cierto que pensaba que el equipo iba a asimilar más pronto la idea de Berizzo, porque quizá el cambio radical de estilo se dio con Sampaoli y, al contrario de lo esperado, se asimiló rápido ese giro. En cuanto a resultados, creo que se han firmado buenos números dejando a un lado esa semana negra que vivió el equipo. Es verdad que al Sevilla FC le está costando encontrar las sensaciones, pero, sinceramente, estoy totalmente convencido de que este equipo, en el momento de que coja el punto a la idea del entrenador, va a ir a más. Seguro. Porque además me gusta mucho la idea de juego que pretende y propone Berizzo.

- Hablando de idea de juego, hay cierta parte del sevillismo que considera que el Sevilla FC debería regresar al estilo que proponía Juande Ramos...

- Mira, el año pasado pensé que esa idea de que el balón fuera para atrás tantas veces como fuera necesario no iba a encajar porque la gente se pondría nerviosa. Al sevillismo generalmente le gusta que el balón, una vez sale de la defensa, vaya para adelante sin retorno, pero me he dado cuenta de que al final el aficionado se adapta a cualquier propuesta si en ella va implícita los valores que se le presuponen al sevillismo: hambre, entrega... Si eres un equipo conformista, el sevillista se cabrea. El mejor ejemplo es la doble versión del Sevilla FC en el Camp Nou. El Sevilla FC puede caer, pero sin perder sus valores, como en la segunda parte de ese encuentro. Hay que incidir, más que en los resultados, en la actitud y en los valores, y darle continuidad a la idea de juego. A ver dónde nos lleva...

- ¿Entonces crees en Berizzo?

- A mí me gusta muchísimo porque es un entrenador que transmite humildad y trabajo. Tiene todo mi apoyo. A la larga nos daremos cuenta de que el Sevilla FC acertó al contratarle. Él sabe lo que significa este club y la exigencia que tiene este Sevilla FC. Lo sabe. Hay que apoyarle. Es un tipo con mucha experiencia en el fútbol. Ha sido internacional con Argentina. Hay que darle continuidad. Y, además, es un entrenador que sufre en la derrota, eso es importantísimo...

"Me gusta muchísimo Berizzo. Transmite humildad y trabajo. A la larga nos daremos cuenta de que el Sevilla FC acertó. Hay que darle continuidad. Sufre en la derrota, y eso es importantísimo..."

Carlos Sánchez 
twitter: @cmsanchezt