miércoles, 24 de enero de 2018

Un corazón que vuelve a latir

sevillafc.es

'Nunca te rindas', rezaba el tifo que el Sevilla FC instauró en Fondo con el objetivo de alentar a los once guerreros ávidos de revancha que saltaron al césped del Ramón Sánchez-Pizjuán contra el Atlético. Se trataba de ponerse en pie otra vez (sí, otra vez) después de hincar la mano en el suelo siete días atrás para tomar impulso con la casta y el coraje perdidos progresivamente, de manera incomprensible, en los últimos tiempos. El Sevilla FC agonizaba hace una semana. Su corazón llevaba meses maltrecho. Apenas latía, si acaso para respirar un justo y necesario hilo de vida. Se hallaba desorientado, o eso creímos... Porque, una vez más, ha vuelto a levantarse a las puertas del cementerio. Y ya son unas cuantas. Tantas o más en este siglo como vidas tiene un gato. Qué manera de resurgir de sus cenizas. Ni el más optimista del lugar imaginó un giro de guión de tal magnitud, solo comprendido en alguna extravagante cinta de autor, cuando todo el sevillismo solo rogaba, entre plegarias, que el dolor acabase lo antes posible. 

Y todo gracias a un cirujano, bien hallado en Italia, de nombre y apellido Vincenzo Montella. Tardó dos semanas en detectar la disfunción que debilitaba el corazón del Sevilla FC, pero, una vez halló la herida, la cerró con la destreza quirúrgica de un doctor e inyectó litros de sangre renovada. Nada parece quedar de aquel ente pálido que deambulaba esperando su final. Y es que, más allá de consumar el enésimo éxito deportivo que implica jugar una nueva semifinal de Copa del Rey dos años después, su gran aportación hasta la fecha es, sin duda, haber devuelto al Sevilla FC su gen competitivo. Ese que afrenta al rival sin complejos y vende muy cara su piel. Ha restaurado el ánimo de una plantilla desangelada y desorientada en un tiempo récord. Esta es la principal clave del resurgir del Sevilla FC. Ahora, cada uno sabe cuál es su función en el terreno de juego, y, a su vez, cada pieza individual forma parte de un engranaje perfecto bajo la batuta de Éver Banega y Pablo Sarabia, a quien el tiempo siempre pone en su sitio. Bendito fichaje el suyo. 

El Sevilla FC ha recuperado el alma. Y un estilo de juego que encarna sus valores. Más bien se ha reencontrado con sus raíces. Ha regresado a un fútbol eléctrico, de película de suspense. Cierra filas, defiende junto, pero cuando sale en transición ofensiva... asusta. Un maremoto descontrolado. Cuánto echaba en falta el público de Nervión un equipo vertical y directo. Esto también es obra de Montella, al que habría que mirar de frente y agachar la cabeza. Y la mayor paradoja de esta historia es que quien lo eligió ha recibido críticas a diestro y siniestro desde que se sentó por primera vez en el despacho de alguien insustituible. Para Óscar Arias, lo fácil, tras la destitución de Berizzo, hubiese sido contratar un parche y esperar a formar un nuevo proyecto el próximo verano (un servidor también lo creía así), pero, fiel a su forma de pensar, fue con todo a por su primera opción a sabiendas de que, probablemente, se jugaba su última bala. Supo regatear la presión, antes de tomar una decisión precipitada, cuando todo el mundo pedía un entrenador inminentemente, a pesar, insisto, del ensordecedor ruido mediático. En tan solo una semana ha resultado que esta plantilla tiene un potencial interesante (evidentemente mejorable, siempre es así en cualquier caso). Ayer sí hubo rendición. La de una afición que ha recuperado el sentimiento de pertenencia hacia su escudo, y que bien entenderá con el paso del tiempo que Arias, hasta la fecha, ha acertado, al menos, igual que ha errado. No den nunca por muerto al Sevilla FC.  


Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt

   

lunes, 8 de enero de 2018

Que nadie les engañe

sevillafc.es

Nunca será un partido más. Que nadie les engañe. Ganar un derbi deja siempre un regusto diferente (sea cual sea el estatus de cada equipo en ese momento); perder duele como un hermano. Al fin y al cabo somos eso: hermanos. Que se lo digan a quienes osan nombrar a nuestro eterno rival desde otros lares. Somos eso también: eternos rivales. Por y para siempre. Cuando uno ríe, el otro llora. Nunca habrá paz para ambos. Una dualidad tan pasional e intensa como añorada cuando es bien entendida. Agotadora hasta la extenuación. Siempre quiero ganar al Betis. Hasta en sueños. Pero encajo la derrota cuando llega. Como cualquier sevillista de bien. Como cualquier bético de bien. Que nadie les engañe. Un ejemplo: mi primito. Bético, como su padre. El sábado, nada más finalizar el derbi, recibí una nota de voz: "Gracias, primo, otra vez os tocará a ustedes. Seguro que en el Benito Villamarín os toca". Tiene nueve años. Siempre que el Sevilla FC venció en ediciones anteriores, me felicitó. El primero. Bien sabe él a su temprana edad que los derbis son diferentes. Para bien y para mal. Siempre estorban. Consumen demasiadas energías. También al ganador. Enhorabuena al beticismo.  

Nunca será un partido más. Que nadie les engañe. El derbi condiciona y entorpece. Siempre. El ganador inocula una inyección de moral y el perdedor entra en un túnel donde la visibilidad se reduce hasta divisar una neblina gris. Casi negra. El ambiente se torna insoportable en la casa del derrotado. La presión mediática se recrudece, el margen de error se estrecha y las decisiones se precipitan. Caerán los fichajes en el Sevilla FC porque la bala de ofrecer cabezas a la afición ya se gastó. ¿Y después, qué? Perder un récord de imbatibilidad en tu estadio a manos de tu eterno rival es doloroso. Muy doloroso; alejarse del objetivo en la Liga con el mayor presupuesto en la historia del Club, mucho más. Pero sentir que una buena parte del sevillismo da por finiquitada la temporada... Ahí reside la mayor tristeza. Sin duda. Hemos llegado a un punto de difícil retorno en la presente temporada. Devolver la ilusión al sevillismo debería ser el primer propósito en un cuaderno con tachones en rojo plagado de necesidades. La llegada de nuevas incorporaciones puede ser la solución de urgencia, pero, como ocurrirá probablemente con Montella, estos movimientos adquieren normalmente un efecto efervescente. De más a menos. Que nadie les engañe. La cuestión es estructural.

Llegados al ecuador de la temporada, la sensación es que el Sevilla FC, más que mantenerse vivo en todas las competiciones, deambula a la espera de que un ciclón se cruce en su camino y arrase con su maltrecho esqueleto. Carente de columna vertebral, de un tipo, uno solo, que enseñe en el vestuario el significado de este escudo y explique que un derbi se gana con más atributos que talento; en búsqueda continua de una identidad como equipo -complicado mientras nadie asuma galones-, y con una alarmante falta de presencia y toma de decisiones por parte de los rectores de la entidad, ocultos entre cifras desorbitadas autoimpuestas. Maldito momento, pensarán... O no. Quien sabe si con 300.000 euros las penas son menos penas. Y mientras tanto, el sevillismo solo pide depurar responsabilidades. En el sueldo va la obligación. Los focos se ciernen sobre el césped, pero los verdaderos artífices de este despilfarro de recursos se sientan en el palco. Monchi servía de escudo; Óscar Arias no tiene quien dé la cara por él. ¿Para qué? Si probablemente será la próxima cabeza de turco. En sus manos está recobrar la ilusión del sevillismo. Todo o nada en un proyecto que puede llegar a su fin antes que el gol de Fabián. Acertar en los remiendos este enero se antoja fundamental para entusiasmar de nuevo a quienes de verdad trajeron fútbol, honor y gloria al Club: el sevillismo. Que nadie les engañe.

Carlos Sánchez
Twitter: @cmsanchezt








sábado, 16 de diciembre de 2017

Desalmado

laverdad.es

Cuesta digerir el momento que vive el Sevilla FC. Quizá pueda resultar un tanto osada tal afirmación si echamos la vista atrás un par de décadas, pero la triste realidad es que el sevillismo se ha desilusionado de forma precoz. En un abrir y cerrar de ojos. Más allá de los desafortunados planteamientos de los partidos, de las pésimas lecturas durante su transcurso, de los esperpentos tácticos perpetrados y del escalofriante rendimiento individual de todos y cada uno de los futbolistas de la primera plantilla, duele, y mucho, ver a un equipo desalmado. Sin corazón. Abatido. Superado de principio a fin por su propia sombra. Irreconocible. Los tres últimos compromisos (Maribor, Real Madrid y Levante) han terminado por arrasar la maltrecha paciencia del sevillismo, hasta el punto de que ya muy pocos, ni siquiera los más optimistas como quien escribe estas líneas, ven factible una reacción si todo continúa igual: a la deriva. 

Nunca he sido partidario de despedir a un cuerpo técnico a mitad de una temporada. Me parece que, salvo contadas excepciones, es pan para hoy y hambre para mañana, pero es indudable que hay que dar un golpe en la mesa. Y un par de gritos en el vestuario. La idea de juego es inexistente. Sustentada en la inercia, carente de fundamento. Como la gestión de esta situación desde la planta noble, marcada por el silencio, solo roto en momentos puntuales para tapar las goteras con discursos prefabricados. Y en el fondo de la cuestión, en la raíz del problema, la profanación de lo innegociable. ¿Qué han hecho con el alma de este equipo? Su razón de ser. Su evangelio. ¿Quién ha desterrado la casta y el coraje? ¿Cómo es posible que nadie haya tomado medidas en este asunto? Puedes perder, pero nunca tus valores. Y la triste sensación del sevillismo, tan solo cuatro meses después de que arrancara la 'era Berizzo', es que, al menos en lo que resta de temporada, salvo que se tomen de una vez decisiones drásticas, vagará por los campos con el único deseo de mantener la dignidad. 

Y es que cuando uno sube el precio de los abonos hasta estrangular el bolsillo de muchos sevillistas, se le debe pedir, al menos, tomar decisiones directamente proporcionales a la exigencia impuesta, porque la subida injustificada del pasado verano también debería llevar implícita una cuota de responsabilidad, aún mayor si cabe, por parte del Consejo de Administración del Sevilla FC. Y más cuando se atente contra cuestiones inalienables al escudo. Ojalá solo se tratase de una carencia de patrón de juego. Que también. Pero, por desgracia, va mucho más allá. Es el estado de indolencia permanente en el que flota el equipo el que irrita al sevillismo. La cruda e indescriptible sensación de no sentirse representado por quienes defienden el escudo en el terreno de juego. El peor de los diagnósticos. Por suerte, la estructura es tan sólida que solo la fuerza de la corriente ha llevado al Sevilla FC a estar presente en todas las batallas que esperan con la llegada del nuevo año. En el horizonte se atisba fuerte oleaje, y solo la irrupción de líderes en todos los niveles del Club podría revertir esta bochornosa dinámica. Hay tiempo. Es la única esperanza. 


Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt 


domingo, 3 de diciembre de 2017

Pizarro nunca quiso ser conde

sevillafc.es

Guido Pizarro fue bautizado en Argentina como 'El Conde' cuando militaba en Lanús -actual subcampeón de la Copa Libertadores-, inmediatamente antes de emigrar a México para batallar en Tigres. Cuentan por aquellos lares que esta distinción fue otorgada con motivo de la intachable elegancia con la que domina y distribuye la pelota. Pero nada más lejos de la realidad, lo cierto es que ni siquiera la acepción sexta de la Real Academia Española de la Lengua, donde se recurre a su uso en Andalucía (hombre que manda y gobierna, después del manijero, las cuadrillas de gente rústica que trabajan a destajo), hacen honor a su posición social dentro del terreno de juego. Pizarro nunca quiso ser conde, porque en su alma habita un jornalero del fútbol. Un tipo que trabaja incansablemente por -y para- sus compañeros y que se empeña en dignificar el escudo del Sevilla FC.

Cayó de pie en Sevilla, como era de esperar. Hace poco tuve la fortuna de conocer en persona a Don Pablo Blanco, futbolista con más partidos de la historia del Sevilla FC -por poco tiempo me temo- y actual Director de la Cantera, quien me reconoció entre anhelos que el sevillismo venera a los "Krychowiaks", esa clase de futbolistas que nunca se arrugan, que siempre van al corte como si del último lance de su vida se tratara. Pizarro pertenece a ese grupo. A la vista está. Su oscuro trabajo sustenta a la aterciopelada cadena de orfebrería que aglutina el centro del campo del Sevilla FC. Inexpugnable en la parcela ancha, es el mejor regalo que podía recibir el sevillismo antes de echar a rodar el mercado invernal... y después de 'borrarse' N'Zonzi. Porque el centrocampista argentino ha demostrado una personalidad desbordante en el momento necesario. Justo cuando se temía que la baja del irreductible francés supusiera una fractura irreconducible.

Soberbio como ancla, aseado en la salida de balón y con un enorme carácter competitivo, Pizarro es hombre de campo. Brega sin descanso en la sombra, con las extremidades despellejadas del que dedica su vida a una profesión donde unos hacen el trabajo sucio para que otros se lleven la panoja. Y lejos de incomodarle en un mundo donde los egos desorientan, él se siente en calma. Sabe de su cometido y lo ejecuta de forma notable. Sin alardes. Y a mucha honra. Pizarro rehúye de títulos concedidos a dedo, es consciente de que los focos son para otros. Bendito el día en que Berizzo se encaprichó de él. Pueden estar seguros de que mientras esté en Nervión hará suya aquella máxima de Krychowiak cuando confesó que jugó lesionado la final de la Copa del Rey contra el Barcelona: "Nunca dejaría en la estacada a mis amigos". Pizarro es de esos. Respiren tranquilos... 

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt

domingo, 12 de noviembre de 2017

Palop: "El gol de Donetsk simbolizó la casta y el coraje que caracterizan al sevillismo"

Sevilla530

15 de marzo de 2007. Donetsk. Minuto 93 de partido. El Sevilla FC, vigente campeón de la Copa de la UEFA, está a punto de caer eliminado en octavos de final a manos del Shakhtar. Entonces emerge la figura del mejor portero de la historia del Sevilla FC, reconocimiento incluso anterior a obrar un milagro solo al alcance de aquellos que reposan en el olimpo. Un gol ajeno a la casualidad, marcado con el alma de un equipo que encumbró al club al cénit del fútbol nacional y europeo. Es Andrés Palop, santo y seña del sevillismo, quien recibe a Sevilla530 en Valencia, su tierra natal, a la espera de un nuevo proyecto para continuar la carrera como entrenador que comenzó dos años atrás. Desde la distancia, reconoce que siente al Sevilla FC muy cerca, tanto que se le eriza la piel cuando recuerda que su imagen posa para la eternidad en la lona de Preferencia del Ramón Sánchez-Pizjuán, el lugar donde enseñó a tantos y tantos que la casta y el coraje son innegociables cuando te pones la camiseta del Sevilla FC. Con ustedes, el héroe de Glasgow. 


- Sevilla530: - Tu trayectoria deportiva dio un giro inesperado cuando llegaste a Sevilla con 32 años, después de jugar muy poco en el Valencia...

- Andrés Palop: - Llegó en el momento justo. Tengo que agradecerle mucho al Sevilla FC por acordarse de mí, porque, evidentemente, con 32 años, las posibilidades de desarrollar mi profesión eran cada vez más limitadas. Cuando me llamó Monchi se me abrió el mundo. Cogí las maletas sin pensarlo.

- ¿Que te llame un Director Deportivo como Monchi, que además fue portero, influyó en tu decisión? ¿Cómo fue aquella llamada? 

- Recuerdo que tuvimos un contacto previo. Una vez que fui a Sevilla a jugar con el Valencia y entrenamos en la Ciudad Deportiva del Sevilla FC, Monchi se presentó allí y me pidió los guantes para su hijo Alejandro. Aquel detalle me motivó porque me extrañó que se fijara en un portero como yo, que por aquel entonces jugaba poco. Y en 2005 me firmó. Me comentó que siempre me siguió, nos conocíamos desde su etapa como portero, y esperó a que pudiese salir del Valencia. Acerté de pleno. 

- ¿Fueron los mejores años de tu carrera deportiva?

- Valoro todo lo que me ha pasado en su justa medida. En Villarreal conseguí un ascenso a Primera. Fue como un título; después, en el Valencia, conseguimos títulos, dos finales de Champions League... Pero, evidentemente, en el Sevilla FC fue donde más disfruté. Vi al club crecer en todos los aspectos. Lo viví desde dentro y siendo capitán. Siento al Sevilla FC muy cerca. Como si fuera un canterano más. 

"En el Sevilla FC fue donde más disfruté. Vi al club crecer en todos los aspectos. Lo viví desde dentro y siendo capitán. Siento al Sevilla FC muy cerca. Como si fuera un canterano más"

- ¿Qué sientes al verte en la lona de preferencia del Sánchez-Pizjuán?

- Mucha gratitud al club por meterme en ese selecto grupo de jugadores que son historia del Sevilla FC. Estar ahí es un privilegio. Te contaré una anécdota. Yo llegué el año del Centenario, y, cada vez que enfilaba el vestuario, me fijaba en una placa que puso el club donde estaban los cien mejores jugadores del Sevilla FC hasta entonces. Siempre me quedaba mirándola y me iba directo a la letra P, pero mi nombre no estaba. Pensaba siempre '¡qué pena haber llegado un poco tarde!'. Me hubiera hecho mucha ilusión estar en ese lugar, y, entonces, desde el primer instante, lo convertí en un reto, en una motivación más. Imagínate ahora lo que siento al estar representado en la fachada del estadio. Lo conseguí. Se me pone la piel de gallina cuando pienso que mi trabajo me ha valido ese reconocimiento. 

"Se me pone la piel de gallina cuando pienso que mi trabajo me ha valido el reconocimiento de estar en la fachada del Sánchez-Pizjuán"

- ¿Te quedó alguna espinita? ¿Quizá aquella Liga de 2007...?

- Bueno, no puede considerarse una espinita. ¡Hubiéramos hecho un triplete! Éramos conscientes de la dificultad que entrañaba ganar una Liga. Cierto es que cuando ves que la pierdes de la manera que la perdimos, te derrumbas. Cuando acabó el partido de Mallorca rompí a llorar. No quise entrar al vestuario para que no me vieran mis compañeros. Habíamos tenido mucha presión durante toda la temporada. Fue de las pocas veces que lloré en el fútbol. Pero no, aquello no fue una espinita, sino un orgullo. Fue la mejor temporada del Sevilla FC. Sin embargo, sí tengo una espinita clavada con la Champions League: no habernos quitado ese peso de superar los octavos de final. Era el siguiente paso, estar entre los mejores. 

"Cuando acabó el partido de Mallorca rompí a llorar. No quise entrar al vestuario para que no me vieran mis compañeros. Habíamos tenido mucha presión. Fue de las pocas veces que lloré en el fútbol"

- Un día te escuché decir que entregarías todos los títulos que lograste con el Sevilla FC a cambio de que Antonio Puerta estuviera presente...

- Es que la vida está por encima de cualquier logro. Para nosotros Antonio era una persona llena de vitalidad. Tenía un futuro espectacular, un hijo en camino... Si pudiera volver atrás, lo cambiaría todo porque estuviera entre nosotros. A todos nos llega nuestra hora, pero no fue justo. No era su momento. Lo pasamos muy mal. Fuimos a Grecia a jugar la previa de la Champions y estuvimos dos días sin parar de llorar. Cuando pasan estas cosas, uno se da cuenta de lo que es realmente la vida... 

- ¿Os devolvió a la realidad?  

- Yo me considero un futbolista atípico. Hablo por mí. A mí la vida me dio la oportunidad de ser futbolista por tener un talento puntual, pero nunca he cambiado mis hábitos. No tuve que esperar a que pasara una desgracia de tal magnitud para valorar ciertas cosas. Mi familia ha sido muy humilde toda la vida: mis hermanos siguen trabajando en el campo, mis padres han luchado muchísimo para sacarnos adelante, y yo intenté aprovechar la oportunidad que se me dio de ser futbolista profesional, pero nunca me aislé de la realidad. El entorno es lo más importante para un jugador de fútbol. Tengo mi mujer desde los 17 años, mis hijos, y una forma de actuar que creo que ha sido la ideal para ser la misma persona una vez dejé el fútbol. Yo, personalmente, nunca he vivido en una burbuja. Me he amoldado de forma natural a la vida que puede llevar cualquier persona.  

- Fuiste capitán del Sevilla FC. ¿Qué debe saber todo futbolista que se pone esta camiseta? 

- Tuve la suerte de tener maestros como Pablo Alfaro, Javi Navarro, Martí, David... Capitanes que vivieron una época dura del Sevilla FC, en la cual tuvieron que lidiar con situaciones difíciles. Aprendí muchísimo de ellos. Cuando me tocó ser capitán fue una gran responsabilidad. Intenté transmitir a la gente nueva los valores del club: un Sevilla FC de casta y coraje. Busqué que adquirieran un sentimiento de pertenencia. Si consigues esto, todo funciona mejor. Además, al estar siempre tan cerca de los aficionados, me hacían llegar sus inquietudes e intentaba trasladarlo al vestuario. 
"Como capitán, tuve la suerte de tener maestros como Pablo Alfaro, Javi Navarro, Martí, David... Intenté transmitir a la gente nueva los valores del club: un Sevilla FC de casta y coraje"

- ¿Hasta qué punto influye el aliento del sevillismo en los éxitos del club? 

- ¡Es el motor! Para mí, personalmente, es el motor del Sevilla FC. Y creo que todos mis compañeros pensarán igual. Cuando funcionaba la grada, el equipo se sentía fuerte. También viví años en los que hubo problemas con la grada, y lo notamos muchísimo. El estadio parecía otro distinto. Los propios futbolistas nos dirigimos al club para que se arreglara la situación. Necesitábamos a nuestra gente. 
"El sevillismo es el motor del club. Cuando funcionaba la grada, el equipo se sentía fuerte. Necesitábamos a nuestra gente"

- ¿Te gustaría entrenar algún día al Sevilla FC?

- Yo creo en los procesos. En el crecimiento personal. Como jugador pasé por todas etapas, y ahora pienso exactamente igual como entrenador. Creo que hay que experimentar y pasar por todas las etapas para llegar algún día a aspirar a lo máximo. Evidentemente, claro que me gustaría entrenar al Sevilla FC, pero entiendo que tengo que estar preparado para poder desarrollar ese trabajo a ese nivel de exigencia. Todos no podemos entrenar al Sevilla FC. El club está ahora mismo en una dinámica muy importante, pero tengo esa ilusión, sí. 

"Evidentemente, claro que me gustaría entrenar al Sevilla FC, pero entiendo que tengo que estar preparado para poder desarrollar ese trabajo a ese nivel de exigencia. Todos no podemos entrenar al Sevilla FC. Creo en los procesos. En el crecimiento personal"

- Viajemos a Eindhoven. ¿Qué crees que hubiese ocurrido si no le haces esa parada a Viduka?

- Que hubiéramos ganado igualmente. Te lo digo sinceramente. Hubiese supuesto un golpe de efecto para ellos, sí... era el empate a uno, pero teníamos mucha confianza. Hubiésemos metido otros tres. Seguro. Tengo la total certeza de que hubiéramos sacado el partido adelante igualmente. 

- Eindhoven o Glasgow. ¿Cuál fue la mejor noche de tu vida deportiva?

- El título que recuerdo con más cariño es la Copa de la UEFA de Eindhoven. No hay comparación. Mi primera vez dentro del terreno de juego. Queda marcado. A nivel personal, la satisfacción por el partido que hice en Glasgow es inigualable. Tuve una actuación muy completa en todos los aspectos. Desde paradas importantes a darle una asistencia con la mano a Adriano... y, por supuesto, esos tres penaltis parados. 

- Aquella tanda de penaltis donde te vestiste de santo...

- Y eso que me falló lo más importante. Nunca había visto tirar un penalti ni a Jonatas ni a Torrejón. A Luis García, sí. Sabía que se lo iba a parar. Estaba seguro. Sabía dónde me lo iba a tirar. Cuando se acercaba a mí, pensé: 'Te lo voy a parar'. Cuando yo notaba esa sensación, no fallaba. Los otros dos fueron un compendio de intuición, momento de forma y confianza. Cuando se dirigían hacia mí, sin tener información previa, los analicé. Por ejemplo, Jonatas. Tenía mucha calidad. Entonces pensé que utilizaría el interior. Su golpeo natural, con derecha, era a mi izquierda. No había otra; con Torrejón, pensé que era defensa central, que era un momento delicado y que iba a asegurar... Esa capacidad de análisis me ayudó para acertar. 


Instante de la parada a Torrejón que dio la Copa de la UEFA al Sevilla FC

- ¿Como en Donetsk? 

- Cuando acababa los entrenamientos, me quedaba muchas veces a rematar centros de compañeros que se quedaban para practicarlos. Me gustaba experimentar la sensación de rematar en vez de parar. Por supuesto, no era una tarea de trabajo específica para mí, pero me gustaba. Quizá por eso rematé de forma tan certera. Cuando venía el balón hacia mí no me podía creer que me llegara. La pelota vino frontal y tuve que hacer el gesto para rematar a portería. Por suerte, salió perfecto. No podíamos caer de esa manera, éramos los vigentes campeones de la competición. Ese gol simbolizó, una vez más, la casta y el coraje que caracterizan al sevillismo.

"No podíamos caer de esa manera contra el Shakhtar. Éramos los vigentes campeones. Mi gol simbolizó, una vez más, la casta y el coraje que caracterizan al sevillismo"

- ¿Qué cualidades ves en Sergio Rico y David Soria? ¿Son dignos sucesores?

- Me parece que la característica más importante que reúnen ambos es su personalidad. Hay que recordar que tienen menos de veinticinco años, y no es fácil esa situación porque estamos hablando de un Sevilla FC con unas aspiraciones muy exigentes. Han sabido aguantar un ritmo de competición altísimo. Cierto es que todavía tienen mucho margen de mejora. Me consta que van a seguir creciendo por lo que hablo con Sergio Rico, al que conozco de entrenar con nosotros en mis últimos años en el club, y que, además, me ha pedido algún que otro consejo. En definitiva, les veo bastante completos en todas las facetas del juego, pero creo que con la humildad que irradian van a seguir creciendo aún más. Me siento orgulloso de ellos. La portería del Sevilla está muy bien defendida. No tengo dudas.

"Me parece que la característica más importante que reúnen Sergio Rico y David Soria es su personalidad. Me siento orgulloso de ellos"

- ¿Qué sensaciones te transmite este Sevilla FC?

- Es cierto que pensaba que el equipo iba a asimilar más pronto la idea de Berizzo, porque quizá el cambio radical de estilo se dio con Sampaoli y, al contrario de lo esperado, se asimiló rápido ese giro. En cuanto a resultados, creo que se han firmado buenos números dejando a un lado esa semana negra que vivió el equipo. Es verdad que al Sevilla FC le está costando encontrar las sensaciones, pero, sinceramente, estoy totalmente convencido de que este equipo, en el momento de que coja el punto a la idea del entrenador, va a ir a más. Seguro. Porque además me gusta mucho la idea de juego que pretende y propone Berizzo.

- Hablando de idea de juego, hay cierta parte del sevillismo que considera que el Sevilla FC debería regresar al estilo que proponía Juande Ramos...

- Mira, el año pasado pensé que esa idea de que el balón fuera para atrás tantas veces como fuera necesario no iba a encajar porque la gente se pondría nerviosa. Al sevillismo generalmente le gusta que el balón, una vez sale de la defensa, vaya para adelante sin retorno, pero me he dado cuenta de que al final el aficionado se adapta a cualquier propuesta si en ella va implícita los valores que se le presuponen al sevillismo: hambre, entrega... Si eres un equipo conformista, el sevillista se cabrea. El mejor ejemplo es la doble versión del Sevilla FC en el Camp Nou. El Sevilla FC puede caer, pero sin perder sus valores, como en la segunda parte de ese encuentro. Hay que incidir, más que en los resultados, en la actitud y en los valores, y darle continuidad a la idea de juego. A ver dónde nos lleva...

- ¿Entonces crees en Berizzo?

- A mí me gusta muchísimo porque es un entrenador que transmite humildad y trabajo. Tiene todo mi apoyo. A la larga nos daremos cuenta de que el Sevilla FC acertó al contratarle. Él sabe lo que significa este club y la exigencia que tiene este Sevilla FC. Lo sabe. Hay que apoyarle. Es un tipo con mucha experiencia en el fútbol. Ha sido internacional con Argentina. Hay que darle continuidad. Y, además, es un entrenador que sufre en la derrota, eso es importantísimo...

"Me gusta muchísimo Berizzo. Transmite humildad y trabajo. A la larga nos daremos cuenta de que el Sevilla FC acertó. Hay que darle continuidad. Sufre en la derrota, y eso es importantísimo..."

Carlos Sánchez 
twitter: @cmsanchezt


























miércoles, 18 de octubre de 2017

En las malas y en Moscú

sevillafc.es

Anoche costó conciliar el sueño. Como hacía mucho tiempo. Bien sabrán de qué hablo. De la humillación en el campo de batalla pasamos en segundos a un estado de desasosiego donde las preguntas se agolpaban, y las respuestas -como el alma del Sevilla FC- se desvanecían. Ninguna explicación colmaba ni calmaba nuestra galopante indigestión. Nos saquearon las entrañas en Moscú. Nos arrancaron el corazón en cinco bocados. Fuimos un equipo sin rostro tras la segunda puñalada, quizá porque nos dejamos nuestra identidad en Bilbao días antes. Olvídense de análisis tácticos. Cuando te tumban de forma tan hiriente, la cuestión va mucho más allá de un mero análisis futbolístico. Se trata de casta y coraje. Dos términos inherentes a nuestro escudo, que han sido profanados dos veces en una semana. 

Cerrar los ojos y mirar hacia delante como si nada hubiese pasado sería el mayor error. Quien olvida su historia está condenado a repetirla. Caer, levantarse y echar la vista atrás para aprender de los errores. Nada de pasar página, como predijo el maestro José Félix Machuca en la previa del partido de anoche. Tampoco es momento de fustigarnos. Las conclusiones, al final de temporada. Ahora es cuando realmente irrumpen los verdaderos equipos. Cuando emergen los vestuarios unidos. Resurgir de las cenizas es una obligación para un grupo que anoche pareció un armario de liquidación, sustentado por inercia y víctima de su propia cojera. Toca revisar el vídeo de anoche tantas veces como haga falta hasta entender que se puede perder, pero nunca tirando la dignidad por el camino. Ahora es cuando debemos mantenernos unidos. Equipo y afición. Cerrar filas. 

Como reza el dicho: "Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite". No todos tienen la suerte de llorar entre semana. Recuérdenlo. La de anoche ya es una de las páginas más sangrantes de la historia del Sevilla FC, pero, por todos es sabido que lo que no te mata te hace más fuerte, y, aunque desangelados y desorientados, remar en la misma dirección es la única opción. Hay margen de maniobra y materia prima como para pensar que solo se trata de una violenta marejada. Confiemos en Berizzo. Confiemos en quienes nos representan en el terreno de juego. Aunque anoche nos dejasen sin argumentos, ellos nos trajeron hasta aquí. Aprieten los dientes, Guardianes. Se avecinan olas de grandes dimensiones. Ahora más que nunca, Sevilla Fútbol Club. En las malas... y en Moscú.  Ustedes deciden. ¿Se quejan o se quedan?

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt

miércoles, 4 de octubre de 2017

Escudé: "En los minutos previos contra el Schalke 04, teníamos una sensación de invencibilidad que jamás volví a sentir"

sevilla530.com

Echen la vista atrás por un instante. Retrocedan en el tiempo hasta rememorar al que para muchos fue el mejor Sevilla FC de la historia. Aquel equipo que nos devolvió las primaveras y saldó la deuda con nuestros abuelos. Un conjunto de futbolistas con un hambre voraz, que sació nuestros agrietados corazones a golpe de títulos e innumerables noches para el recuerdo. Allí estaba Julien Escudé, el último en subirse, en enero de 2006, al barco que nos transportó a Eindhoven cuatro meses después. Ahora, involucrado de lleno en un proyecto hostelero familiar, nos abre las puertas del primer restaurante que abrió junto a su mujer en Madrid: SQD (calle Villanueva, 2), al que recientemente se ha sumado el BB Bistrot. Un tipo elegante en las distancias cortas, como cada vez que pisaba el césped del Sánchez-Pizjuán, que nos cuenta cómo fue su etapa en el Sevilla FC y cómo se enamoró de Sevilla para siempre.  

- Pregunta: - ¿Qué es más complicado, gestionar un restaurante o defender a algunos de los mejores delanteros del mundo?

- Respuesta: - Ambas cosas son complicadas. Encontrarte con los mejores delanteros del planeta conlleva un gran esfuerzo. Ahora, he comenzado una nueva vida en el mundo de la hostelería con mi mujer. Es también difícil hacerse un hueco. Se puede decir que antes trabajaba más las piernas y ahora el cerebro. 

- ¿Tenías claro cuando estabas en activo que querías apartarte del mundo del fútbol cuando te retiraras? 

- Cuando jugaba en el Stade Rennais, conocí a un amigo que llevaba varios restaurantes y me gustó bastante ese gremio. Más tarde, en Sevilla, conocí a mi actual mujer, que se dedicaba también a la hostelería. Solo vivimos una vida: en el fútbol logré mis objetivos, y quería compartir un proyecto en común con ella. 

- ¿Volverás al mundo del fútbol en el futuro?  

- Nunca cierro las puertas. Es mi pasión. Estoy muy cerca. Me he dedicado al fútbol toda mi vida, pero ahora mismo estoy muy ocupado en sacar adelante mi empresa. 

- En Sevilla son muchas las voces que comparan a Clément Lenglet con Julien Escudé. ¿Crees que realmente guarda similitudes contigo?

- Monchi siempre tuvo ojos en el mercado francés y quizá por el buen rendimiento que pude dar, buscó en Lenglet un perfil parecido al mío, que fuera complementario a los defensas que ya había en la plantilla. Evidentemente es muy parecido, sí. Central, zurdo, francés, con buena salida de balón... Juega muy bien y seguramente tenga mucha continuidad en el Sevilla FC.

- ¿Crees que tiene margen de crecimiento para llegar a ser un central de referencia en el fútbol europeo?

- Para él, después de venir de un equipo como el Nancy, llegar al Sevilla FC ya ha supuesto un paso muy importante para ser más grande en su carrera. Y está consiguiéndolo. Es titular, se lesiona poco y tiene una gran mentalidad competitiva. Reúne todos los requisitos para poder ser un referente en el futuro. 

"Lenglet reúne los requisitos para poder ser un referente en el futuro:
es titular, se lesiona poco y tiene una gran mentalidad competitiva"

- Para muchos sevillistas y expertos, el mejor Sevilla FC de la historia fue el de la 2006-07... ¿Qué tenía de especial aquel equipo? 

- Antes de todo, tengo que decir que el Sevilla FC nos dio la gloria a los jugadores. Nos otorgó fama y prestigio internacional a cada uno de nosotros. Era un equipo que proyectaba alegría en el campo, fuerza en ataque, potencia defensiva y contaba con sobrada calidad técnica. Por todo esto, ganamos tantos títulos en tan poco tiempo.  

- ¿Hubo algún secreto para tanto éxito?

- Fue un conjunto de muchas cosas. Es difícil de explicar. Primero, la visión de Monchi para fichar a una serie de jugadores que, a priori, podían complementarse. Todos jugadores con hambre de títulos. A eso se sumó una afición que tenía la expectativa de ver a su equipo algún día entre los grandes, y un buen entrenador como Juande Ramos, que logró sacar lo mejor de nosotros. Teníamos la sensación de que en el campo cada uno sabía bien su tarea. Nos respetábamos fuera y dentro del terreno de juego. Y luego la calidad de todos terminó por confeccionar un equipo potente. 

"¿El secreto de nuestro éxito? La visión de Monchi, jugadores con hambre de títulos, una afición con expectativas y un buen entrenador"

- Mójate sobre un debate muy latente en la Sevilla blanca y roja. ¿Cuál ha sido el mejor Sevilla FC? ¿El vuestro o el de Unai Emery?

- Unai Emery hizo algo excepcional: ganar tres Europa League consecutivas. Nosotros logramos dos, pero también otros títulos muy importantes como la Copa del Rey o Supercopas de España y de Europa. Los años pasan, los futbolistas son distintos... No me gusta comparar. Lo importante es que ambas etapas han quedado grabadas en la historia del Sevilla FC. 

- Faltó la guinda de aquella Liga... ¿Estás de acuerdo con quienes piensan que se perdió el título por el arbitraje contra el Mallorca en la penúltima jornada?

- No. Los actos dictan que todo se resuelve en los dos últimos partidos del campeonato, pero la realidad es que la Liga se juega desde la primera hasta la última jornada. Si hubiéramos hecho mejor las cosas quien sabe si hubiésemos llegado campeones a Mallorca, pero al final todo se aprieta y nos quedamos con lo último. Y no es así. Evidentemente, existió frustración porque éramos el Sevilla FC y eso lo hacía más difícil. Fue doloroso. Pero echar la culpa al arbitraje es injusto. Los partidos se ganan en el campo, durante noventa minutos. Son cosas de la vida.


"Culpar al arbitraje de Mallorca es injusto. Si hubiéramos hecho las cosas mejor, quien sabe si hubiésemos llegado como campeones a Mallorca"

- ¿Qué recuerdo guardas de Antonio Puerta?

- Era un tío alegre. Siempre estaba contento. Venía por la mañana a la Ciudad Deportiva cantando. Tenía la identidad propia del andaluz, sevillano y sevillista. Fue, evidentemente, el trago más doloroso para nosotros, que lo vivimos desde dentro. Y para todo el sevillismo. Me quedo con su imagen de juventud. De alegría.

- ¿Quién fue el mejor jugador con el que jugaste en el Sevilla FC?

- El que más me impactó fue Daniel Alves por su alegría en el campo. Un tipo muy competidor, con una gran calidad técnica y una enorme fuerza física. Era incansable. A la vista está la proyección que ha tenido. Cuando le veía junto a Jesús Navas me ponía en la piel de nuestros rivales y pensaba en el sufrimiento que pasarían para pararles. ¡Imagínate! ¡Eran dos bombas! Al igual que Adriano con Puerta... 

"Cuando veía a Daniel Alves junto a Jesús Navas, me ponía en la piel de nuestros rivales y pensaba en el sufrimiento que pasarían para pararles"

- Qué pareja formaste con Javi Navarro...

- Era increíble. Apenas teníamos relación fuera de nuestra profesión, pero en el campo nos entendíamos con solo mirarnos. Teníamos mucha química. Aprendí muchísimo de él. Era espectacular cómo movía a toda la defensa. Como hacía el fuera de juego. Dominaba todos los aspectos defensivos a la perfección.


- ¿Cuál fue tu mejor momento en el Sevilla FC?

- Sin duda, la semifinal contra el Schalke 04. Jugándonos una final. El estadio lleno... ¡Cuánto sufrimiento! Recuerdo a la gente llorando. Sabíamos que era nuestro momento. Y después del partido, cuando llegamos a la Feria, me preguntaba: "¿Dónde estoy? Estoy viviendo un sueño". ¡Habían pasado solo unos meses desde que llegué a Sevilla y no podía creer lo que me estaba pasando!


- ¿Qué recuerdas de los momentos previos a aquel encuentro?

- Los momentos de mayor tensión se viven antes de los partidos. Recuerdo que había una chispa especial. Todos unidos. Como toros. Palop gritaba desgañitándose. Nos sentíamos gladiadores. Escuchábamos a todo el estadio como una bombonera desde dentro del vestuario. Pensábamos: "Hoy nos dejamos aquí hasta la piel. No podemos perder". Teníamos una sensación de invencibilidad que nunca jamás volví a sentir.  

"Antes del partido contra el Schalke 04 había una chispa especial. Teníamos una sensación de invencibilidad que jamás volví a sentir"

- Y después llegó Eindhoven...

Fíjate. Unos meses atrás estaba en el Ajax, donde no jugaba, y cuatro meses después estaba disputando una final en casa de su eterno rival. Ganar de la forma que lo hicimos... Sinceramente, en aquella época no éramos conscientes de lo que habíamos hecho. También recuerdo como anécdota el follón que había en el vestuario a media hora de comenzar la final. Era increíble. No dejaba de entrar gente que no conocíamos de nada, y los brasileños, mientras tanto, haciendo un rondo. Eso nos generó una sensación de bienestar. Experimentamos una presión distinta.

- ¿Crees que el Sevilla FC puede llegar a ganar la Liga algún día?

- Es la lucha. Cada fin de semana es la Liga. Es la competición más difícil. Da la regularidad. Trabajas todo el año por y para la Liga. Luego hay otros factores necesarios como la unión y la chispa que tuvimos nosotros, que estuvimos a punto de ganarla. Ahora es más difícil. El Atlético también está ahí. Pero nunca se sabe. Si enganchas una buena dinámica, si respetan las lesiones, si todo el grupo está animado, si existen rotaciones... A mí me gusta este Sevilla FC. Tiene criterio. 

- ¿Te gusta esta plantilla entonces? ¿Crees que está compensada?

- Sí. Son jugadores con hambre. Y luego hay individualidades como Banega, la defensa me parece que es potente, un portero internacional... Tiene un buen conjunto. Creo que pueden hacer grandes cosas. En este comienzo de temporada estoy disfrutando viendo al equipo. Me gusta también N'Zonzi; tiene cosas de Keita. 

- ¿Añoras Sevilla? 

- Echo de menos mis paseos por el Paseo de Colón. El calor. La luz. La gente. Disfrutaba mucho de la ciudad. Sevilla marcó mi vida. Allí conseguí títulos, fui internacional y conocí a mi mujer. Después de vivir en Sevilla, supe que me quedaría en España porque, aunque ahora con mi proyecto hostelero estoy en Madrid, quería estar cerca de Sevilla. Quería quedarme con el recuerdo de ir a Sevilla para disfrutar de la vida, más que con el día a día del trabajo.


Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt