miércoles, 29 de marzo de 2017

Nico Olivera: "Me emocionaba como un niño cada vez que pisaba el Sánchez-Pizjuán"


Otoño de 2000. Suena Bob Marley en la megafonía del Ramón Sánchez-Pizjuán y ondean banderas de Jamaica en Gol Norte. Todos esperan al cuarto poder tras Roberto Alés, Monchi y Joaquín Caparrós. Ante ustedes... Nico Olivera, el gran artífice en el terreno de juego del último ascenso del Sevilla FC a Primera División. Ahora, 17 años después, estrena nuevo reto en su Uruguay natal como Asesor Deportivo e Institucional de Defensor Sporting, el club de su vida. Allí quiere importar el modelo de dirección deportiva que implantó su homólogo Monchi en Nervión. Ni olvida ni pretende hacerlo. Sevilla ocupa un rincón privilegiado en su corazón. Un tipo de '11', como el dorsal con el que siempre se le recordará en Sevilla.

- Pregunta: - En el verano de 2.000, el Sevilla FC estaba sumido en una gran crisis institucional y deportiva. ¿Cuál fue la clave para ascender aquella temporada?

- Todos sabíamos la historia del Sevilla FC. Habíamos descendido por un cúmulo de circunstancias y había que reconstruir nuevamente la mentalidad y la ilusión para devolver al Sevilla FC donde merecía estar. La clave primordial fue el grupo humano que hubo en ese vestuario. Fuimos a entrenar desde el primer día con la responsabilidad de que había que ascender. Y fue fundamental, por supuesto, Joaquín Caparrós, un motivador nato. Nos convenció de qué había que hacer en todo momento. Nos sentimos como una familia aquel año. 

- Roberto Alés, Monchi y Caparrós. ¿Qué aportaron cada uno?
 
- Roberto Alés era una persona encantadora. Tendrá todo mi respeto y mi agradecimiento de por vida. Me ayudó y me arropó siempre; Monchi es sevillista. Más que nadie. Aportó tranquilidad al equipo. Más que una plantilla, se preocupó de crear un grupo de buenas personas. Y Caparrós nos aportó conocimientos futbolísticos, pero, sobre todo, convencimiento. Nos enseñó a entrenar y a competir al máximo. Los tres se preocuparon de que viviéramos en un clima extraordinario. Fueron fundamentales para el crecimiento que ha experimentado el Club.

- ¿Quiénes eran los líderes del vestuario?

- Obviamente Pablo Alfaro y Prieto por el peso que tenían. Prieto era nuestro capitán y ejercía como líder. Nunca olvidaré el detalle que tuvo conmigo esa temporada. En un partido en el Sánchez-Pizjuán, en el descanso, me dijo: "Toma el brazalete. Eres el capitán del Sevilla FC". Me emocioné. Fue la primera vez que porté la cinta de capitán. Un orgullo más como sevillista.

"Prieto me dijo en el descanso de un partido en el Sánchez-Pizjuán: 'Toma el brazalete. Eres el capitán del Sevilla FC'. Me emocioné"

- ¿Cuál es tu mejor recuerdo como sevillista?

- Más allá del ascenso, me emocionaba como un niño cada vez que pisaba el Sánchez-Pizjuán y toda la grada coreaba mi nombre. Era una motivación extra. La gente me daba todo su cariño. Luego recuerdo varios partidos memorables como el 1-3 al Betis, en el que marqué dos goles y regalé una asistencia. O el gol contra el Atlético o el partido definitivo contra el Tenerife. Y mi primer hat-trick contra el Leganés. Pero me quedo con la comunión que mantuve con la gente durante toda mi estancia. Sevilla fue una experiencia única para mí.   

- ¿Qué significa el Sevilla FC para ti?  

- Mucho. Soy hincha desde pequeño de Defensor Sporting, pero el Sevilla FC es diferente. Me hizo valorar otras cuestiones en la vida. Me abrió la mente para experimentar otras cosas en un mundo diferente para mí. Lo valoro más que todo lo bueno o lo malo que me pasó deportivamente allí. Me decían que era un sevillano más. Sevilla siempre estará en mi corazón. Me encanta la ciudad. Su gente. Viví muchas navidades, hice muchos amigos fuera del fútbol. Me dio más de lo que podía imaginar. Desde el primer momento que aterricé en Sevilla, sentí que mi compromiso iba mucho más allá de lo meramente deportivo. 

"El Sevilla FC es diferente. Me hizo valorar otras cuestiones en la vida. Lo valoro más que todo lo bueno que me pasó deportivamente allí"

- ¿Y los Biris?

- Representan pasión, emoción, motivación y, obviamente, un sentimiento inigualable. Siempre mostraré mi respeto hacia ellos porque siempre me alentaron a mí y al equipo. Cuando les escuchaba o les miraba, me contagiaban. Era increíble. Quiero agradecerles todo el apoyo que me dieron. Nunca olvidaré aquel tifo con la bandera Rasta, los colores del Sevilla FC y Bob Marley en el centro. Pablo Alfaro se acercó a mí en una ocasión y me dijo: "Creo que no hace falta nada más para que te motives, ¿verdad?". Fue tremendamente emocionante. 

- ¿Qué opinión tienes de la situación actual que viven los Biris?

- Es un tema complejo y más viviéndolo desde la distancia. Siempre recordaré a los Biris con mucho cariño por todo lo que transmiten y le dan al Sevilla FC. Es un aporte más para los jugadores dentro de la cancha. Íbamos a otros campos y parecía que estábamos en casa. Jugábamos con doce jugadores siempre. Nos daban fuerza. Me entristece que a un estadio como el Sánchez-Pizjuán le falte el colorido de los Biris. Por supuesto, siempre con la bandera por delante del "No a la violencia". Es una cuestión muy profunda. Ojalá que Directiva y Biris vuelvan a encontrarse.

"Los Biris nos daban fuerza. Jugábamos con doce. Me entristece
que a un estadio como el Sánchez-Pizjuán le falte su colorido"

- ¿Qué ocurrió para que te marcharas del Sevilla FC?

- Que eligieron por mí. Confié en una serie de personas que me fallaron. Me quitaron la ilusión de poder seguir mi carrera en el Sevilla FC. Por dos veces. La primera cuando estando concentrado con Uruguay en el Mundial de Corea y Japón en 2002 decidieron unilateralmente que cambiara de aires y rechazaron la oferta de renovación que me presentó el Sevilla FC. Me ofrecían cuatro años más de contrato e incluso no quise escuchar hablar de un interés del Barcelona por mí. Y, cuando regresé a Sevilla, resultó que no tenía equipo, y firmé, a falta de una semana para el cierre del mercado, por el Valladolid. 

"Me quitaron la ilusión de poder seguir en el Sevilla FC. Por dos veces. Confié en una serie de personas que eligieron por mí"

- ¿Y qué pasó entonces?

- Que el Sevilla me planteó regresar un año después e imagínate... Recobré la ilusión, pero quienes me representaban decidieron rechazar otra vez al Sevilla FC, por segunda vez, y llegaron Darío Silva y Germán Hornos. Fue muy doloroso. Aún así, mi estancia en Valladolid fue bastante buena, y después me marché al Córdoba. Me convenció Francisco, centrocampista del Sevilla FC en aquella temporada 2000-01. Mi problema fue que quise ser agradecido con quienes me trajeron a Europa.




- ¿Sigues al Sevilla FC en la actualidad? 

Sí, claro. Por supuesto. He visto los partidos de Liga y los de Champions League. Y todas las finales de la Europa League. Siempre estoy en comunicación con gente de Sevilla y me informo por las distintas redes sociales. 

- ¿Qué opinión te merece Jorge Sampaoli?

- Entiendo que es un entrenador capaz. Además, el precedente de la selección de Chile le da autoridad. Además de otorgarle una identidad, la hizo campeona de América. Ahora en el Sevilla FC está intentando aplicar su idea. Los partidos que he podido ver me han parecido muy atractivos. Pero, en definitiva, importan los resultados. Ha hecho un buen trabajo hasta ahora, pero creo que necesita más tiempo para alcanzar el juego que pretende.

- ¿Crees que el bajón del Sevilla FC puede deberse a una cuestión de cansancio mental tras estar tanto tiempo a la estela de los dos grandes?

-  Claro que es una cuestión psicológica y mental. Ha habido mucha presión, había que minimizar al máximo los errores. De repente, el Sevilla FC generó una ilusión tremenda a sus aficionados por su trayectoria esta temporada. Y al mismo tiempo que se convenció, se exigió mucho más. Y cuando piensas que puedes alcanzar el éxito, puede llegar un bajón que es totalmente lógico y normal. Cuando uno gana siempre, tiene el nivel de concentración altísimo, pero cuando fallas... Ahí es cuando los Biris se echan de menos también. ¿Entiendes?

- ¿Ves al equipo capacitado para aguantar la tercera plaza?

- Pienso que el Sevilla FC va a tener que acostumbrarse a este nuevo panorama rápidamente. Hacer borrón y cuenta nueva. Empieza una nueva liga. Una liga diferente. Un mano a mano con el Atlético de Madrid. El Sevilla FC tiene que buscar el tercer puesto. Mantener la motivación y la concentración. Las circunstancias han llevado a este lugar y hay que volver a empezar. 

- ¿Cuál es el techo de este Sevilla FC?

Yo sueño y pienso que el Sevilla FC puede ganar una Liga algún día. Ha demostrado en todos estos años una personalidad y una identidad deportiva importantes hasta el punto de ser referente en el fútbol español. Entonces siempre va a tener esa inspiración de buscar nuevas competencias. Es una cuestión de tiempo y de planificación. Y también de momentos. Pero me gustaría ver a un Sevilla FC campeón de Liga como pudo hacerlo el Atlético de Madrid. 

"Sueño y pienso que el Sevilla FC puede ganar una Liga algún día.
Ha demostrado una gran personalidad en todos estos años"

- Y por último... ¿Algún mensaje para el sevillismo?

-  Agradecer al Club y a todos los sevillistas el cariño que me dieron. Me ayudaron a seguir formándome como persona. Y decirles que más allá del tiempo que pasó, el Sevilla FC está y estará siempre en mi corazón. El cariño sigue latente mutuamente. Soy un sevillano más en la distancia. Deseo lo mejor para el club y para su gente. Y, como tantos otros, repito que sueño ver campeón de Liga a este Sevilla FC. Un fuerte abrazo para todos los sevillistas... 

Carlos Sánchez
twitter: @cmsanchezt


A continuación, les adjunto el post homenaje que dediqué a Nico Olivera el día que puso punto y final a su estapa como futbolista:
http://sevilla530.blogspot.com.es/2016/12/nico-olivera-uno-de-los-nuestros.html


Agradecimientos: Roberto Torres (ayudante de producción).
 



lunes, 20 de marzo de 2017

Reconstruir o destruir

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Hay dos formas de afrontar cualquier bache en la vida: relamiéndose las heridas y siendo protagonista de un victimismo inusitado o, por el contrario, levantándose. Sin más. El sevillismo es especialista en confundir muchas veces los términos autoexigencia y autodestrucción. Dos conceptos que pueden acabar estrechamente ligados si se malinterpretan. Somos hijos de un Sevilla FC fuerte. Saneado. Sólido. Asentado en Primera y que en la última década nos ha hecho más felices que a todos nuestros padres y abuelos juntos a lo largo y ancho de sus vidas. Miren si somos unos privilegiados, que, a día de hoy, discutimos acaloradamente por eliminaciones en Champions League y derrotas contra equipos que se han convertido en rivales directos, y que duplican, triplican o cuadruplican nuestro presupuesto. Equipos a los que hemos plantado batalla durante siete meses. Codo con codo. ¿Cabe mayor orgullo? Y todavía osamos hablar de fracasos.

Llega una mala racha y pasamos de un extremo a otro indiscriminadamente. Una mala racha y todo son despropósitos. Por todas las partes. Y los primeros, nosotros mismos. Nos encanta alejarnos de la autocrítica. Volcar toda nuestra frustración en la inestabilidad social que vive el club, en los árbitros, en la prensa... Cualquier excusa es válida para mirar a todas partes menos adonde realmente nos necesitan: en el terreno de juego. Este cuerpo técnico y estos jugadores nos han regalado, probablemente, el mejor de los obsequios durante muchos meses: kilos y kilos de ilusión. Nos han hecho creer que es posible. Ahora o algún día. Nos han hecho salir a la calle con el pecho fuera de la camisa o de la blusa. ¿Cuántos de ustedes no se abrazaron a un desconocido en el gol de Jovetic al Real Madrid? Y, ahora, a las primeras de cambio, queremos echar al cuerpo técnico y a los jugadores a los leones. Es muy fácil. Que esté con el equipo quien quiera. Cada uno está en su derecho. Pero quien esté, que esté a muerte. 

El equipo sufre un bloqueo mental. Es evidente. Pero, ¿se han parado a pensar cuál puede ser el motivo? Competir por encima de las objetivos reales puede desgastar sobremanera. Seguir la estela de los más poderosos con menos recursos puede resultar agotador. Y este equipo lo ha hecho. Hasta la extenuación. Hasta que se ha quedado sin fuerzas. Y aun así, miren la clasificación... ¡Terceros en el parón de marzo! ¿Saben dónde estábamos a estas alturas en temporadas anteriores? Tengamos perspectiva. El descanso vendrá como agua de mayo, tanto para el equipo como para nosotros. Quizá es el momento de recapacitar, todos, de una vez, y pensar que aquí, o le damos toda nuestra fuerza al equipo o será muy complicado alcanzar el objetivo marcado. Debemos reflexionar nosotros primero. El equipo solo necesita desconectar estas dos semanas para reencontrarse. Entender que es descabellado pitar a los nuestros porque hagan un mal pase o un mal partido después de todo el margen de error que se han ganado por méritos propios. Quedan diez finales. Diez. Ni más ni menos. En nuestras gargantas está el aliento que necesita el Sevilla FC y en nuestro pecho un corazón que se ha levantado de envestidas casi mortales a lo largo de nuestra centenaria historia. Hay dos opciones: reconstruir o destruir. Ustedes eligen. Yo, no escucho y sigo.

twitter: @cmsanchezt


 

 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Bendito dolor, Sevilla FC

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Bendita la desgarradora realidad de caer eliminados en octavos de final de la Champions League. Bendita esa cruel sensación de perdernos una primavera entre cientas. Y bendito el dolor de tantos y tantos sevillistas que recordaron a sus abuelos cuando vieron tan cerca el sueño de volver a ver a su equipo donde el tiempo se detuvo hace 59 años. Duele mucho. Por supuesto. A horrores. Hoy es día de luto, de radio y televisiones apagadas. De buscar cualquier entretenimiento para olvidar de una vez el despiadado final de Leicester. ¿Pero tragedia...? Nunca. Nunca. Tenemos el cuerpo colmado de cicatrices. Más de mil veces nos hemos caído, y otras tantas nos hemos levantado. Esto es Sevilla, señores. Esto es el Sevilla FC. El dolor que podemos sentir en la actualidad son suaves caricias en comparación con aquellas puñaladas que nos asestó el fútbol décadas atrás.

Hemos visto al Sevilla FC en campos impracticables, en lugares que nunca debieron ocupar ni una sola página de nuestra historia. Y nunca nos sentimos avergonzados. Miramos con la cabeza muy alta a todos aquellos que quisieron ofendernos y que, a día de hoy, viven en penumbras. El pasado nunca justifica el presente en el fútbol, donde la memoria apenas tiene cabida, pero merece refrescarla en días como hoy. Ser del Sevilla FC es un sentimiento indescriptible. Más cuando se vive a tantos kilómetros de distancia. Uno es sevillista de corazón cuando, independientemente de cuál sea el resultado, se siente plenamente identificado con los más de 2.000 hinchas que ayer se despojaron de su tiempo y de muchísimo dinero para acompañar a los de 'colorao' a una guerra sin prebendas. Es simplemente amor a unos colores. Una forma de vida que pocos comprenden. 

Caímos derrotados, sí. Pero volveremos. Volveremos a desafiar a nuestro destino porque un día después aquí seguimos con nuestro nombre grabado para siempre en las paredes de Europa y con el escudo aún más grande si cabe brotando de nuestro pecho. Será complicado asimilar la desventura de anoche. Costará muchas preguntas sin respuestas, pero siempre nos quedará el sentimiento que compartimos. El que no entiende de rondas ni clasificaciones. Lo tuvimos ahí, en la yema de los dedos, pero a nosotros nadie nunca nos regaló nada. Por eso volveremos. Claro que volveremos. Porque este club y esta afición nunca se rinden. Miren atrás y revisen de dónde venimos. Nunca olviden aquellas noches que sí nos consumieron de verdadero dolor. Tengan Oviedo siempre presente. Porque fue en aquella ocasión cuando aprendimos a valorar nuestra realidad. Y a regresar más fuertes. 

twitter: @cmsanchezt 

  

miércoles, 8 de marzo de 2017

Una necesaria parada en la perspectiva

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El Sevilla FC es tercero en el Campeonato Nacional de Liga, a cuatro puntos del líder. Aventaja en siete puntos al cuarto clasificado, y en ocho al quinto -puesto de Europa League-. Y, además, se encuentra a escasos días de disputar la vuelta de unos octavos de final de la Champions League, la máxima competición continental de clubes. Son datos objetivos. Números. Hechos suficientemente considerables como para ser valorados en su justa medida. ¿Cuántos de vosotros hubieseis firmado en agosto encontrarnos en esta situación a estas alturas de la temporada? Reflexionemos. Abramos los ojos. Recordemos de dónde venimos. Quiénes somos. Permitidme que os hable desde un punto de vista más alejado de la realidad diaria del Sevilla FC. Desde mi perspectiva. La que solo ofrece la distancia. Concretamente a 530 km de mi gran pasión. 

Todos, absolutamente todos los equipos que compiten al más alto nivel sufren en algún momento de la temporada un deterioro del estado físico de la plantilla por la acumulación de minutos, y, paralelamente en el tiempo -o no-, un bache de juego que, normalmente, suele ir ligado a la obtención de unos resultados negativos. ¿Ha ocurrido esto exactamente en el Sevilla FC? Desde mi punto de vista, rotundamente no. Aquí en Madrid también han saltado las alarmas en algún momento con Real Madrid, Atlético de Madrid y Leganés, por ejemplo. Es una cuestión puramente cíclica. Es evidente que el equipo se encuentra fatigado, probablemente por la carga de partidos, pero dramatizar es ciertamente osado. Quizá nuestra propia autoexigencia, la de una afición heterogénea como pocas, nos ha vendado los ojos ante una realidad que hasta hace diez años era impensable. Hay indicios de cansancio, sí, pero, ¿qué esperábamos si estamos compitiendo por encima de nuestros objetivos marcados a principios de temporada?

Quizá seamos reacios a mirar hacia atrás solo por el miedo a darnos de bruces con la cruel realidad. A comparar. En los últimos tres años, por ejemplo, con Unai Emery, el entrenador más laureado a nivel internacional de nuestra centenaria historia, hemos sufrido bajones similares. Lógico y normal. Mención aparte merecerían etapas anteriores relativamente recientes... ¿La diferencia? Que las dificultades llegaron cuando luchábamos codo con codo por puestos de Europa League o, como premio mayor, por conseguir alcanzar la cuarta plaza -sin éxito, por cierto-. Y ahora estamos en una posición tremendamente privilegiada. Seamos conscientes. Nadie en plenas facultades pensaba en incomodar al Barcelona y al Real Madrid a estas alturas. Y sí. Ahí estamos. Con nuestro barco al rebufo de poderosos trasatlánticos. Sufrimos en Las Palmas, contra el Eibar, en el Benito Villamarín y qué decir contra el Athletic. Pero ganamos. Ahí reside la diferencia. Años atrás teníamos que estar imperiosos para lograr a regañadientes cada victoria. 

Nadie es capaz de mantener el mismo ritmo permanentemente. Es muy complicado. Ni siquiera Real Madrid y Barcelona, aunque sus presupuestos enmascaren en ocasiones sus crisis de juego. Nosotros seguimos ahí. A escasos metros de la cima. A muy poca distancia de un sueño improbable, que no imposible. Distingamos ambos términos. Y con el objetivo real de disputar un año más la Champions League más cerca que nunca. El problema del cansancio físico es coyuntural, y hasta cierto punto era esperado. Empatar en Vitoria fue un frenazo a nuestra ilusión, pero nunca debería suponernos un trauma ni nada por el estilo. Tengamos los pies en el suelo. Disfrutemos de una temporada histórica e insuflemos el aire que necesita y requiere un equipo que, al menos a mí, me hace tocar el cielo con la yema de los dedos en cada lance en el que pone todo su corazón en el césped. Soñemos. Pero siempre con perspectiva, claro...

twitter: @cmsanchezt

domingo, 26 de febrero de 2017

Vicente Iborra, siempre conmigo

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Para sentir algo como tuyo no es condición sine qua non haber nacido en el lugar que despertó ese afecto. Les aseguro que, como sevillista de adopción, entiendo perfectamente qué siente Vicente Iborra por el escudo del Sevilla FC. Cuando este sentimiento te abraza, estás perdido. Seas de donde seas. Da igual dónde naciste o dónde te criaste. El sevillismo se mama o se inocula. Indistintamente. Y es en las malas, cuando los tuyos están desorientados, cuando el camino está cargado de nubes, donde sale a relucir ese sentimiento de pertenencia. Me rindo a Vicente Iborra, señores. A mi capitán. A nuestro capitán. Con mayúsculas. Me rindo ante un tipo que hace ya tiempo dejó de ser un simple futbolista más de la plantilla para convertirse en el alma de un vestuario. De un club. De una afición. 

Descanso del derbi. El Sevilla FC pierde justamente tras una primera parte en la que es claramente inferior al Betis. El equipo está exhausto físicamente y agotado mentalmente después del partido contra el Leicester. Nada hace presagiar la remontada. Entonces emerge la figura de Vicente Iborra, suplente hasta ese momento. Primero en el vestuario, donde, junto a Nico Pareja, hace temblar los cimientos del Benito Villamarín y resucita el ánimo de un equipo que era incapaz de hallar el camino; más tarde, marcando el gol de la victoria. ¿Parece fácil dicho así, verdad? Créanme que el gran y verdadero mérito de Vicente Iborra fue levantar, una vez más, y ya son muchas, la cabeza de los suyos. Si volviera a nacer mil veces, sea donde fuere, le elegiría siempre conmigo. Siempre.

El Sevilla FC se planteó seriamente traspasar a Iborra este pasado verano. Estuvo a un paso de marcharse a Inglaterra. Fueron los pesos pesados del equipo quienes rogaron al club que no se fuera. ¿Ahora entienden el porqué, verdad? Parece que ha nacido en el mismo barrio de Nervión. Nunca olviden que Iborra defenderá este escudo y esta camiseta hasta el resto de sus días. Hasta el último. Tanto dentro del terreno de juego como fuera. Iborra siempre suma. Como titular, como suplente o en la grada. Nunca levanta la voz para pedir más protagonismo. A él le basta y le sobra con ser líder en la trastienda. Donde realmente se gestan los grupos y, con trabajo, los éxitos. Nacimos para dominar Sevilla, y así seguirá siendo al menos una temporada más, y todo gracias a un tipo que hace tiempo dejó de ser un futbolista más para ser uno de los nuestros. Al fin del mundo contigo, mi capitán.   

twitter: @cmsanchezt

domingo, 19 de febrero de 2017

Se avecina la primavera

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Sevilla es especial. Cuenta por primaveras sus años y por pétalos de azahar sus pasos. Sevilla late más fuerte cuando el invierno se marchita. Renace en abril y despierta miles de emociones concatenadas. Pero la primavera futbolística es diferente, señores. Hay que ganársela. Nunca llega por sí sola. Nadie regala nada. Es el premio a meses de sembrado, a días y noches de esfuerzo en el campo. Y el Sevilla FC está ante su enésima semana de recogida. Superar la eliminatoria contra el Leicester y vencer al Betis regalaría otra primavera teñida de blanco y rojo. Sí, una más. A la vista hay unos cuartos de final en plena Semana Santa y la posibilidad de plantarnos con más de cincuenta puntos a las puertas de marzo. Para que tal sueño se convierta en realidad, hay que salir victoriosos en los dos duelos que viviremos en los próximos siete días. Pero, sin embargo, las miradas parecen distraídas y los egos haciendo mella en nuestro firme caminar. 

El problema somos nosotros. Todos. Quién diría que queremos el bien del Sevilla FC algunas veces. Peleados como hermanos que se aman. Parece que la sinrazón ha vencido al corazón. Y cuando más unidos deberíamos estar, cuando por fin estamos a las puertas de hacernos mayores, nos empeñamos en ponerle zancadillas a nuestro destino. Aquí todos tienen parte de razón y parte de incomprensión. Como dos hermanos peleándose por una maldita herencia. La cuestión es que el escudo del Sevilla FC es indivisible. El Sevilla FC es de todos y cada uno de los sevillistas. Entendámoslo de una vez. Quien pretenda estar por encima se equivoca de lugar. Aquí nadie es más que nadie. Ni mejor ni peor. Diferentes. Somos una afición heterogénea, pero unida por un centenario sentimiento. Regresar a casa cabizbajos después de una victoria es más frustrante que perder cualquier final. Algo así nos sucedió a la gran mayoría tras acabar el partido contra el Eibar.

Esta semana se decide gran parte de la temporada. En juego, la llave hacia otra primavera de ensueño. Existen dos opciones: seguir divididos o anteponer el Sevilla FC al interés personal de cada uno. Cedamos, por favor. ¿Tan complicado es? Arreglemos un problema de convivencia que, más pronto que tarde, afectará sobremanera a los protagonistas en el terreno de juego. Sampaoli ya ha avisado en un par de ocasiones y parece que permanecemos ajenos a la incidencia que un conflicto de este calado causa en el rendimiento de los jugadores. Ya hemos vivido situaciones similares en el pasado y la relación causa-efecto fue nefasta para el devenir del Sevilla FC. Insisto, estamos a tiempo. Ayer ya es tarde para ponerse manos a la obra y solucionar este problema que afecta al patrimonio más importante que compartimos. El miércoles nos visita el actual campeón de la Premier. En nuestras manos está llevar al equipo en volandas o, por el contrario, entregarles sin oposición nuestra ansiada primavera. Recapacitemos.  



 

lunes, 6 de febrero de 2017

Recuperemos el Norte

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Amo al Sevilla FC. Y a los Biris. Nací en Madrid. Y soy periodista. Me enamoré del Sevilla FC a finales de los noventa. Todavía era menor de edad. La noche era gélida. Me encontraba pasando el fin de semana en un pueblo de Jaén, el lugar donde nació gran parte de mi familia paterna, y mi abuelo, la persona que me inculcó mi pasión incondicional por el fútbol, veía atento, como cada sábado, sin prestarle un ápice de atención a lo que sucedía a su alrededor, el partido que retransmitía Canal Sur en abierto. Era un Sevilla-Celta en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Nada más poner la vista en la televisión, una avalancha en Gol Norte despertó todos mis sentidos y volteó mi corazón. Nunca antes había sentido algo por el Sevilla FC. Nunca antes había sentido algo así. Y desde entonces mi vida cambió. Me emociono cada vez que viajo a ver al equipo por los diferentes rincones de España. Imaginaos cuando visito Sevilla. Cada vez que pongo un pie en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Cada vez que entono orgulloso junto a mi gente aquello de "Somos ultras del Sevilla...". 

Puede resultar extravagante, pero yo, personalmente, no cambio el ambiente que emana de la explanada de El Corte Inglés de Nervión en los días de partido o la cañita en la cervecería Europa por ningún título; no cambio por nada esa sensación indescriptible y atronadora cuando tiemblan los cimientos de todo un estadio al son de los Biris. Y, por supuesto, no cambio por nada el simple hecho de sentirme sevillista a tantos kilómetros de distancia. Me da la vida. Vendería el trocito de plata que me corresponde por seguir viviendo momentos inolvidables con los míos. Y los Biris lo son. Hablo de los que han pasado horas y horas en la sombra dibujando ilusiones, poniendo a punto la motocicleta de nuestro abuelo o regalando toda su solidaridad a quienes más lo necesitan. Hablo de quienes pasan más de sesenta horas en la carretera, de quienes nos levantan del asiento para alentar a los de 'colorao' cuando nuestros pulmones languidecen, de quienes convierten Nervión en una fiesta blanca y roja cada domingo. Hablo, única y exclusivamente, de quienes simplemente se dejan la garganta, como cualquier otro sevillista, para llevar en volandas a la pasión que nos une a todos los sevillistas; de quienes traspasaron su sangre generación a generación. De toda esa gente honrada y pacífica -la inmensa mayoría- que compone Biris, y, por ende, Gol Norte.

Pero, por desgracia, unos cuantos indeseables se han empeñado en ensuciar el nombre de un grupo, de una afición entera y de toda una ciudad. Sí, de toda una ciudad. Y lo hacen encubiertos bajo las siglas de un colectivo que cumple ya más de cuarenta años y que otrora siempre dio la cara. Respeto. Respeto para aquellos Biris con mayúsculas, padres de esos hijos que otra vez quieren ver campeón a papá, y que, generación tras generación, sembraron y siembran un sentimiento entre todos nosotros. Aquellos que merecen el respeto de todos. Porque el respeto cuesta cuarenta años ganárselo y un segundo perderlo. El sevillismo siempre ha estado y estará del lado de su gente. Pero con matices innegociables. Nada, absolutamente nada, justifica la violencia. Ni verbal ni física. Nadie en su sano juicio quiere violentos en el Ramón Sánchez Pizjuán. Ni fuera de él. Y seamos serios esta vez. Esto no viene de Madrid. Esta vez no. Basta ya de echar balones fuera. Sí, todos sabemos de sobra que hechos igual de deleznables han ocurrido a lo largo y ancho de nuestra geografía y han quedado impunes, pero, objetivamente, ¿justifican esos hechos lo injustificable? A mí me avergüenza. 

Es el momento de reflexionar. En esta historia sobran egos y faltan ingentes dosis de autocrítica. Sobra matar moscas a cañonazos por parte del Sevilla como club y condenar la violencia de forma rotunda y contundente por parte de los Biris. De los Biris de bien. Que los hay. Claro que los hay. La gran mayoría. Que nada ni nadie desvirtúe la realidad. Solo en ese supuesto recuperaremos el Norte. Siéntense ambas partes. Hablen. Dialoguen. Estamos a tiempo. Porque mientras el equipo solo mira al frente, nosotros estamos perdiendo demasiado tiempo en mirar hacia los costados. Creo en el 'sentimiento biri', en esa forma de entender la vida que pocos comprenden y que proclama el amor eterno a unos colores y se rebela ante las injusticias sociales. Creo en todos esos miembros de Biris que ocuparon un trocito de sus vidas en convertir Gol Norte en el cielo de todos y cada uno de los sevillistas. Creo, en definitiva, que Biris necesita regenerarse por dentro antes de que el virus interno haga que sea necesario extirpar de cuajo el pulmón de Nervión. Cuidemos entre todos del Sevilla FC, y evitemos de una vez por todas ponernos unos por encima de otros. Aquí somos todos igual de importantes. Perseguimos el mismo objetivo. El bien de lo que más amamos. Y recuerden por -y para- siempre: "La historia del Sevilla es limpia y diáfana, libre de toda mácula, llena de esfuerzos y sacrificios", Don Ramón Sánchez-Pizjuán.

twitter: @cmsanchezt